Monday 17 de June, 2024

COSTUMBRES | 09-06-2024 08:30

¿Por qué la moda se volvió inaccesible?

La ropa es el rubro que más aumentó, con precios exorbitantes, mucho más altos que en otros países. Las razones económicas detrás del fenómeno.

Hace un mes, Carolina compró un tapado en una reconocida cadena con presencia en el país. Lo pagó $ 450.000. Pocos días después, sus amigas le propusieron realizar un viaje de shopping a Chile, donde ahora los precios de la ropa son más convenientes para los argentinos. Entusiasmada con la propuesta, Carolina decidió investigar qué podía comprarse en sus marcas preferidas y, entre otras, ingresó a la web chilena de esta cadena. Descubrió que el mismo abrigo que había adquirido en Buenos Aires costaba exactamente la mitad en Santiago. Decidió devolverlo y comprarlo al mejor precio en su viaje.

Si para muestra basta un botón (y el refrán es especialmente válido cuando se habla de ropa), el caso de Carolina es un ejemplo perfecto de los desfasajes y desequilibrios que está viviendo la moda argentina hoy. En pos de entender qué nos hace tan caros y poco competitivos en materia de indumentaria, NOTICIAS habló con algunos referentes de la industria. A continuación, un intento de echar luz sobre las encrucijadas de la moda entre nosotros.

Moda

De impuestos y costos

“Está pasando algo muy interesante: incluso dentro de la misma marca, la ropa tiene un precio distinto de acuerdo al país en que se vende, gracias a los impuestos y a los costos de fabricación”, ilustra Vero Alfie, creadora de la marca homónima y especialista en tendencias, para explicar el caso anterior. Así, detalla que los impuestos que paga una prenda en Chile rondan apenas el 6%. En nuestro país, de acuerdo con datos de la Fundación Protejer, ese número alcanza un 50,3%. Y si esa prenda es importada, además es debe abonar el impuesto PAIS. “Estamos en un momento bisagra: tenemos todas las ganas de hacernos libres, pero a la vez tenemos todas las trabas que hacen que un país sea pesado y caro de mover: impuestos altísimos y poca competitividad”, razona Alfie.

Vero Alfie

Los datos de la Fundación Protejer se completan de un modo interesante: a ese 50,3% de impuestos se suma que el dato de que el 12,7% de una prenda está compuesto por el precio de alquileres, el 12,2% por el costo de los bancos, el 9% se lo lleva la logística y comunicación y el 8,5% el proceso industrial para fabricar la prenda. Solo el 4,8% responde a la rentabilidad de la marca, y un 2,5% final se invierte en publicidad y diseño. Es decir que un 75% del precio de una prenda se utiliza para el pago de impuestos, servicios financieros y alquileres.

Al mismo tiempo, Alfie marca una paradoja. Mientras en general los países suelen ofrecer barato aquello que producen en cantidad, en Argentina hasta esa materia prima es cara. La diseñadora lo adjudica, entre otras cosas, a la logística. Si bien esos costos han crecido en todo el mundo desde la pandemia, Argentina en especial se ha convertido en un país logísticamente caro, en el que cuesta muchísimo transportar la mercadería en nuestras grandes distancias.

Perchero

Consultada sobre la percepción de la gente, que se asombra e indigna con los precios en vidrieras, explica que del lado de los creadores hay muy poco por hacer para bajar la ecuación. “No es que estemos robando, esos son los precios que nos dan con lo que insume hacer una prenda. Por ejemplo, hoy coser un tapado sale $40.000, unos US$ 40. Y coser ese mismo tapado hace dos años podía costar US$ 20 o US$ 15”.

Otro punto que marca la experta son los costos laborales altos que tiene el país. “Si eso no cambia, no se van a generar puestos de trabajo”, vaticina. Desde la marca Ay Not Dead, Diego Romero, uno de los fundadores, apunta que el desafío de la industria en general es poder sostener la actividad y el nivel de empleo. “La nuestra es una industria de mano de obra muy intensiva, que genera mucho trabajo, con una participación muy importante de la mujer. Me preocupa el panorama social con la baja de la actividad. Creo que hay que buscar la forma de cuidar el empleo”, sostiene. Y si bien asegura que como marca son capaces de adaptarse al contexto, ve difícil la recomposición social frente a la amenaza de pérdida de trabajo.

Ay Not Dead

Ventas por el piso

A uno y otro lado del mostrador, en este contexto, nadie gana. Porque mientras los consumidores se quejan de los precios, las marcas y diseñadores tampoco están vendiendo nada. “La caída en unidades es significativa. El panorama es complicado, porque nuestro rubro es muy sensible a la merma del ingreso. Obviamente, imaginábamos un contexto recesivo y planificamos en base a eso, pero necesitamos que la actividad repunte”, pide Romero.

Alfie también se sincera en este punto. “Se retrajo muchísimo el consumo, no se está vendiendo nada, incluso ofreciendo hasta seis cuotas y sin cambiar los precios durante la temporada. Es que la ropa no está cara, está carísima. Peleo los precios con uñas y dientes porque pienso en el ingreso promedio y entiendo que no se puede comprar nada…”, describe. Pero anticipa que no cree que el cimbronazo sea tan fuerte en el verano, porque dadas las bajas ventas, los productores necesariamente tendrán que disminuir los precios si quieren repuntar un poco los números.

Moda

El precio actual del dólar, al que muchos en la industria califican de bajo y que permanece más o menos estable desde hace varios meses, ha dejado de resultar competitivo también para los turistas extranjeros, generando otra causa en la caída de las ventas. “Entiendo que el gobierno no va a trabajar en esto porque le generaría inflación, pero nos convendría un dólar un poco más alto”, apunta la diseñadora. Desde Ay Not Dead, Romero adhiere: “seguramente el mercado debe abrirse y ser más competitivo, pero con un tipo de cambio lógico y real que le permita a nuestra industria sostenerse”.

El mercado del lujo

También en el mundo de la alta costura se sufre la crisis. Según detalla el diseñador Javier Saiach, hoy es todo un desafío materializar las colecciones que sueña. En primer lugar, por la dificultad de conseguir mano de obra especializada. “Se está perdiendo la cultura de las modistas y las costureras. Es un trabajo que no resulta tan redituable para mucha gente, porque implica demasiadas horas, con terminaciones muy específicas y los más jóvenes ya no lo quieren hacer. Con el 'fast fashion', la costura se convirtió en un arte”, describe.

Javier Saiach

Por otro lado, le resulta cada vez más difícil conseguir materiales. Y si los encuentra, suelen hallarse en gran cantidad y para uso masivo, volviéndolos de difícil aplicación para el exclusivo mundo de la “haute couture”. “Mis colecciones están realizadas en un 70% por géneros hechos a mano para alta costura y con algunos más masivos para prêt-à-porter, pero hoy cuesta encontrar ambos. Y si se buscan en el mundo, deben pedirse en mucha cantidad y con meses de anticipación, lo cual complica la salida de las colecciones”, explica.

Según Saiach, a nuestra crisis se le suma el retroceso generado por la parálisis de China durante la pandemia, situación de la que el mundo aún no se ha recuperado. Así, hoy hay escasez de géneros blancos, de hilos para bordar y de determinados cierres o alfileres. Por ejemplo, encontrar una tela camisera para hacer una buena camisa de poplín se ha tornado una tarea imposible. Paradójicamente, a veces realizar una prenda más básica puede volverse más difícil que una de alta costura. “Se nos hace más complejo terminar algunos modelos o a veces incluso debemos resignarnos a no hacerlos y experimentar por otro lado. Y aunque siempre es bueno que te saquen de la comodidad, tenemos dificultades para realizar cosas básicas”, razona.

Moda

¿Qué le pediría al gobierno para mejorar las posibilidades de su actividad? “Me gustaría que la secretaría de Industria y Comercio apoye más la moda en Argentina”, responde Saiach. El diseñador sueña con volver a la época en que la semana de la moda local era vista por todo el mundo, con presencia de críticos y editores de revistas internacionales que llegaban para conocer y visitar a los nuevos talentos. “Hoy necesitamos plataformas de exposición donde haya embajadores de la moda, para que la gente comience de nuevo a mirar a una Argentina que siempre se distinguió por el buen gusto”, sintetiza.

Otros pedidos

Los colegas de marcas más masivas también tienen sus propios pedidos al gobierno. Para Vero Alfie, la prioridad es bajar impuestos y da como ejemplo a Paraguay, uno de los países latinoamericanos qué más está creciendo y que ostenta aranceles tentadoramente bajos.

Para Romero, el gobierno debería centrarse en encontrar formas para hacer que la industria local sea competitiva y así poder sostener el empleo, factor clave en el aspecto social. “La cámara está pidiendo que la industria, que es de mano de obra tan intensiva, no pague aportes patronales o se tomen a cambio del IVA, para así poder bajar el costo operativo y estar un poco más competitivos”, relata.

Los consumidores, por su parte, piden precios más racionales y que no por eso se resigne calidad. Por lo pronto, el panorama se presenta complejo. En palabras de Alfie, “queremos un cambio, pero estamos nadando en el medio del río, casi hundiéndonos”. Pareciera que es tiempo de bracear y resistir hasta que, al menos, sea posible ver la orilla.

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Vicky Guazzone di Passalacqua

Vicky Guazzone di Passalacqua

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