Sunday 16 de June, 2024

EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 29-05-2023 11:36

Ana Zivkovic: “Sin feminismo no hay machismo”

Una reflexión de la fundadora del Movimiento Mujer Potencia, un proyecto revolucionario comprometido con la conquista de la libertad y autonomía de la mujer con distintos ejes de trabajo.

Juguemos un juego infinito.

Tiene características distintas al finito en el que conoces cuándo empieza y termina, hay un ganador y un perdedor, incluye competencia y hay reglas y sanciones que los jugadores aceptamos. En cambio el juego infinito tiene jugadores conocidos y desconocidos, no hay ni reglas ni leyes exactas para todos por igual y se logra pasar de nivel cuando se accede a mayor consciencia.

En el juego infinito la energía se presenta de manera dual y se bifurca en dos polaridades: femenino- masculino, macho - hembra y en este planeta, la cancha de juego, aprendimos a llamarlo género.

Como en este juego nunca nada es lo que parece, todo femenino incluye un masculino y todo masculino incluye un femenino. Cuando el masculino tiene integrado su femenino, comprende su libertad, que a veces pudo  haber sido confundida con libertinaje y asume su fuerza con ternura.

Cuando el femenino tiene integrado su masculino, comprende su poder creador, que a veces pudo haber sido confundido con manipulación y asume su magia con consciencia.

A la mujer le duele el abuso. Y al hombre le duele la exclusión.

Al hombre le duele haber sido perpetuador de asesinatos cuando no lo deseaba, alojando todavía la memoria de los traumas propios y heredados. Desea sentir sus aspectos más nobles e invisibilizados, más no sabe cómo. Esos hombres, hoy, se ven afectados por el trauma de las mujeres que no se hacen cargo todavía de sí mismas, porque no integraron a su papá. El modelo biológico de macho alfa que caza y mujer reproductora que recolecta tiene que evolucionar.

Necesitamos espacios de reflexión individual. Sanar el trauma individual y tribal y encontrarnos con un otro que es un absoluto espejo. Los opuestos se integran en la mirada sin juicio. ¿Cómo sería encontrarnos en el hermoso vértigo del punto en común con amor incondicional, primero hacia uno mismo? Existe un orden en el amor que, de por sí, es amorfo, pero que toma la forma de nuestro inconsciente.

Todos somos la humanidad y tenemos más de igual que de distinto. Todo lo que está de la piel para afuera es distinto y al mismo tiempo una extensión del observador que soy. Somos espíritu en una expresión biológica que puede evolucionar. Cómo sería parirnos a nosotros mismos con placer habiendo sanado las heridas del alma?: traición, abandono, rechazo, humillación e injusticia.

Mujeres, ¿cuántas veces hemos sido injustas con nosotras mismas al no respetar nuestro ciclo, cuando no escuchamos nuestro cuerpo y no nos damos lo que estamos necesitando? Cargamos con un doloroso silencio ancestral que se aloja hasta en nuestros huesos. Lo que sufrió dolor aprendió a defenderse. La defensa ayudó a que sobreviviéramos y protegió al núcleo de ese dolor.

El sistema de defensa, para abrirse y sanar, necesita confiar. Recuperemos la confianza en nosotras mismas apoyándonos e inspirándonos entre mujeres, seamos medicina mutua y atravesemos el umbral. Recuperemos el respeto a los procesos.

Inmersos en la cultura del on demand y delivery queremos todo ya. La inmediatez y productividad son un legado del sistema patriarcal. Nosotras, desde el amor a nuestros propios procesos, a nuestra propia “ciclicidad” podemos enseñarle al mundo algo distinto que necesitamos incorporar, recuperar, recordar y aprender. Todos.

Nos hemos desconectado de la naturaleza. Las urbes nos hicieron olvidar mirar las estrellas, observar los ciclos, recordarnos parte de un ecosistema mayor.

La integración lo que disuelve es la distorsión que mata. Para abarcar lo inefable hay que primero llegar a ser humano. Dejar de lado la razón, dejar brillar el sol interior, reconectar el cableado del sistema. Las mujeres, inconscientemente, nos hemos dejado poner en lugar del objeto. La idea de sexualidad que tenemos fue pervertida por la biología cuando solo se ocupó de la supervivencia. Nos convertimos en algo demasiado básico al dejar de lado lo sagrado de la sexualidad que va mucho más allá de la genitalidad y reproducción.

Me veo varón, si miro una sola cara. Y me veo mujer, si miro una sola cara. Juntos somos la misma moneda. Es la oportunidad de la fusión de opuestos complementarios para la más eficiente elevación de consciencia. Mirarnos al espejo con amor propio para, entónces, mirar sin juicio a todo lo demás.

Cuando una mujer vive conscientemente encendida de pasión y vida, la contribución que hace al linaje es una mejora al flujo energético y la fuerza de vida.

Necesitamos desprogramar el inconsciente colectivo, tanto femenino como masculino. Los valores que elige una mujer son los valores sobre los que se construye una sociedad. Si rechazamos al masculino, no podemos tomar nuestro lugar. Nos definimos por opuesto complementario. Más si rechazamos el femenino, nos estamos llevando a nuestra propia muerte. Estamos matándonos a cada instante, innecesariamente. Estamos dejándonos morir.

Debemos convertirnos en polos opuestos cooperando, sin competir. Reconociendo que no somos sin el otro. Que podemos potenciarnos en vez de aniquilarnos.

Asumirnos una misma energía original. ¿No sería un juego bonito? Porque no hay feminismo sin machismo, ni machismo sin feminismo.

 

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