viernes, febrero 21, 2020

NOTICIAS URUGUAY | 03-01-2020 14:25

Estridencias de Mujica

El expresidente exhibe lagunas en su pensamiento político al ignorar el aporte del feminismo para combatir los sistemas de subordinación.

La entrevista que el expresidente José Mujica ofreció al semanario Voces expuso algunas preocupaciones recurrentes del veterano dirigente, junto con sus limitaciones para articular respuestas políticas y algunos vacíos de su análisis que le impiden ver, por ejemplo, el aporte del feminismo.

En la conversación, que se desliza hacia la autocomplacencia o el exabrupto, desfilan el modelo de control corporativo de la economía global, la elusiva integración regional, el papel de los militares, el peronismo, Bolivia, la reforma previsional, etcétera. Algunas reflexiones son interesantes, otras no pasan de trazos gruesos que se parecen mucho al estereotipo.

Pero, en general, lo que falta son formulaciones políticas que definan el rol de la izquierda en la realidad del siglo XXI con sus novedades, como el insoslayable problema del cambio climático o la emergencia del feminismo.

Es precisamente esa revolución ruidosa, pero estruendosamente pacífica, que protagonizan las mujeres la que parece poner más en jaque la capacidad de análisis del experimentado Mujica.

Es bastante inútil el feminismo, porque creo que el machismo es un hecho y que la agenda de derechos de la equiparación es inobjetable. Pero la estridencia también termina jodiendo a la causa de la mujer, porque crea una antípoda quejosa. Excita lo reaccionario de la propia sociedad, que está ahí. Ahí te salen los Manini y los otros”, dijo Mujica.

Y agregó más adelante: “Me resisto a que el feminismo pueda sustituir a la lucha de clases. Porque las clases sociales las veo también dentro del movimiento feminista”. Esta visión de Mujica y de otros dirigentes tupamaros, como el fallecido Eleuterio Fernández Huidobro, exhibe problemas para entender el presente y en general la evolución de la humanidad desde una perspectiva izquierdista.

No estaría nada mal exigir que la dirigencia política actual hubiera leído al menos “El segundo sexo”, de Simone de Beauvoir, o “Una habitación propia”, de Virginia Woolf. Son libros viejos, lecturas obligadas de muchos contemporáneos de Mujica.

Pero resulta todavía más notable la dificultad de Mujica para vincular “el machismo”, cuya existencia reconoce, con el control del  poder económico, político y simbólico, eso que estridentemente las feministas llaman “patriarcado”.

Fue Federico Engels el que analizó hace muchísimos años en su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” (1884) cómo la subordinación de la mujer y su reclusión en el hogar nacieron con la propiedad privada; luego vendría la construcción cultural y religiosa para darle sustento simbólico. Debería ser un olvido imperdonable para un izquierdista, aunque no sea marxista, como Mujica.

Por otra parte, mientras critica que el electo senador comunista Óscar Andrade “no quiere darle ningún papel a la burguesía o a la clase media uruguaya, que parece que no existiera”, acusa al movimiento feminista de tener “clases sociales” en su seno. ¿En qué quedamos?

La izquierda latinoamericana ha sido proverbialmente machista a lo largo de su historia (tanto como la derecha). Y, dentro de ella, los movimientos guerrilleros encarnaron la peor versión de ese machismo.

Sólo muy recientemente los partidos de izquierda comenzaron a ser permeables a los reclamos de las mujeres y del feminismo e incluso en algunos casos a asumirlos como propios.

Pero eso no pasó por el avanzado pensamiento del liderazgo varonil, sino por la persistente e imaginativa lucha librada por miles y miles de grupos diversos de mujeres, aliadas inteligente y solidariamente (porque así se hacen las revoluciones) con las comunidades LGBTI, afros, jóvenes, campesinas, indígenas, pero también académicas, profesionales y artistas.

mujeres feminismo

Uno de los momentos más emocionantes de la democracia uruguaya que me tocó atestiguar fue la investidura del exguerrillero Mujica como presidente, un momento que no fue tanto una victoria suya como una victoria de la democracia. El mentís definitivo a la aventura armada.

Pero en sus años de presidente Mujica mostró sus problemas para gobernar. Aunque parezca una ironía, lo más encomiado internacionalmente de su gestión fue la agenda de derechos de la que con intuición se valió para hacerse famoso y dar conferencias hasta para la empresa Volkswagen.

Pero desde hace un tiempo, quizás desorientado por la disputa que le impuso Manini Ríos de un voto que creía tener bajo control, Mujica viene recurriendo a la táctica de sembrar confusión con afirmaciones que pueden ser leídas como ataques a cierta dirigencia y electorado del Frente Amplio.

Hoy la democracia en Uruguay y en el mundo se encuentra ante el dilema de sobreponerse y controlar un sistema tan exitoso y arrollador que está ‘commoditizando’ hasta nuestros ratos libres. Algo de esto menciona Mujica, pero sin ofrecer una respuesta política que incluya, por ejemplo, el uso sostenible de los recursos naturales. Otra vez menosprecia, sin entenderlo, al ambientalismo (“...pobres los ecologistas, son soñadores. Son poetas.”)

Mientras, frente a sus ojos se desenvuelve la movilización feminista que avanza sin disparar ni un tiro y ante la cual los viejos insurgentes deberían sentir por lo menos un poquito de envidia. Claro que “excita lo reaccionario”. ¿Qué revolución no lo hace?

por Diana Cariboni

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