La interna libertaria acaba de cruzar una frontera impensada, donde el purismo digital y la crítica mediática más ácida se encontraron en un punto común: la figura de Manuel Adorni. El vocero presidencial, que suele jactarse de su imperturbabilidad en las conferencias, enfrenta ahora una embestida coordinada que nació en su propia tropa y fue rápidamente capitalizada por el "enemigo" mediático.
El primero en disparar fue Marco Palazzo, el influencer conocido en las huestes de X como "Niño nazi". A través de un posteo incendiario, Palazzo rompió el blindaje del funcionario al denunciar supuestos privilegios de casta. “Un vocero que no puede hablar debería renunciar. Así como lo banqué a Adorni, ahora exijo su renuncia. No podés llevar a tu jermu en el avión presidencial. Es un privilegio, ergo, es casta”, sentenció el militante, marcando un quiebre por el presunto uso de recursos públicos para fines familiares.

La onda expansiva del tuit no tardó en llegar a la vereda de enfrente. Jorge Rial, atento a cualquier fisura en el armado oficialista, decidió echar más leña al fuego. El conductor de Argenzuela compartió el posteo de Palazzo con una frase corta pero letal: “Hasta el pequeño nazi está enojado”. Con este movimiento, el periodista dejó expuesta la vulnerabilidad de un gobierno que empieza a sufrir el desgaste de sus propios guardianes de la moral libertaria.
A pesar de la ferocidad del ataque contra Adorni, Palazzo intentó salvar la figura de Javier Milei asegurando que está con él “a muerte”. Sin embargo, el tono de ultimátum fue claro: “De lo contrario me voy a Ezeiza…”. Esta amenaza de exilio voluntario refleja el desencanto de una base que no tolera gestos que contradigan el relato del ajuste fiscal.
En este escenario de fuego cruzado, el vocero presidencial queda en una posición de extrema debilidad. Entre las críticas por su desempeño comunicacional y las denuncias de conductas de casta validadas por la oposición, Adorni deberá recalibrar su estrategia si pretende sobrevivir al clima de hostilidad que ya se respira en los pasillos de la Casa Rosada.














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