Tuesday 28 de May, 2024

POLíTICA | 08-09-2023 07:38

La nueva vida de Horacio Rodríguez Larreta: crisis y reinvención

Por Carlos Claá y Rodis Recalt. Pasó de ser el candidato "natural" de la oposición a estar cerca del llano. Golpeado por las PASO, arma su propia fundación. Lejos de Jorge Macri, el ninguneo de Patricia Bullrich y la venganza contra Mauricio.

El año pasado Roberto Zapata, el especialista en focus group de Jaime Durán Barba, se reunió con el equipo de campaña de Horacio Rodríguez Larreta para presentar los estudios hechos a los largo y ancho del país. El resultado era contundente: el jefe de Gobierno porteño tenía pocas chances de vencer a Patricia Bullrich en la interna, les dijo. Larreta, que escuchaba la presentación entre sorprendido y molesto, respondió argumentando que no debían preocuparse por las PASO, que él iba a ser el candidato único. Le falló la predicción.

Con el correr de los meses, la postulación de la presidenta del PRO fue creciendo, hasta transformarse en la ganadora de la interna. Por eso, el resultado de las elecciones del domingo 13 de agosto es un golpe que a Larreta todavía le cuesta asimilar. Más allá de las intensas recorridas por el país, de los acuerdos con dirigentes de distintos espacios y gobernadores electos, y a pesar de lo onerosa que resultó la campaña, perdió por goleada.

Su proyecto político se desmoronó y, desde diciembre, tendrá que reconstruirse desde el llano: para un hombre de gestión, como él, será todo un desafío. “Voy a tener que aprender a convivir conmigo mismo”, bromea con sus allegados. Pero el chiste está lleno de realidad: deberá asumir que habrá momentos de soledad en lo que se viene.

El argumento que encontró ante tan decepcionante resultado fue que no era su momento político. “Si el país pide un Bolsonaro, no voy a ser yo”, repite cuando le preguntan por el traspié electoral.

Su entorno también se prepara para el desafío que viene: “El que piensa que Horacio se va a ir a la casa, está equivocado”, dicen. Armará una fundación, se rodeará de los más leales e intentará planificar el futuro. A pesar de la dura derrota, en su cabeza sigue siendo un candidato. La única diferencia es que se le alargó el camino.

Futuro.

Como plataforma para seguir en política, Larreta ya empezó a armar su fundación. Será al estilo del Grupo Sophia, el think thank que el jefe de Gobierno fundó en los ’90 y que perdió personería jurídica hace dos años porque la Inspección General de Justicia comprobó que no presentaban balances ni designaban autoridades desde hacía una década. No imaginaron que podían volver a necesitarlo.

En la reconstrucción, que comenzará a partir de la fundación, Larreta se rodeará de los leales. Un pequeño grupo de personas que lo van a acompañar en el llano: su hermano Augusto, Federico Di Benedetto, Eduardo Machiavelli, Ema Ferrario, Marina Fernández, Julia Pomares y su secretaria Jorgelina.

El resto del equipo que el jefe de Gobierno comandó en la Ciudad empezó a buscar nuevos rumbos. Es que, con el arribo de Jorge Macri, llegará un nuevo gabinete. Los sobrevivientes serán las segundas y terceras líneas: los equipos técnicos con experiencia.

El interrogante recurrente alrededor de Larreta es saber cómo reaccionará cuando ponga el freno de mano. “Es un tipo que gestionó todos los días de su vida desde el 2007”, dicen. Enfocado en el trabajo y en el objetivo de ser presidente, hacía gala de su agenda abarrotada. Programaba reuniones de 15 minutos y hasta tenía encuentros con funcionarios mientras hacía running.

Lo que para él era eficiencia pura fue malinterpretado y generó enojos en campaña. Sus recorridas estaban cronometradas. A diferencia de Bullrich, que se quedaba largos ratos con los candidatos y la militancia, Larreta no logró construir relaciones personales. Le costó empatizar.

En las reuniones del equipo, las críticas se disparan sobre todo hacia la comunicación de la campaña, pero también le reprochan al jefe de Gobierno haberse politizado tanto sobre el final. Además, algunos consultores creen que hubo una oportunidad perdida desde las elecciones anteriores: “Después de que ganamos en el 2021, Horacio debió haber golpeado la mesa y decir: ‘el líder soy yo’”, analiza ahora uno de los armadores. Y completa: “Por cuidar a todos los caudillos de Juntos casi que festejamos con vergüenza en el 2021. Nos escondimos después de haber ganado”, protesta.

Desde que se lanzó a la aventura presidencial, Larreta les decía a los suyos que no tenía plan B. Era la forma de convencerlos de que había que ir por todo, aún cuando las encuestas del último tramo de la campaña no fueran alentadoras. Ahora tampoco tiene otro plan: se pondrá a prueba su capacidad de resiliencia.

Tras asumir la derrota, Larreta juntó a su equipo y les dijo que su objetivo seguía siendo la presidencia. “Mis convicciones siguen siendo las mismas de siempre. Argentina necesita una mayoría amplia que surja del consenso y del diálogo para lograr cambios”, dijo. Él seguirá trabajando en esa avenida del medio que, por ahora, le dio poco rédito. Por lo pronto, el panorama abierto de las elecciones generales los mantiene expectantes.

Si Bullrich gana las elecciones, el período de reinvención de Larreta podría extenderse. Sin embargo, si a la candidata de Juntos por el Cambio le toca perder, tiene alguna posibilidad de convertirse en el nuevo líder de la oposición. De todas maneras, en su equipo aseguran que el alcalde porteño no especula: trabaja para que su coalición llegue al Gobierno. La edad juega a su favor: es que tiene diez años menos que Bullrich y siete menos que Mauricio Macri. Todavía puede esperar.

Interna.

Así como el objetivo de llegar a la presidencia está intacto, a pesar de la dura derrota en las PASO, a Larreta lo sigue moviendo el mismo fuego interior: quiere vengarse de Macri. El ex presidente, con quien se dieron la espalda hace tiempo, eligió a los candidatos ganadores: Patricia y el primo Jorge. Pegó un pleno en la misma jugada en la que al alcalde porteño le sacaron todas las fichas.

La relación entre ambos sigue rota. De hecho, la última vez que hablaron fue el día de las PASO, en el bunker de Puerto Norte. Aunque en el larretismo hacen una salvedad: “El problema siempre fue con Mauricio, con su primo no hay inconvenientes”, dicen.

Con el candidato de Juntos para sucederlo en el cargo aseguran que hay una buena relación, a pesar de los cortocircuitos. “La campaña de Jorge se hizo desde acá, desde la Ciudad”, indican para mostrarse colaborativos. Sin embargo, cuando los primos Macri se reúnen, hablan de él en forma despectiva. “El traidor”, lo apodaron.

Por otro lado, hay cierto regocijo en el larretismo por el trato que Macri le está brindando a Bullrich. Sienten que el ex presidente le está haciendo a la candidata de Juntos algo de lo que le había hecho a él. Que ahora el ex presidente va por ella.

Macri viene coqueteando con Javier Milei, el más votado de las PASO, desde antes de las elecciones primarias. En una entrevista anterior al 13 de agosto, elogió al economista liberal. Luego, todavía en la previa, el candidato de La Libertad Avanza contó que Mauricio lo había llamado para felicitarlo por la campaña. Y finalmente, tras las elecciones, los colocó en un pie de igualdad. Una traición en tres pasos que generó la furia de Bullrich.

Con la candidata de Juntos, la mesa chica de Larreta asegura que hay buena relación. Que se reunieron en una oportunidad y que hablaron por teléfono cuatro veces desde las elecciones. Pero admiten que les cuesta tener un feedback. Un ejemplo de eso es la reunión postergada de los equipos técnicos: iba a ser en la última semana pero, al cierre de esta edición, en Uspallata seguían esperando que se establezca día y hora del encuentro.

“El problema de Patricia no es con nosotros. Es que no termina de definir el eje de su propia campaña”, se consuelan en el larretismo. Pero el ninguneo que reciben de la ganadora de la interna les molesta. Son muchos en el PRO los que aventuran que, a menos que sea por una fuerte necesidad electoral, la candidata no le dará un lugar destacado a su competidor. Ni ahora, ni en un eventual gobierno.

En el búnker de campaña de Bullrich se encendió una alerta con la encuesta publicada por la consultora Opinaia en los últimos días. El trabajo analiza la transferencia de votos de las primarias e indica que, a esta altura, el 23% de los electores de Larreta estarían migrando hacia Milei. El efecto arrastre del ganador haría dispersar parte del electorado de Juntos.

Ahí está el primer desafío de Bullrich: antes de salir a convencer a los que no participaron en las primarias, tiene que retener los sufragios de la coalición. “Vote a Juntos por el Cambio”, le pidió Larreta a sus electores. Y prometió: “Dentro del espacio, yo voy a expresar las ideas por las cuales usted me votó”.

En el programa de Carlos Pagni, en una de sus primeras apariciones mediáticas tras la derrota, hizo público su apoyó: “Voy a trabajar para que gane Juntos por el Cambio, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que Patricia Bullrich sea presidenta, porque no creo en las posiciones extremas, en la agresión y en la violencia como forma de hacer política”. Todavía resta saber qué pretende la candidata de él. Por ahora, poco y nada.

Contactos.

Para embarrar la cancha, desde el Gobierno hicieron circular versiones sobre posibles contactos entre el jefe de Gobierno porteño y Sergio Massa, quienes tienen una histórica amistad. “Es todo mentira, conmigo no habló nadie”, se defendió el del PRO. Y agregó: “Además no lo haría, yo trabajo para Juntos por el Cambio”. De hecho, a quien desconfía, Larreta le muestra en su celular que el último mensaje que intercambiaron fue el día de las PASO, para saludarse por la elección fallida.

La versión, que comenzó a rodar en el ministerio de Economía, tenía que ver con que, en pos de provocar la derrota de Milei en las generales, el oficialismo y parte de la coalición opositora podían avanzar en un acuerdo. Para eso se habría generado el encuentro entre Juan Manuel Olmos, vicejefe de Gabinete, y un presunto enviado del jefe de Gobierno porteño. “Si alguien se reunió con un funcionario del oficialismo es un cuentapropista, no fue en nombre de Horacio”, lo defienden en su entorno.

Pero los puentes entre las segundas y terceras líneas serían fluidos, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde algunos dirigentes que fueron parte del larretismo podrían trabajar para Massa, en contra de los intereses de Bullrich y Néstor Grindetti, el candidato a gobernador de Juntos.

Desde las PASO, el alcalde porteño se vio obligado a bajar la intensidad del trabajo. Gran parte de la agenda, que había sido liberada para la campaña presidencial, hoy se ocupa en actividades barriales y reuniones con vecinos. Se evidencia en la mayoría de las gacetillas que el equipo de prensa de la Ciudad envía.

Por primera vez en mucho tiempo, tuvo un par de días de desconexión. Fue el viernes 23, cuando tomó un vuelo junto a su pareja, Milagros Maylin, rumbo a Santiago de Chile. En el paseo, de apenas dos días, consiguió no estar pendiente del teléfono.

Luego de dejar la gestión se va a ocupar de aspectos personales. En el orden de prioridades está recuperar tiempo para pasarlo con sus hijas, estudiar alguna carrera de posgrado y, por último, subir la cantidad de horas semanales de deportes. Correr y hacer natación, en principio, pero también jugar al paddle. No va a ejercer como economista ni consultor: su principal sustento económico será la empresa agropecuaria familiar.

Larreta trabaja en convencerse de que el error no fue él ni sus propuestas, sino que la sociedad reclamaba otra cosa. Llenó un álbum de apoyos políticos de dirigentes nacionales y provinciales, y ancló sus propuestas en generar consensos. Pero no funcionó: es tiempo del ala dura. “La victoria de Milei refleja el hartazgo de mucha gente con una política que no dio resultados”, analizó en una entrevista con Eduardo Feinmann. Pero agregó: “Yo no estoy de acuerdo en cómo se canaliza ese hartazgo. Seguiré buscando unidad y coaliciones”.

Desde el ostracismo tendrá que reconstruir su carrera para cumplir su sueño de llegar a la presidencia. Ahora tendrá mucho tiempo para pensar qué falló en su primer intento. Y sobre todo, cómo pasó de ser el candidato favorito de Juntos por el Cambio a quedarse con las manos vacías.

por Carlos Claá y Rodis Recalt

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