Domingo 25 de febrero, 2024

ECONOMíA | 09-11-2023 06:26

Perspectivas 2024: esperando otro ciclo

La sequía quedó atrás y en la próxima campaña volverá la normalidad al sector externo, aunque se generó deuda con importadores.

Difícilmente los actores de la economía argentina volverán a olvidar lo que ocurrió en 2023. Y esta vez no por avatares del destino político o un sinfín de malas políticas económicas, una vieja tradición argentina. Lo que ocurrió fue que esta vez el azar climático determinó que tocara una sequía para coronar tres años de inclemencias bajo el paraguas de la corriente de la Niña que vino erosionando la producción agrícola y terminó con una sequía récord para vastas áreas de la zona núcleo. Conclusión: una merma estimada por el economista Esteban Domecq, presidente de Invecq, de hasta US$22.000 millones con respecto a los saldos exportables de 2022.

Esto también ponen sobre la mesa un tema esquivo a la hora de pensar estratégicamente el desarrollo argentino: si el rol de toda la cadena productiva del sector agropecuario es tan decisivo para el resto de la economía, qué requisitos deben cumplir las decisiones en materia de policía económica. Que un año con mal termine hipotecando al resto del país implica que no existen fusibles en el resto de las variables. Algo que un buen año puede hacer perder de vista pero que no se debería olvidar.

Perspectivas. Las proyecciones para el año próximo cruzan, en primer lugar, por las esperanzas puestas en que la próxima campaña pueda recobrar su volumen habitual. Sin ser optimista irracional, todo apunta a que nunca será peor o igual. Por ejemplo, la falta de humedad conspiró para la siembra del trigo y el girasol, lo que traerá una producción menor que el promedio histórico en muchas localidades. También podría jugar en contra la caída de los precios internacionales: US$495 para la soja en Chicago, un 15% que hace seis meses, por lo que, aun recobrando el área sembrada histórica, no se podría alcanzar el récord de 2022. En Rosario, mientras tanto la misma tonelada se cotizaba en $181.000 (US$210 al valor CCL), dejando en evidencia los otros lastres que aqueja a la producción: la brecha cambiaria y las retenciones.

Las perspectivas para el sector agropecuario son claves. En el Ag Barometer, relevamiento que mide la confianza de los productores y que realiza el Centro de Agronegocios de la Universidad Austral en Rosario, se aprecia un salto en las expectativas a largo plazo -más de un año- pero mucho más moderado en el corto plazo. Dante Romano, profesor e investigador del instituto, explica que cada dos meses se encuestan unos 200 productores, estratificados, y repartidos en zonas y actividades en proporciones similares a la del censo, se les formulan preguntas y con las respuestas se construye un índice, con base 100 (indiferencia), más de 100 (optimismo) y menos (pesimismo). “Las condiciones futuras hacen referencia a más de un año, y allí notamos un cambio de humor notable positivo, en contraste con una situación compleja durante gran parte de este año. Está marcando claramente un cambio de ánimo del lado del productor que creo tiene que ver fundamentalmente con la expectativa de una mejor cosecha gruesa”, apunta.

Futuro. El especialista Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, arriesga que el total de exportaciones trepará en 2024 a US$85.000 millones, dejando un saldo exportable de US$10.000 millones. “Es muy difícil hacer un pronóstico exacto porque hay todavía muchas variables que pueden cambiar, además de la climática, un escenario internacional volátil y otras locales, como las definiciones de política económica: tipo de cambio, apertura comercial y endeudamiento”, subraya. Al respecto, destaca que los precios promedio de todas las exportaciones argentinas están 12% por debajo de las de 2022. También indica otra incógnita que vino creciendo: la balanza comercial de los servicios, que habitualmente “se comió” el superávit de la de bienes, también con fuertes retrasos en el pago de regalías y dividendos pisados por la escasez de divisas.

Al respecto, Sebastián Menescaldi, director asociado de Eco Go Consultores afirma que estiman un superávit de US$14.700 millones entre la recomposición del agro (+US$4.000 millones), la mejora de otras exportaciones (+US$6.000 millones) entre las que sobresale las de energía (+US$4.000 millones) y la baja en las importaciones (-US$12.000 millones). “Sin acceso al crédito público externo, topeado el endeudamiento comercial privado y con pocas chances de impulsar la inversión extranjera directa (IED), la única forma de generar dólares suficientes considerando la suba de las exportaciones y los vencimientos de deuda en 2024, va a ser bajar las importaciones que probablemente bajen del nivel actual que está excedido por la brecha y acumulación de stocks de las empresas a modo de cobertura”, advierte.

Precisamente, el otro tema que podrá afectar el número del balance comercial del año próximo es el arrastre de una deuda que terminará afectando las importaciones del año que viene. El economista Salvador Vitelli, jefe de Research de Romano Group, proyecta que para fin de año se habrán acumulado impagos con casas matrices y otros importadores por US$54.000 millones debido a los diferentes “cepos” comerciales y financieros que trasladaron al sector privado la carga de endeudarse vista la incapacidad del Estado nacional para hacerlo. La excepción fue lo conseguido en yuanes que se utilizó para pagar el FMI la última cuota o para financiar importaciones de nuestro principal cliente comercial, China. Es decir, quedaría supeditada a la negociación con cada acreedor la obtención de divisas que, nuevamente, podrán escasear aún con otras perspectivas de la economía.

Por último, todos estos movimientos deberán armonizarse con un tipo de cambio que sigue siendo una incógnita. Al dólar oficial de $350 le dieron un suplemento con el permiso de liquidar hasta el 30% de cada exportación por el mercado financiero (CCL), con lo cual se produjo, de hecho, una mejora del 40%. Una alternativa para después del balotaje y con un resultado positivo para el ministro, es que se vaya cambiando dicho “mix” hasta conseguir un valor que al menos haya recogido la inflación de este año. Un paso previo al desdoblamiento formal del mercado de cambios teniendo como objetivo el de unificarlo más adelante.

En definitiva, un rompecabezas para armar que seguramente estará en el centro de la escena en la transición entre este mandato y el próximo porque condicionará toda la política económica que se quiera implementar el año que viene y esto, a su vez, también incidirá en un ida y vuelta interminable con el balance externo. Eso, siempre y cuando, no aparezca ningún otro “cisne negro” en el escenario internacional y el clima, al menos, no ponga el palo en la rueda nuevamente.

 

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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