El constructor de la épica audiovisual de Javier Milei terminó atrapado en una ficción ajena. Santiago Oría vio en Instagram a una joven que defendía al Gobierno, valoró su inteligencia y su belleza y propuso darle más exposición. Había un detalle: Lucía Libertaria no existía. Era un personaje generado con inteligencia artificial.
The New York Times abrió con esa escena su reportaje sobre la apuesta argentina por la IA, firmado por Emma Bubola y Daniel Politi. La elección dejó al cineasta y estratega de medios presidencial en una posición incómoda: quien trabaja sobre la imagen del poder había confundido un avatar con una posible figura de la comunicación oficial.

Según el artículo, al advertir que la influencer era artificial, Oría perdió el interés. Sin embargo, consideró que el engaño era inofensivo. El relato describe su entusiasmo y su intención de promoverla; no acredita una relación sentimental. El contraste entre la fascinación inicial y el descubrimiento alimentó las burlas en medios argentinos. El episodio alcanzó repercusión internacional.
El personaje ya estaba bajo observación. El 22 de agosto, Chequeado publicó una investigación sobre Lucía y otro avatar, Julia Riojana. Detectó que las cuentas no informaban con claridad su origen artificial y que fabricaban escenas cotidianas para parecer personas reales. La supuesta militancia venía acompañada de una vida también inventada.
Lucía aparecía en bares, paseaba por Buenos Aires y usaba la camiseta argentina. Sus videos defendían medidas oficiales y cuestionaban al kirchnerismo. Al momento de ese relevamiento, sumaba casi 24 mil seguidores entre sus distintas redes. Algunos usuarios le escribían como a una mujer real; otros advertían que era una creación digital.
La investigación señaló un problema que excede el papelón individual: esas identidades pueden dificultar la distinción entre contenido auténtico y sintético y deteriorar la confianza en la información. La apariencia de una ciudadana que opina por convicción funciona como recurso de persuasión, aunque detrás no haya una persona con esa biografía.
Para el Times, la reacción de Oría ilustra el enfoque permisivo del Gobierno. Milei ratificó ante la ONU que no regulará preventivamente la IA y busca atraer inversiones para centros de datos en la Patagonia. El episodio deja una ironía política: el entusiasmo por multiplicar imágenes encontró a un promotor dispuesto a impulsar una militante sin existencia fuera de la pantalla.














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