Saturday 13 de April, 2024

PERSONAJES | 26-03-2023 00:47

Eduardo Blanco: “No tengo cuentas pendientes”

Actor de pura cepa, es ovacionado junto a Luis Brandoni en “Parque Lezama”. Profesiones fallidas y trabajos con Campanella.

A casi 10 años del estreno de “Parque Lezama”, Eduardo Blanco vuelve a ponerse en la piel de Cardozo, un encargado de edificio conformista, casi ciego y a punto de ser jubilado, que, muy a disgusto, comparte un banco del parque con León, el personaje de Luis Brandoni: un anciano que, aparte de ser un mentiroso compulsivo, se niega a renunciar a su sueño de cambiar el mundo. 

La obra, próxima a cumplir mil funciones, es uno de los éxitos de la actual cartelera porteña, ahora en el nuevo Teatro Politeama, cuyo principal accionista es Juan José Campanella, quien también dirige la obra y fue quien adaptó la pieza escrita por Herb Gardner bajo el título de “Yo no soy Rappaport”.

Como sabe que el entrevistador vio la obra pocos días antes, al inicio de la charla, Blanco invierte por un instante los roles de la entrevista y pregunta: “¿Qué te pareció Parque Lezama?”

Noticias: Una obra emotiva, hilarante y reflexiva. Su actuación y la de Brandoni, notables. Realmente, la disfruté mucho.

Eduardo Blanco: Muchas gracias. Lo que decís va en línea con lo que nos devuelve la mayoría de la gente. No sólo ahora, sino desde que la estrenamos, en 2013. “Beto” Brandoni dice que es una de esas obras que no termina cuando se baja el telón, que después, cuando vas a cenar, tenés la necesidad de continuar con esa historia. Algunos, incluso, nos dicen que sintieron la necesidad de volver a verla con un ser querido o de recomendarla. Vos viste lo que sucede al final, con la gente aplaudiendo de pie. Una vez vino a vernos Benjamín Vicuña y nos dijo: “Ustedes no reciben un aplauso teatral, es una ovación de rock”. “Parque Lezama”, definitivamente, tiene un “algo más”.

Noticias: ¿Qué sería ese “algo más”?   

Blanco: Es como un abrazo al alma, que te invita a vivir. El personaje de “Beto” quiere cambiar el mundo y no puede, pero me hace cambiar a mí, a mi personaje, que creía que ya había vivido su vida y que no había nada más. Uno está acostumbrado a que le cuenten historias, pero esta obra te recorre un sector emocional inevitable, cercano a todos, que produce una cosa comunitaria, de placer colectivo: “Parque Lezama” habla de los vínculos, de la vejez; y como comedia que es, lo hace con humor y aguda ironía. Pero toma a la vejez para contar otra historia, para contarnos como sociedad. La obra original es estadounidense y transcurre en el Central Park de Nueva York, pero si uno no lo sabe, tranquilamente puede creer que la escribió Campanella, porque su adaptación la convirtió en una obra propia, muy argentina.

Noticias: ¿Su personaje tuvo cambios?

Blanco: El principal fue a fines de 2016, cuando terminamos nuestra anterior etapa en Buenos Aires. La última función fue el 10 de diciembre de ese año, 10 días después de que falleciera mi padre, que tenía Parkinson. Mi personaje, en esos procesos de la creación, tenía que ser un anciano vulnerable, en contraste con el de “Beto”, que es un anciano más enérgico. En ese proceso observé a muchos ancianos, pero al final, inconscientemente, terminé haciendo una mezcla de mi padre y mi abuelo.

Noticias: En 2019 hicieron la obra en España. ¿Debieron cambiarle algo?

Blanco: No, porque llevamos una obra argentina, que sucede en el Parque Lezama. No es que fuimos a Madrid y le pusimos Parque Del Retiro. Sólo modificamos algunas palabras que allí no significan nada o significan otra cosa, como no llamar al portero, encargado, porque allá no se entiende.

Noticias: ¿Y la reacción del público fue igual que acá?  

Blanco: También nos fue bárbaro. La hicimos de martes a domingo, durante cuatro meses y medio, porque más allá de las diferencias culturales, en lo humano todos nos parecemos. A propósito de eso, te cuento algo que le pasó a Campanella con Luna de Avellaneda. En 2005 lo invitaron a la Antártida, por la inauguración de un videoclub en una base argentina; y antes de la proyección, apareció un gomón con gente de una base coreana que también quería verla. La película estaba subtitulada en inglés, pero Juan pensó: “¿Qué van a entender los coreanos de una película muy nuestra, que habla de los clubes de barrio?”. Pero cuando terminó la función, lo abrazaron y le dijeron: “Igual que en Corea”. ¿Qué quiero decir? Que hay obras que trascienden las culturas. 

Noticias: ¿Con quién estudió actuación?

Blanco: Mi primer maestro, a los 17 años, fue un actor no conocido, Norberto Trujillo, en un grupo de teatro independiente, donde hacés de todo, no sólo actuás: También ayudás a hacer la escenografía, el vestuario, a vender las entradas. Luego fui al Conservatorio Nacional de Arte Dramático, hice cursos con grandes maestros como Augusto Fernandes, Juan Carlos Gené y Carlos Ianni, pero quien me enseñó el amor al teatro fue Trujillo.

Noticias: En su juventud también jugó al fútbol.

Blanco: Sí, pero me da vergüenza contarlo, porque en verdad, es una anécdota chiquita. Yo era bueno jugando al fútbol, pero en el contexto del barrio y el colegio, no más que eso; y en séptimo grado fui a probarme a Platense y quedé. Pero era una época en la que el marketing del jugador de fútbol no era el mismo que ahora, muchos ni terminaban el secundario; y a mis padres no les gustó mucho la idea y pusieron la suficiente resistencia como para frustrarme la gran carrera futbolística que hubiera hecho (risas).

Noticias: ¿Y cómo reaccionaron cuando les dijo que quería ser actor?

Blanco: Lo que pasa es que todo comenzó como un hobby. No decidí ser actor a los 17 años. Yo, por mandato familiar, debía ser ingeniero mecánico, porque mi padre era mecánico, un apasionado de la mecánica; y por eso fui a un colegio industrial, que siempre detesté, aunque igual me recibí. Soy el hijo mayor de una familia de inmigrantes gallegos, y en esa época, el sueño del hijo universitario, del ascenso social tenía mucho peso. Cuando me animé a decirles que no iba a trabajar de ingeniero, les dije que iba a ser abogado, no actor. Pero en el tercer examen de ingreso a abogacía me pregunté qué estaba haciendo ahí y me fui. Yo en serio quería ser abogado, porque aún creía en la Justicia, pero por las dudas, también me había anotado en el Conservatorio.

Noticias: También fue comerciante y manejó un taxi.            

Blanco: Sí, vendí de todo, pero no en negocios. Y de tachero, en verdad, sólo tuve breves experiencias, cuando entre una obra del off y otra —y más adelante, entre una tira de TV y otra— tenía que pagarme el alquiler. Mi padre tenía un taxi y eso fue una herramienta para ganarme la vida cuando no tenía trabajo de actor.

Noticias: ¿Lo reconoció algún pasajero?  

Blanco: Pocos, pero no me reconocían por mi nombre, sino por la cara, por la última tira que había hecho. Además, yo no les daba conversación, sólo lo hacía si me la daban a mí, porque sentía que ese era un momento privado del pasajero.

Noticias: En España actuó bastante. ¿Cómo se dio?

Blanco: Por “El hijo de la novia”, que es de 2001 y allí también fue un suceso. Luego compraron “El mismo amor, la misma lluvia”, que es anterior, pero la vendieron como del mismo equipo que de “El hijo de la novia”, porque era el mismo director, el mismo coguionista, el mismo actor y el mismo coprotagonista, que era yo.

Noticias: ¿Qué fue lo último que hizo allí?

Blanco: Un capítulo de la última temporada de “Venga Juan”, que se puede ver en Flow. Yo estaba visitando a mi hijo, que vive ahí, y me llamaron. Luego de “El hijo de la novia” hice muchas películas que no llegaron acá. Pero también hice “Altamar”, que está en Netflix y la grabé cuando fui a hacer “El Precio”, de Arthur Mlller, en teatro. En Netflix además está “Vientos de agua”, una coproducción argentino-española.

Noticias: ¿Cómo toma que lo llamen el actor fetiche de Campanella?  

Blanco: Me causa gracias, pero lo entiendo porque estuve en casi todos sus debuts, salvo en el sexual (risas). En su primer largometraje súper 8 fui uno de sus protagonistas; en la primera obra de teatro que escribió junto a Fernando Castets fui uno de los protagonistas; en la primera película comercial que hizo en Argentina, “El mismo amor…” también estuve. En la primera miniserie que dirigió, “Vientos de agua”, fui uno de sus socios y protagonista; y en “Parque Lezama”, la primera obra que dirigió, soy uno de sus protagonistas. Pero de Campanella nunca tuve una propuesta formal de trabajo, siempre fueron invitaciones a una aventura. Todo surgió de un: “Che, ¿y si hacemos tal cosa?”, como dos chicos que están jugando.

Noticias: ¿Cómo es trabajar con Brandoni?

Blanco: Voy a usar una metáfora muy futbolera. Tirar paredes con “Beto” es fácil, porque es un actor enorme. Te tira pelotas al pie, para hacer jueguitos, para hacer caños. Brandoni es Messi.  

Noticias: En esto de contar historias, ¿cuál le resta contar?   

Blanco: No soy de decir: “¡Uh! No hice tal clásico y ya estoy grande”. Seguro que no leí tanto como hay; y si un día me ofrecen hacer “La muerte de un viajante”, lo haría con placer, pero no tengo cuentas pendientes. A mí me gusta mucho que las historias me vayan sorprendiendo.

por Sergio Núñez

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