ECONOMíA | 27-11-2020 13:44

Los desafíos que deberá enfrentar la economía argentina

Apostando al fin de la pandemia, la situación económica de la Argentina fue una de las más castigadas. ¿Cómo volver a empezar?

Durante ocho meses, al menos, la economía argentina sufrió una caída en casi todos sus indicadores, solo comparable con aquellas crisis originadas por fuertes cambios externos que ajustaron sus variables de la peor manera: de golpe y sin red de contención. Cuando el lunes 9 de noviembre se inició el ciclo de anuncios de los grandes laboratorios sobre sus vacunas, el mundo reanudó su movimiento.

Las primeras noticias, paradójicamente, de que algo realmente cambiaría fue el desplome de las acciones de los grandes ganadores de la pandemia: las empresas de tecnología y, especialmente, un ícono del encierro hogareño: Zoom.  En la bolsa, la primera llegó a alcanzar un pico de 568 US$ para caer casi un tercio en su cotización a partir de los rumores sobre la inminente aplicación de vacunas. Una derrota con sabor a triunfo, que muestra que volver a la normalidad no implica retroceder un año como si nada hubiera pasado.

Si sólo fuera volver atrás el calendario y festejar este año nuevo como un nuevo 2020, la economía argentina, de todos modos, tendría infinidad de desafíos por delante que la pandemia sólo logró desnudar y potenciar, pero de ninguna manera archivar. En la recta final del año, la hora de los balances y promesas para 2021, muestra una serie de flancos en que el Gobierno deberá tomar partido, decidir antes que “los mercados” lo hagan por su cuenta y de la peor manera.

1. Presupuesto. La visita de la misión de los técnicos del FMI esta semana, puso nuevamente al Presupuesto 2021 en el ojo de la tormenta. La ley de leyes tiene media sanción de Diputados y dictamen favorable en Senadores donde la coalición gobernante tiene amplio margen para aprobarlo. Pero, las críticas por aspectos que se consideraban poco realistas (como la inflación proyectada) u otros muy laxos (como el déficit proyectado de 4,5% del PBI sin financiamiento a la vista) seguramente lo pondrán bajo la lupa de los economistas del Fondo.

2.Deuda externa. Además de revisar las cuentas con cierto grado de detalle, el organismo que dirige una amiga de la casa, la búlgara Kristalina Georgieva, deberá encausar el pedido del Gobierno por un acuerdo de más largo plazo, que básicamente lo que le permitiría es pasar un tiempo sin desembolsar fondos. Bien podría ser hasta fin del mandato de Alberto Fernández o casi, para hacer ver su voluntad de no acudir al que pague el que sigue y que se haga una bola de nieve incobrable para el directorio del Fondo. El cambio de aire en la Casa Blanca no se traducirá automáticamente en un jubileo para la Argentina, el deudor número uno de la institución. En todo caso, más plazo y una prueba de amor por los compromisos que alguien heredará.

3.Reservas. Si bien el Banco Central fue informó periódicamente el monto de las reservas brutas, desde las primarias del año pasado fueron cayendo por acción de tres factores: los pagos de obligaciones del Tesoro (hasta enero mismo), la salida de depósitos de caja de ahorro en dólares y la venta de dólares-ahorro. Hace dos semanas la política cambió: pero como la plata no aparece, se inició la emisión de bonos indexados por el dólar oficial, el tipo de cambio que, por la brecha que llegó al 120%, más subirá.

Cuenta corriente. La sangría se frenó, pero el desafío estará en ver cómo llenar de vuelta el arca vacía. La solución rápida: devaluar. La más sostenible: un sistema oficial de cambio múltiple que vaya unificándose sin prisa, pero sin pausa. Habiendo reestructurado la deuda privada y encaminada la postergación de pagos con los organismos internacionales, las previsiones de un mayor ingreso de divisas sólo vienen de dos fuentes: un aumento en las exportaciones y un cambio en la tendencia en las inversiones extranjeras directas. En la última década, aún con promesas de todo tipo, sólo se observó un cambio cuando se armó un “cluster” con reglas propias y blindado de muchas argentinidades. Vaca Muerta o las industrias del conocimiento son un buen ejemplo. Y allí están las únicas chances de dar vuelta el partido.

Rojo previsional. Más del 50% del gasto público se dedica al pago de las jubilaciones y pensiones y llega al 60% si se consideran las demás prestaciones sociales que paga la ANSES. El desfinanciamiento crónico del sistema, agudizado por la incorporación de 4 millones de beneficiarios provenientes de las sucesivas moratorias, hizo del sector el destinatario, en la última década, de un tercio del aumento del gasto consolidado. La reciente propuesta para modificar el cálculo de actualización para llevarlo a la fórmula anterior a 2017 y los decretos de emergencia de este año, lograron contener los flujos a costa de un ajuste, palabra que deberá encontrar urgentemente un homónimo para quitarle toda connotación antipática.

Subsidios en servicios públicos. El congelamiento de tarifas profundizó la brecha entre el costo y el precio de los servicios públicos. Aún con el dólar controlado, la actualización de las tarifas, sólo por los mayores costos de este año, ya es un problema: para los usuarios que deberán acomodarse a la nueva normalidad y para el Gobierno que deberá potenciar el sistema de subsidios que hoy existe y al mismo tiempo eliminar un foco crónico de déficit fiscal. Una durísima batalla dialéctica cuando se militó la socialización de las tarifas.

Transferencias a las provincias. Por último, las permanentes visitas protocolares de muchos gobernadores a la Casa Rosada se regularizaron con un objetivo: buscar los fondos que la parálisis económica les privó en su propio territorio al único gobierno que tiene algo de lo que ellos carecen: la Casa de la Moneda. Pero, desarmado el pacto fiscal que firmaron con la anterior administración, las provincias se encontraron con una economía en recesión y tuvieron vía libre para aumentar impuestos distorsivos y de fácil cobranza, como Ingresos Brutos. Las negociaciones están abiertas por la necesidad de cristalizar en votos legislativos los aires de cambio que, a regañadientes, deberán marcar el rumbo del año electoral 2021.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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