Tuesday 16 de June, 2026

SOCIEDAD | 05-06-2026 08:18

Teatro inclusivo que desafía prejuicios y convenciones

Integrada por intérpretes neurodivergentes y con discapacidad intelectual, la compañía Pequeño Rex presenta “Un Dios inestable”, obra que reflexiona sobre la fe y el valor del cuidado.

En tiempos en que la velocidad parece imponerse sobre la escucha y la productividad se convierte en la medida de todas las cosas, la compañía teatral Pequeño Rex construye desde hace ocho años una experiencia artística que desafía silenciosamente los parámetros habituales. Integrada por intérpretes neurodivergentes y personas con discapacidad intelectual, la agrupación dirigida por Darío Szraka vuelve a escena el próximo 20 de junio con “Un Dios inestable - si tengo que caer, me gustaría caer del cielo”, una obra que interpela al espectador desde la fe, la fragilidad humana, el cuidado y el desencanto.

Pero antes que un proyecto vinculado a la discapacidad, Pequeño Rex se define como una compañía de teatro independiente. “Su particularidad es que está formada por intérpretes neurodivergentes y con discapacidad intelectual, aunque para nosotros lo importante es nuestra propuesta artística, más allá de cualquier condición o diagnóstico”, afirma Szraka. La aclaración no es menor. Desde sus inicios en el Hogar y Centro de Día Los Jazmines, en el barrio de Flores, el grupo buscó correrse de las miradas asistencialistas para construir un espacio de creación genuina.

“Nos formamos a partir de una inquietud concreta, habilitar el discurso de cuerpos que, en general, se hallan silenciados o son escuchados desde una perspectiva que busca normalizarlos”, explica el propio director. Lo que comenzó como una experiencia artística dentro de una institución dedicada a personas con discapacidad intelectual terminó convirtiéndose en un elenco estable con identidad propia, presencia en festivales nacionales e internacionales y una producción escénica sostenida.

La historia de Pequeño Rex también tiene relación con una búsqueda. Tras el estreno de “Mundo difícil”, un espectáculo compuesto por números humorísticos y reflexivos, y luego de “Janbled – mientras mi cuerpo sea mío”, una particular relectura de Hamlet nacida de las resonancias que Shakespeare despertó en el grupo, la compañía tomó una decisión que marcaría su camino. “Nos parecía insuficiente participar únicamente en encuentros de teatro y discapacidad. Queríamos pelear espacios de legitimidad, trabajar en teatros independientes como cualquier compañía”, recuerda Szraka. El objetivo era simple y profundo a la vez, que el público eligiera asistir por interés artístico y no por compromiso social.

Esa filosofía atraviesa también su vínculo con los espectadores. “No apuntamos a la condescendencia ni a la romantización de la condición de los actores”, señala el director. Por el contrario, la propuesta busca establecer una relación horizontal con el público, donde lo que importe sea el imaginario escénico que cada intérprete aporta al proceso creativo.

Y es precisamente allí donde reside una de las mayores riquezas del proyecto. Trabajar con un elenco integrado por personas neurodivergentes implica, según Szraka, una revisión constante de las propias certezas. “Es un trabajo que exige ampliar la mirada, poner en cuestión los propios preconceptos y también cuestionarse a uno mismo. El trabajo fundamental es siempre sobre las propias resistencias frente a la propuesta del otro”, reflexiona.

Lejos de las fórmulas rápidas, los ensayos se convierten en un espacio donde el tiempo de la búsqueda tiene más valor que la eficacia inmediata. “Aprender a no saber, a no entender de inmediato, a tomar la expresión del otro en su materialidad más absoluta antes que buscar explicaciones, es un ejercicio complejo. Requiere suspender la propia mirada como criterio de legitimidad”, sostiene. En esa disposición a escuchar aparecen pequeños desvíos, líneas inesperadas que terminan enriqueciendo la construcción escénica y dando origen a formas narrativas poco convencionales.

Ese espíritu creativo encuentra una de sus expresiones más potentes en “Un Dios inestable”, una obra de cuarenta minutos destinada al público adulto. La pieza presenta una situación dramática tan simple como perturbadora. Una mujer cae desde un séptimo piso en la misma noche de su boda. Fue empujada por su mucama, que se niega a seguir siendo esclava. A partir de ese hecho, su marido deberá aprender a cuidarla mientras, al fondo de la escena, un dios agotado observa con frustración a su creación.

“Quizás es Dios el que ha dejado de creer en los hombres”, dice uno de los textos escritos por un integrante de la compañía y que terminó convirtiéndose en la columna vertebral de la obra. Para Szraka, esa frase resume una inquietud contemporánea. “Estamos atravesados por discursos bastante violentos y hay cierto desencanto que alimenta esa violencia. Los relatos que nos unían alrededor de ideas como solidaridad o comunidad parecen perder valor y eso nos deja desnudos”, analiza.

La obra explora precisamente ese territorio de vulnerabilidad. Cuando los relatos que daban sentido a la experiencia humana se derrumban, sólo queda la responsabilidad de cuidar al otro. El amor romántico se desvanece, la fe tambalea y la dependencia emerge como una condición inevitable. “El desierto crece”, repite uno de los personajes, reformulando la célebre advertencia de Nietzsche.

Con funciones mensuales, decisión tomada por el propio elenco para respetar los tiempos y posibilidades de cada integrante, Pequeño Rex continúa consolidando un camino singular dentro del teatro independiente porteño. El próximo 20 de junio, a las 17, en La Gloria Espacio Teatral (Yatay 890, C.A.B.A), volverá a abrir las puertas de ese universo donde la diferencia no es un límite sino una potencia expresiva.

Dirigida por Dario Szraka, la compañía Pequeño Rex cuenta con la asistencia de dirección de Juliana Burdet, la colaboración en los textos e ideas de Carlos Nieva, y está integrada por Liliana Lanzilotta, Susana Messina, Emanuel Villalba, María Inés Tuñón, Antonio Villanueva, Carlos Marciante, Verónica Bina y Martín Castilla.

“Somos una compañía que no incluye, sino que crea desde la diferencia”, resume Szraka. Quizás allí radique la verdadera singularidad de Pequeño Rex, demostrar que el arte no necesita corregir las diferencias para producir belleza, pensamiento y emoción. Basta con escucharlas.

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