CULTURA | 06-05-2020 14:08

Cinco cuadros clásicos en detalle

La tecnología de Google aplicada a la colección del Museo de Bellas Artes permite un visión inédita de sus mejores obras. Cinco maestros.

Es una gloria poder ver las pinturas de Cándido López, Lía Gismondi, Ernesto de la Cárcova, Juana Romani y Eduardo Sivori entre las 65 obras de arte del patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), registradas con tecnología de realidad aumentada. Fueron tomadas con Art Camera para la plataforma Google Arts & Culture. Así, las imágenes se aprecian en una inédita definición, que permite al visitante virtual mirar con más detalle que en la percepción real; mirar como con una lupa cada escena, pincelada y grieta del lienzo, gesto y expresión de los protagonistas y de la naturaleza.

El Museo ya integraba la plataforma Google Arts & Culture, que subió en distintas etapas 321 imágenes del MNBA. Nacido en 2011, el proyecto del Instituto Cultural de Google ofrece vistas de obras digitalizadas y recorridos virtuales por las salas en las que se encuentran. Reúne actualmente 2.000 socios en 80 países, incluyendo los porteños Museo Moderno y MACBA. Por su parte, MNBA posee una muy buena colección digital y cuenta con más de 2.500 obras accesibles, en buena resolución y con ficha técnica (www.bellasartes.gob.ar/coleccion/); alrededor de 50 están acompañadas por audio. Y, aunque es muy genial pasear por las obras del Museo de manera remota, nada reemplaza la presencia del espectador ante la obra (cuando sea posible).

Cinco pinturas. Aquí, entonces, la obra de tres artistas muy difundidos y de dos artistas mujeres por descubrir, de quienes vale la pena desentrañar los recovecos.

Los trabajos de Cándido López (Buenos Aires, 1840-1902) con sus decenas de protagonistas y descripciones pormenorizadas se benefician enormemente de esta nueva visión, como “Vista interior de Curuzú mirado de aguas arriba (norte a sur)”, 1891. Pintor y fotógrafo, el artista participó como soldado voluntario; perdió su mano derecha en una explosión. López reeducó su mano izquierda y, con los croquis y apuntes plasmados en una libreta antes de la amputación de su antebrazo, realizó 50 pinturas que documentan la triste Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) contra Paraguay. Testigo privilegiado, el artista es celebrado por su originalidad artística y por sus vistas panorámicas ejecutadas desde una elevada perspectiva, que revelan acciones simultáneas y precisas referencias.

Lía Gismondi (Buenos Aires, 1871-1953) fue la primera artista argentina que realizó una muestra individual en el país, exhibió su obra en 1907 en galería Witcomb, de la calle Florida. La pintura posimpresionista “Oropa”, 1911, es una minuciosa y poética vista de picos y laderas del Piamonte. El pequeño óleo con pinceladas rápidas pero densas, de distintos tonos de verdes y con un atardecer poblado de nubes, refleja la zona de Biella -quizá la tierra de sus ancestros- donde está el Santuario de Oropa dedicado a la Virgen Negra. Formada en Italia, se dedicó principalmente al paisaje local y europeo. Reconocida por la crítica, participó en varias individuales y en colectivas, como la Exposición Internacional del Centenario de 1910, en Plaza San Martín.

La contenida furia e impotencia del hombre se ve mejor con el novedoso registro. “Sin pan y sin trabajo”, 1894, de Ernesto de la Cárcova (Buenos Aires, 1866-1927) muestra a un desempleado, con el puño cerrado, que mira a través de la ventana cómo unos obreros son golpeados por la policía. La pintura se completa con una mesa vacía con herramientas ociosas y una demacrada mujer alimentando a su hijo. Los tonos bajos y la iluminación a contraluz subrayan el amargo escenario de la pintura, iniciada en Roma en 1892. La obra posee tal contemporaneidad que es apropiada repetidamente por otros artistas. De la Cárcova fue el primer director de la Academia Superior de Bellas Artes de la Nación y es quien diseñó en 1921 el “escudo heráldico” del logotipo de la Universidad de Buenos Aires.

“Joven oriental” (c. 1888-1895), el óleo sobre tabla de Juana Romani (Velletri, Italia, 1869-París, Francia, 1924) sugiere un enigmático erotismo y, desde su título, se inclina hacia el exotismo. La representación tiene aires de la tradición orientalista que adoptaron muchos creadores occidentales, atraídos por las fantasías suscitadas por la cultura oriental. El audaz autorretrato de la artista autodidacta, que fue modelo de varios pintores y amante de Ferdinand Roybet con quien también estudió, expone los senos en una acción precoz; no muchas artistas mujeres se dedicaban al género del desnudo a fines del siglo XIX. La cabellera oscura enmarca un rostro con rasgos armónicos en el que sobresale la mirada desafiante de la mujer. ¿Es una atractiva pupila de un burdel, dispuesta a resistir?

Le lever de la bonne” (El despertar de la criada), 1887, de Eduardo Sívori (Buenos Aires, 1847-1918) fue presentada por primera vez en 1887 en el Salón de París. La crítica parisina la recibió de manera dispar, pero fue un triunfo que se haya ocupado de ella. Es un desnudo naturalista de una trabajadora, figura que habitualmente no tenía visibilidad (no sólo pictórica), descripta con detalles físicos nada glamorosos. En su modesto cuarto y con los pechos iluminados por la escasa luz matinal, ella se encuentra en un momento de tranquilidad y a punto de vestirse, está concentrada acomodando una media. Su donación a la Sociedad Estímulo de Bellas Artes -de la que fuera gran impulsor en 1876 junto a su hermano Alejandro- fue aceptada, pero no exhibida de inmediato ya que la prensa la promovía como un “escándalo”; ¿cómo, la empleada doméstica es la protagonista?

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Victoria Verlichak

Victoria Verlichak

Crítica de arte.

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