Domingo 22 de mayo, 2022

CULTURA | 05-07-2021 20:42

Los últimos días de Gabriel García Márquez

En el libro “Gabo y Mercedes: Una despedida”, Rodrigo García, hijo del escritor; escribe una crónica detallada de los días finales en la vida de sus padres. Galería de imágenes.

“Escribir sobre la muerte de un ser querido debe ser casi tan antiguo como la escritura misma, y sin embargo, cuando me dispongo a hacerlo, instantáneamente se me hace un nudo en la garganta”. El autor de estas palabras es Rodrigo García, y el texto en el cual las escribe se titula “Gabo y Mercedes: Una despedida”, la memoria de los últimos días de vida de sus padres, Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha, editada recientemente por el sello Literatura Random House.

Rodrigo García

Siete años después de la muerte de Gabo y a meses del fallecimiento de su madre, el hijo mayor del escritor se atreve por fin a publicar el texto que, a modo de crónica sobria y descriptiva, narra paso a paso la convalecencia de sus padres y la noticia de su final.

Director de cine y de televisión, García se plantea en el libro si es necesario o no, dar a conocer este texto: “sé muy bien que cualquier cosa que escriba sobre sus últimos días puede llegar a publicarse fácilmente, sin importar su calidad. En el fondo sé que voy a escribir y a mostrar estos recuerdos de una forma u otra”.

La literatura del duelo, y dentro de ella, los libros que se consagran a la despedida de los padres, constituyen un género en sí mismo que se ha fortalecido con el auge de la llamada “literatura del yo”. Desde la novela del noruego Karl Ove Knausgård, “La muerte del padre”; hasta las memorias de Richard Ford en “Entre ellos” o la conmovedora crónica “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince o el ya clásico “Patrimonio” de Philip Roth, estos libros recorren la sorpresa, el abismo y el homenaje, en uno de los momentos más inolvidables de nuestras vidas: aquel en que asistimos al misterio de la desaparición de los que creíamos eternos.

“La imagen del cuerpo de mi padre entrando al horno crematorio es alucinante y anestésica. Es a la vez grávida y sin sentido. Lo único que puedo sentir con algo de certeza en ese momento es que él no está allí en absoluto. Sigue siendo la imagen más indescifrable de mi vida”, dice Rodrigo García.

En estas memorias honestas y escuetas, sin brillo literario; la despedida se entrecruza también con las cuentas pendientes de una relación en la que, la fama universal de Gabo, fue una presencia más en la familia. En el libro, García confiesa que cree que eligió el cine y vivir en California porque su padre no hablaba inglés y allí nadie lo reconocía por la calle.

 

Recordar a García Márquez

 

“Su secretaria me cuenta que una tarde lo encontró solo, de pie en medio del jardín, mirando a la distancia, perdido en sus pensamientos.

-¿Qué hace aquí afuera, Don Gabriel?

-Llorar.

-¿Llorar? Usted no está llorando.

-Sí lloro pero sin lágrimas. ¿No te das cuenta de que tengo la cabeza vuelta mierda?”.

Las anécdotas surcan el libro así como también las intimidades de un final que en su momento dio mucho que hablar. Entre otras cosas, la pérdida feroz de la memoria en los últimos años del escritor, una dolencia que le impidió por completo escribir y que fue objeto de rumores y versiones.

El paso a paso de un final poblado de médicos, enfermeras, camillas y aparatos; se parece al relato de cualquier hijo que haya asistido a la agonía de sus padres. La diferencia es que en el caso de García Márquez los medios fueron invitados perpetuos en las puertas de su casa y su velatorio reunió a dos presidentes, multitud de fanáticos y hasta bandas colombianas de vallenato.

En cuando a Mercedes, su final fue más silencioso y solitario, aquejada de problemas pulmonares por su hábito de fumar. “Mis sentimientos por mi madre son ahora, para mi sorpresa, completamente sencillos”, confiesa García.

Gabo y Mercedes

Si el fin de nuestros padres nos convierte definitivamente en adultos (no importa la edad en que suceda), también hace tambalear nuestras certezas sobre el mundo. “Es como mirar a través de un telescopio una noche y ya no encontrar un planeta que siempre estuvo allí”, define Rodrigo García.

 

 

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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