El “escudo crístico” es un pentáculo místico de alta magia, diseñado para la protección de energías negativas y el mal de ojo. Representa “el nombre de Jesús en los cielos”, en hebreo, siendo utilizado a menudo como objeto de descarga, para la sanación física y para resguardar el hogar. Se suele usar pegado al cuerpo, en formato de cadena o pulsera, y algunos exorcistas hasta lo usan en sus peleas contra el mal. De hecho, los especialistas en el mundo esotérico aseguran que para que funcione debe ser usado en total secreto, sin que nadie se entere. No es, para nada, el caso de Manuel Adorni.
Al jefe de Gabinete se lo regaló Karina Milei, veterana en el arte de las ciencias mágicas, alguien que ha encargado limpiezas energéticas en la Casa Rosada y que en su despacho tiene distintas piedras para protegerse de ataques esotéricos. Nadie que haya tratado a Adorni antes de llegar al Gobierno da cuenta de esta inclinación mística, por lo que no sería exagerado pensar que al otrora tuitero no le interesan tanto los poderes sobrenaturales del “escudo crístico” sino que tiene inclinaciones bien terranales: dejar ese cuadro en el medio de una foto que subió a sus redes -recibiendo al titular de la Sociedad Rural en su oficina- para aferrarse con uñas y dientes al cargo que por ahora ostenta, y que pende de un hilo. O, mejor dicho, que depende de la paciencia de la secretaria general, que ya ha dado pruebas de que no es infinita.
¿Fin? El 8 de marzo Radio Jay publicó la foto de Adorni en la tumba del rabino de los Jabad Lubavich. Fue ahí donde arrancó todo el derrotero: el periodista Emiliano Russo detectó a Betina Angeletti, la esposa del jefe de Gabinete, en ese viaje. Diez días después la situación era bastante más grave. Al vuelo presidencial junto a su mujer se había sumado otro privado a Punta del Este junto a un amigo, el periodista Marcelo Grandío, cuya productora tenía tres contratos con la TV pública y un programa en Radio Nacional (ambos medios dependen de Jefatura). Por si eso fuera poco, las distintas versiones e inconsistencias sobre el pago de esa escapada costera -que luego, entre la factura del viaje de ida que publicó el periodista Sebastián Lacunza y lo que declaró en la Justicia el piloto que vendió el de vuelta, se comprobó que ascendía a los 9 mil dólares- le agregaron temperatura al asunto. El 18 de marzo la diputada Marcela Pagano, que entró al Congreso por La Libertad Avanza pero luego fue señalada como enemiga por “El Jefe” y expulsada, reveló que Adorni había comprado una casa en el country Indio Cua en Exaltación de la Cruz.
En esos días Adorni tuvo dos reuniones clave. Una fue el 19 de marzo con el Presidente, en la Quinta de Olivos. Ahí, además de ofrecerle su renuncia, el funcionario le juró a Milei que no había ningún pecado más para revelar. Luego publicó una foto en sus redes, donde se mofaba -fiel a su estilo- de los que anunciaban su salida del cargo. El día anterior había tenido una conversación similar con quien corta los hilos en el Gobierno, la misma que le regaló el cuadro esotérico.
Sin embargo, la realidad pudo más que la voluntad de Adorni. El 20 de marzo este medio publicó que el jefe de Gabinete se había mudado a una casa en la calle Miró, en el barrio de Caballito, lo que volvió a hacer girar la rueda del escándalo. Días después él mismo confirmó en una fallida conferencia de prensa que ese departamento le pertenecía. El diario La Nación publicó los detalles. Adorni y su mujer compraron el lugar en noviembre de 2025, a un precio bastante menor al de mercado: 200 mil dólares por un departamento de 199 metros cuadrados, cuando el metro en esa zona está alrededor de los 2 mil dólares. La historia tiene un agregado muy particular: según lo que consta en el Registro de la Propiedad Inmueble, Adorni logró pagar ese departamento gracias a un crédito de US$ 200 mil, 50 por ciento de Beatriz Viegas, una jubilada de 72 años, y el otro 50 de Claudia Sbabo, de 64 años, empleada de una editorial. Pero algo no cierra, y no sólo la increíble generosidad de las señoras mayores: ante La Nación, Viegas negó siquiera conocer a Adorni. A eso se le suman los contratos de la empresa de su esposa, una coaching ontológica que en julio de 2024 abrió +BE consultora, con empresas como YPF. El jefe de Gabinete va a necesitar mucho más que un amuleto esotérico para cambiar su suerte.
Laberinto. La gran pregunta, al cierre de esta edición, es hasta cuándo va a durar Adorni en el cargo. El cumpleaños público que se organizó Karina Milei, con el regimiento de Granaderos tocándole canciones de ABBA en el Patio de las Palmeras, volvió a alimentar las dudas: la secretaria general juntó ahí a toda su tropa -los Menem, Pilar Ramírez y también a Diego Santilli- pero no a Adorni. Aunque en el círculo rojo varios hicieron la lectura de que la ausencia del funcionario en el festejo era una manera de ir soltándole la mano, para adentro el karinismo decía todo lo contrario: lo escondieron para alejarlo del escarnio y del ojo público con la idea de protegerlo. Por un lado, ese parece ser el modus operandi de la secretaria general -cuando fue el escándalo por las coimas en el Andis ella hizo lo mismo con “Lule” Menem-, y por el otro, crecen las versiones de que el funcionario está afectado “en lo personal”, un malestar que además habría sido incrementado por las manifestaciones que hubo en la puerta de su casa en Caballito y también en el country.
Aparece, también, otra lectura. Es una que indica que Karina Milei se siente en parte responsable de todo el affaire. Hay quienes conocen ese bando que aseguran que fue ella misma, en persona, quien invitó a Angeletti a subirse al vuelo presidencial y que es ella, y sólo ella, quien decide quién se sube y quién no a ese lugar tan restringido. Las dos mujeres habrían desarrollado, aparentemente, una íntima conexión, lo que además explicaría por qué la mujer de Adorni había sacado un pasaje a Nueva York para después terminar viajando en la comitiva oficial.
El peso de su propia conciencia no es, de cualquier manera, el principal problema de Karina Milei. La secretaria general, que hasta hace pocos años intentaba llegar a fin de mes mezclando sesiones de tarot con venta online de tortas, no tiene demasiado personal humano en el que confíe como para ocupar todos los ravioles del Estado. De hecho, como contó este medio, la hermanísima intentó copar la SIDE pero cuando su primera opción, el abogado Jorge Anzorreguy, le dijo que no, tuvo que frenar: no tenía a mano otra persona para arrebatarle la Secretaría de Inteligencia al caputismo.
Con Adorni pasa lo mismo. ¿Quién podría reemplazar a su mano derecha? Es una pregunta que adquiere otra profundidad cuando se toma en cuenta que en poco más de un año hay que tener definidos los candidatos para, en este caso, la Ciudad. Soltar al jefe de Gabinete equivaldría también a quedarse sin una alternativa concreta para ir en busca de la silla de Jorge Macri. Es decir: significaría casi bajar los brazos ante las cada vez mayores presiones de Patricia Bullrich para ocupar ese lugar. En la Rosada algunos entendieron como un dardo venenoso el regalo de cumpleaños de la senadora para la hermanísima: un enorme bolso. Cerca de la otrora ministra no disimulan el hartazgo que les produce tener que poner el rostro para la defensa pública de Adorni (ver recuadro).
Por otro lado, Santiago Caputo está convencido de que, más temprano que tarde, el jefe de Gabinete terminará dejando su lugar. Aunque a priori parecería que la salida de un karinista puro y duro como Adorni sería algo para que el estratega, golpeado por la interna, festeje, en la realidad es todo lo contrario: el “Mago del Kremlin” tiene buena sintonía personal con el tuitero, hay gente suya que trabaja en la Jefatura de Gabinete y hasta, dicen desde ambos bandos, ayudó todo lo que pudo para preparar la conferencia en la Rosada. No sólo eso, sino que, de irse Adorni, nada le garantiza que quien lo reemplace será mejor para su estabilidad en la interna. Los Menem son el principal temor, aunque, cuando se lo consulta, el estratega da a entender que piensa que Santilli terminará efectivamente ocupando ese cargo.
La moneda está en el aire. Aparece también un viejo dolor de cabeza para Adorni: una licitación sospechada de sobreprecios en la ex Télam, por un contrato de más de 1.000 millones de pesos de una empresa de limpieza y de seguridad. El área depende de él, además de que uno de los directivos, Pablo Ciocchini, es íntimo amigo del jefe de Gabinete. ¿Será la gota que rebase el vaso?















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