Jueves 26 de enero, 2023

EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 26-12-2022 11:38

“El peso del cuerpo”

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En tiempos de primacía de la imagen, mostrar objetos preciados a nivel social, se ha vuelto un símbolo de status y pertenencia.

Se hace alarde de diversos gadgets (dispositivos con una función específica, prácticos y novedosos, tecnológicos y no tecnológicos para casi cualquier actividad), sintiéndose poderoso quien los posee.

El objetivo es obtener la mayor cantidad de miradas posibles, presenciales y virtuales. El paso de una forma a la otra se da casi de manera inmediata, traduciéndose en “likes” y “seguidores”. Si esto sucede, el “sueño de volverse viral” se acerca.

¿Un sueño enfermo?

“Viralizarse” (deriva del término “virus”, microrganismos infecciosos con gran capacidad de contagio), curiosa denominación para algo anhelado.

Las fronteras entre lo público y lo privado se vuelven borrosas, divulgándose lo íntimo a un gran auditorio.

“Mientras más muestro, más miradas obtengo”.

Mayor cantidad de seguidores, no es sinónimo de ser elegido. Falsa creencia de mostrar en exceso para sentirse más deseado. Correr totalmente el velo, apaga el deseo.

Entonces, ¿por qué tengo más cantidad de visualizaciones?

Un exceso al mostrar, lleva al exhibicionismo, atrapando las miradas desde el morbo que genera “ver cada vez más allá de lo permitido”.

“¿Influencia o influenza (virus)?”

Cada vez se escucha más entre adolescentes, querer ser  “influencers”, obteniendo fama y dinero.

Influenciar al otro, sin importar demasiado el contenido. Imágenes vacías, relatos superficiales y ruidosos, cuerpos fragmentados por partes a exhibir. Un alto costo psíquico, del que no se es consciente.

“¿El cuerpo es un gadget?”

Un cuerpo y sus partes, han adquirido gran poder a nivel social. “Mostrar la cola”, sin importar demasiado el resto. Y es justamente en ese resto, en el que cae el sujeto con sus emociones, pensamientos, ideas y sueños.

Si tanto importa el cuerpo, es inevitable que se vuelva pesado. Y ese peso se hace marca, apareciendo diversos síntomas: obesidad, trastornos de alimentación, cortes, alergias, etc.

 

“El valor de lo no mostrado”

Aunque parezca paradójico en el siglo XXI, lo que no se muestra es aquello que más vale.

Cuando un paciente arriba al consultorio, uno de los primeros señalamientos que se realiza es: “Lo que se habla en este espacio, queda en este espacio. La historia de cada persona y su  intimidad, es lo más valioso y preciado”.

Pedacitos de historias, dan lugar a maravillosas anécdotas, emociones que fluyen y hacen vibrar.

Momentos de sentir-es, vivencias únicas e irrepetibles que escapan a una pantalla. El detrás de escena, íntimo y genuino, sin importar la mirada del otro. Conectarse con el propio deseo, sintiéndose libre de pesadas y dolorosas miradas.

 

Texto: Lic. Germán Rothstein.

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por CEDOC

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