Jueves 16 de julio, 2020

ECONOMíA | 29-04-2020 14:42

Política económica a ciegas, entre prudencia y críticas internas

No hay manual de economía para una crisis como la actual. Pruebas y errores. Heterodoxia y precauciones. Reproches intramuros.

“Esto es prueba y error, pero con la responsabilidad de la cosa pública. Somos los herederos de los superávits gemelos de Néstor (Kirchner)”, se confiesa uno de los integrantes del equipo económico de Alberto Fernández ante la crisis del coronavirus. Aunque algún analista suponga que se sienten a sus anchas en tiempos en que en el mundo los estados ganan protagonismo y aplican medidas fuera de la caja de herramientas ortodoxas, los economistas que rodean al Presidente son de los más prudentes entre los heterodoxos.

Entre todos fueron gestando las medidas anunciadas el pasado día 20 para subsidiar el 50% de los sueldos privados, con un tope de $ 33.395, y financiar al 0% a monotributistas y autónomos, pero terminaron decidiéndose por presión de Fernández. Ahora falta la implementación, que ya ha mostrado fallas en esta crisis. Hasta el nuevo paquete de ayudas llovían las críticas por lo bajo desde las huestes de Cristina Kirchner. También desde las de Sergio Massa. En esos reductos del Congreso observaban un equipo económico paralizado, sin vuelo político, sin experiencia en la administración pública. Esta última crítica apuntaba sobre todo contra el ministro de Economía, Martín Guzmán, más ocupado por el inicio del canje de deuda que por el timón de la crisis: “Vino un joven de una universidad de pasto bien cortado y con la laptop a negociar con (Hugo) Moyano”. La subestimación de Guzmán se contrapone con la sobreestimación de antecesores suyos más curtidos pero finalmente fracasados.

La mayoría de los reproches de oficialistas y empresarios recaían además sobre el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, y el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, por la demora en la instrumentación del salvataje a compañías. Críticas de los que venían zafando el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y la jefa de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont. Ha habido tensiones entre Kulfas y Pesce por la efectivización de los créditos del 24% para que las pymes paguen salarios. También otras entre el ministro de Desarrollo Productivo, su secretario de Energía, Sergio Lanziani, y el interventor del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), el cristinista Federico Bernal. Pero más allá de algunos roces, es un gabinete económico bien coordinado, con un Kulfas que presiona más porque están en contacto con los actores de la economía real pero sin olvidar las restricciones presupuestarias y un Guzmán que cuida la caja pero terminó siendo quien estuvo más a favor de que el Estado actúe, incluso más osado que su par de Desarrollo Productivo, Marcó del Pont o la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco.

Fernández les reclama celeridad en la aplicación de las políticas, pero suele decir que él suple la falta de experiencia de algunos de sus colaboradores. Pero más allá de la implementación, también había reproches internos sobre qué se implementaba. “No hay ideas, falta gente creativa”, disparaban. “Tenés gente sin volumen para esta crisis. No hay que esperar a que todo explote y emitir (moneda) después. Hay que agarrar al paciente en la terapia intensiva, no en la morgue. Los problemas se van a ir precipitando, la pandemia subirá y la gente sin guita cambia de ánimo, encima de estar encerrada”, presionaban en el Frente de Todos, donde advierten que la buena imagen del Presidente puede revertirse.

En el corazón del equipo económico cuentan otra historia: “Estábamos aplicando medidas para una cuarentena más breve, pero desde que se extendió craneamos otras nuevas. No se puede prolongar la cuarentena sin pagar la paz social”. La extensión del confinamiento al próximo día 26 impactó en las empresas sin ingreso, tanto en su capital como en sus costos. “Es una crisis sin precedentes en la oferta, la demanda, lo fiscal, lo mundial. Ahora hay que proteger tres frentes: el financiero, el tributario y el salarial –explican en el Ejecutivo–. En lo financiero tenemos que dar liquidez para que la banca privada preste. Que el Estado argentino pague el 100% de los salarios privados, como hacen algunos países ricos, es imposible, pero podemos pagar el 50%”, reivindican mientras avalan los ajustes de sueldos que pactan ciertos sectores económicos con los sindicatos.

La heterodoxia suele proponer que las crisis se solucionen con impulso a la demanda, como sugirió John Maynard Keynes y aplicó Estados Unidos ante la Gran Depresión (1929-1939). Pero en la hecatombe actual, la mayor desde aquella, no sirve impulsar el consumo porque la gente está en su casa. Se necesitan otras ideas. En el Gobierno prevén que la población mayor de 60 años deberá permanecer en cuarentena por más tiempo que el resto y eso afectará la demanda. El turismo será de los últimos sectores en reabrirse, pero podría rebotar. También anticipan cambios estructurales en el comercio, ahora que crece el electrónico en detrimento de los locales, y reorganizaciones del mapa empresarial, no por efecto de estatizaciones –de momento ni se piensan– sino porque las compañías sustentadas solo con apoyo estatal afrontarán dificultades para volver a arrancar. “En el mediano plazo vamos a tener un mercado más chico”, anticipan. “Estamos en un proceso de dejar atrás los viejos ojos con los que veíamos la economía. A gran velocidad hay que comprender el nuevo entorno. Estábamos muy seteados sobre la responsabilidad fiscal, pero hoy es ridícula”, se confiesan en el equipo económico que coordina el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Los salarios privados se pagarán con emisión monetaria y a Pesce no le preocupa su impacto en la inflación. “Se está emitiendo para mantener un consumo en el mínimo y es lo mismo que se hace en todo el mundo. Cuando se salga de la emergencia, vendrá otra etapa”, prevén en el Central.

Otro funcionario del área se confiesa: “Como sociedad estamos aprendiendo a convivir con un cierre del sector económico y del Estado mismo. Tenemos muchos frentes abiertos: caída de la actividad económica, de la recaudación, compensaciones a las estructuras económica, social, sanitaria. Tenemos un agujero fiscal importante, pero el Gobierno lo va a cabalgar. Está el impuesto a los ricos porque de esto se sale con política fiscal, no solo con emisión monetaria. Tenemos el foco de la deuda y por eso hace la oferta a los acreedores. Ahora vino más demanda de subsidios y créditos. Al principio se habían ofrecido créditos y no todos subsidios para ser menos gravosos para la sociedad. Se bajó la tasa, pero puede bajar más. Nos putean por izquierda por las tasas, pero los bancos ahora no están ganando, a ellos les conviene hoy que sus clientes no desaparezcan”. Aclara que tampoco están enamorados de la cuarentena: “Con los días se va a ir relajando. Hay mucha presión de la actividad económica, sobre todo la comercial. Si la capital y el conurbano tienen muchos casos, va a quedar la cuarentena solo en esas zonas. Pero todos tienen mucho miedo de que acá se repita lo de Estados Unidos, España o Italia”. La recuperación económica también dependerá de la demanda mundial por los productos argentinos.

Como telón de fondo ha comenzado lo que se suponía que iba a ser el principal desafío económico del inicio del gobierno de Fernández: el canje de deuda. Los tenedores de bonos de legislación extranjera tienen tiempo hasta el 8 de mayo para aceptarlo. Por ahora tres grupos de acreedores lo rechazaron, mientras Guzmán ha dicho que la Argentina no puede ofrecerlas más. Sin embargo, en la Casa Rosada y en el Ministerio de Economía admiten que, aunque “el trazo grueso de la oferta ya está hecho y el país no puede comprometerse a otra cosa, hay cuestiones en el margen” que podrían engrosar la propuesta. Hay que ver si el Gobierno ofrece más antes del 8 o después, en caso de extender el canje hasta el 22, día en que el país puede entrar en default si fracasa el trueque.

 

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Alejandro Rebossio

Alejandro Rebossio

Editor de Economía y columnista económico de Radio Perfil.

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