La Copa del Mundo 2026 ya es el mayor negocio en la historia del deporte. La FIFA proyecta ingresos por 13.000 millones de dólares y Estados Unidos calcula un impacto económico superior a los 30.500 millones. El torneo, organizado junto con México y Canadá, contó por primera vez con 48 selecciones y 104 partidos en total, un formato diseñado para ampliar los ingresos por derechos de televisión, patrocinadores, venta de entradas y hospitalidad. La expansión posicionó al Mundial por encima de los Juegos Olímpicos, el Super Bowl, la Champions League y la Eurocopa en volumen económico y alcance global.
Promotor. Estados Unidos fue el impulsor de este modelo. Donald Trump sostiene que durante su primera presidencia fue determinante para que el país obtuviera la sede compartida del Mundial 2026 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y así, proyectar un nuevo modelo de negocio para que luego se replique en las siguientes celebraciones.
A su vez, la FIFA aceptó un formato basado en la comercialización integral del torneo. Además de los derechos audiovisuales, monetiza plataformas digitales, hospitalidad corporativa, turismo, licencias, merchandising, datos, experiencias para los hinchas y patrocinadores globales. Cada instancia del campeonato se convirtió en un activo comercial.
Uno de los cambios más discutidos fue la comercialización de la pausa de hidratación. Creada en principio para proteger a los futbolistas en condiciones climáticas extremas, pasó a ser un espacio publicitario. Durante esa interrupción las transmisiones incorporan menciones comerciales y acciones promocionales vendidas por millones de dólares, replicando el esquema de los tiempos muertos de las ligas estadounidenses.
El marketing también modificó la terminología deportiva. La FIFA reemplazó la distinción "Jugador del Partido" por el concepto MVP (Most Valuable Player), patrocinado por la cerveza Michelob Ultra. La medida generó cuestionamientos por incorporar una denominación propia del basquet, y más cuando los ganadores del premio eran los jugadores más valorados a nivel marketing, como los dos que obtuvo el portugués Cristiano Ronaldo y los tres del brasileño Vinicius Jr.
Cotización en bolsa. La venta de entradas -que cuestan entre 300 y 2.000 dólares- constituye otro de los principales negocios. Aprovechando la legislación estadounidense, la FIFA implementó un sistema oficial de reventa con precios dinámicos, una práctica restringida o penalizada en numerosos países. El valor de los tickets varía según la demanda y la organización obtiene ingresos mediante comisiones sobre cada operación. El sistema permitió comercializar más de seis millones de entradas antes de la definición del torneo.
La ampliación de 32 a 48 selecciones respondió también a una estrategia económica. El nuevo formato incrementó los partidos de 64 a 104, sumó dieciséis equipos y amplió el inventario disponible para vender derechos televisivos, publicidad, hospitalidad y paquetes turísticos.
Las proyecciones de audiencia también explican la expansión. La FIFA estima miles de millones de visualizaciones entre televisión, streaming y plataformas digitales durante el campeonato, mientras que la final buscará superar los 1.500 millones de espectadores alcanzados en Qatar 2022. Los patrocinadores también modificaron la estética del Mundial. Las marcas ya no se limitan a la cartelería perimetral, sino que aparecen en pantallas LED, aplicaciones oficiales, zonas para hinchas y premios individuales, integrándose a toda la experiencia del torneo. Cuando el VAR chequea un posible penal o tarjeta roja, aparece el logo de Lay's en la pantalla. El reparto económico alcanzará cifras récord. Cada federación recibe cerca de 9,5 millones de dólares por participar y el campeón obtendrá más de 125 millones en premios.
De esta forma, el Mundial 2026 consolida un modelo en el que el crecimiento deportivo acompaña una expansión de los negocios. Y esto parece ser la punta de un iceberg que en el 2030 promete, con motivo de los 100 años de los Mundiales, un torneo con 64 selecciones.














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