Martes 7 de abril, 2020

POLíTICA | 25-03-2020 18:35

Quiénes son los incondicionales de Alberto Fernández en la crisis

Quién es quién en el equipo de emergencia que armó el Presidente. Las críticas a Ginés González García.

Sentado en el escritorio de un aula de la Facultad de Derecho de la UBA, Alberto Fernández explica la teoría del delito para un grupo de estudiantes que lo escucha embelesado durante tres horas. Es 11 de marzo y la Organización Mundial de la Salud está por confirmar que el Coronavirus ya es una pandemia. Afuera reina la incertidumbre. Por la Casa Rosada no dejan de circular infectólogos y la oposición pide interpelar al ministro de Salud, Ginés González García, que acaba de reconocer que “no creía que el coronavirus iba a llegar tan rápido” a la Argentina.

Son 19 los infectados en el país por entonces. Ya hay un muerto. La situación internacional asusta y la indicación del Gobierno argentino todavía es poco clara para quienes acaban de llegar al país desde zonas de riesgo. Hasta el Presidente tiene audiencias con invitados internacionales aún sin suspender. Pero el profesor “canchero y didáctico”, según los alumnos, sigue con su caprichosa agenda de hombre común y hasta se queda para cumplir con cada una de las selfies que le piden al final de la clase. Son sus últimas horas de contacto social libre. Alberto está por comenzar la semana más difícil del (ya no tan) nuevo Gobierno y por debutar en cadena nacional. Todos lo miran. 

Bomberos. “Hice lo posible para no tener que convocarte, pero te necesito y te necesita la Argentina”, le dijo Fernández a González García en diciembre, cuando le encomendó restablecer el Ministerio de Salud eliminado por Cambiemos. “No hay tiempo para aprender. Vení y hacete cargo que vos todo lo sabés”, lo arengó el Presidente. 

Entonces, el apoyo fue unánime. El médico de 74 años que fue ministro de Néstor Kirchner volvió al Estado como “el mejor sanitarista del país” y siempre rodeado de ovaciones. Pero el avance del coronavirus lo tomó por asalto. “No creía que iba a llegar en verano, nos sorprendió”, fue la frase del propio Ginés que inquietó los ánimos el mismo día que el Presidente daba clases en la UBA. 

Desde entonces, el ministro se vio obligado a bajar el perfil. Y la comunicación se centró en la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, una reconocida profesional que comenzó a trabajar con Ginés en 2007 y formó parte de la cartera de Salud hasta 2016. “Es infectóloga y especialista en estos temas. Además, es clara y se convirtió en una muy buena vocera de forma natural”, explican en el Gobierno para minimizar los rumores sobre el desplazamiento de Ginés. Alberto mismo dejó en claro que no lo echa “ni loco” porque sólo “cometió el pecado de la honestidad”.

Muy pocos, en los pasillos de la Casa Rosada, se animan aún hoy a cuestionarlo. Quienes lo hacen, dicen que “está grande” y le critican la virtud por la cual lo convocaron: “Como es sanitarista piensa que el mayor problema es el dengue”. 

El malestar con Salud aumentó. Los problemas tuvieron que ver sobre todo con la comunicación y la agilidad de esa cartera para moverse en una situación de crisis. Por eso, el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, convocó de emergencia a un viejo conocedor de la comunicación oficial, cuyo último paso por la Rosada fue con Aníbal Fernández como jefe de Gabinete, Fernando “Canario” Coradazzi.

El nuevo integrante se sumó para reforzar el nexo con Salud y pasó a integrar la mesa chica de comunicación que se formó de urgencia en la Rosada, con el vocero presidencial Biondi, y el de Santiago Cafiero, Javier Porta. Son los encargados de gestionar la información sobre las medidas del Presidente y de decidir quiénes saldrán a explicarlas. Aunque aseguran que nadie tiene la palabra prohibida.

“Desde que se declaró la pandemia, la tarea fue centralizar y reforzar la comunicación”, describió a NOTICIAS un integrante de ese staff. Y también dejar en claro que hay un sólo referente en medio del caos: el Presidente. 

Piloto. Antes de que estallara la “fiebre” por el Covid-19, las reuniones interministeriales para seguir el avance del virus eran encabezadas por el jefe de Gabinete. “Cafiero le sugirió a Alberto que él se pusiera al frente”, cuentan en un despacho oficial. Pero el Presidente recién tomó dimensión del problema cuando la situación en Italia y España se fue de las manos. 

Al 12 de marzo, con 31 infectados en el país, el Gobierno había destinado $ 1.700 millones a combatir la pandemia y mostraba a un grupo de médicos instalado en Balcarce 50, pero nada era suficiente para calmar los ánimos. Con ministros ojerosos en los pasillos, convocatorias urgentes, protocolos en permanente actualización, reportes de infectados en alza y una creciente demanda social de información, Alberto preparó su primera cadena nacional. Muy lejos de la soñada. 

Con dos horas de retraso, finalmente apareció sentado en su despacho leyendo un mensaje grabado de seis minutos en el que anunció la firma de un Decreto de Necesidad y Urgencia que trabajó durante la tarde la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y que establecía: la ampliación de la emergencia sanitaria, la prohibición de vuelos provenientes de zonas de riesgo y la denuncia penal para quienes incumplieran el aislamiento obligatorio de 14 días. El discurso tuvo muchos supervisores: Cafiero, Biondi, el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, los asesores Juan Manuel Olmos y Alejandro Grimson. Y por supuesto, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, que se mantuvo siempre cerca de Alberto y hasta lo llevó a la capilla de la Casa Rosada para rezarle al Cura Brochero, el santo argentino que murió de lepra. 

“A cada ministerio que corresponde le asigné una misión”, lanzó Fernández para mostrar al Gabinete activo, y cerró con una frase antigrieta: “Somos la Argentina. Un país unido en el que cada uno debe comprometerse con los demás y todos con cada uno, empezando por el Estado”. Cuando la transmisión oficial terminó, el equipo celebró. 

“Alberto tuvo el tono correcto, llevó calma y el mensaje fue breve y contundente. Imaginate lo que hubiera sido con Macri o con Cristina”, comentaron cerca del Presidente. Hubo incluso quienes se ilusionaron con que Argentina se transforme en un ejemplo mundial sobre cómo frenar el virus. Y algunos analistas internos que vieron en la pandemia una posibilidad para que Alberto “encuentre su lugar” a tres meses de asumir, con la economía frenada y sin haber podido consolidar aún un liderazgo claro en la agrietada Argentina. 

El posicionamiento político del Presidente tuvo su segundo episodio el domingo 15, cuando apareció públicamente con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. La posibilidad de una segunda cadena nacional sobrevoló desde la mañana, alimentada por los dichos del propio Fernández, que deslizó la idea de una cuarentena generalizada en una nota radial. Pero ese formato le hubiera impedido mostrarse con los dos pesos pesados que lo acompañaron, en silencio, durante veinte minutos. Y no perdió la oportunidad.

Larreta y Kicillof habían participado antes de la tercera reunión interministerial que encabezó el jefe de Estado en Olivos. La cifra de infectados llegó ese día a 56, con dos fallecidos.

La foto que eligió Presidencia para comunicar ese momento fue aérea y permitió ver a Fernández al centro de una larga mesa, en la que ministros, asesores, médicos y varios funcionarios del área económica guardaron el metro y medio de distancia entre sí, recomendado para evitar el contagio. Para ese entonces, la orden era predicar con el ejemplo. Los funcionarios tardaron en incorporarlo, pero de a poco se mostraron saludándose con los codos, tomando café en vez de mate y respetando las distancias. 

Equipo. Pese al centralismo, en el Gobierno destacan que “Alberto está con la cabeza abierta y muy receptivo sobre el tema”. Con Cristina Kirchner, que visita a su hija en Cuba, llegó a hablar hasta cuatro veces por teléfono en un día. Pero recibe consejos desde todos lados. Tantos, que cayó en una fake news al decir en una radio que para combatir el Covid-19 era aconsejable tomar bebidas calientes. Falso.

“Alberto no quería suspender las clases, ni cancelar el fútbol, pero se terminó dando cuenta de que era lo mejor”, cuenta a NOTICIAS alguien que participó de la toma de decisiones. “Todo esto cambia día a día”, agrega otra fuente, que no descarta medidas más severas. ¿Un Estado de sitio? “No lo llamaríamos así desde ningún punto de vista porque tiene mala prensa, pero quizás algo parecido”. 

En cada nueva medida, el Gobierno saca a “jugar” a diferentes ministros. Nicolás Trotta para implementar las clases virtuales tras la suspensión presencial hasta el 31 de marzo; Mario Meoni para comunicar la restricción del transporte; Claudio Moroni al anunciar licencias laborales; Daniel Arroyo con un bono de $ 3.000 para planes sociales y jubilados de la mínima; Martín Guzmán y Matías Kulfas con un paquete económico para que el país no se frene mientras avanza la campaña #QuedateEnCasa.  

La contención económica es central. En el Gobierno están muy preocupados por el impacto de la pandemia en la sufrida realidad local. “Todavía es difícil de medir, pero va a pegar”, resumen con angustia en los pasillos. Guzmán lo explica con otras palabras: “Es fundamental que la gente se quede en sus casas porque necesitamos enlentecer la velocidad a la que avanza el virus. Pero resulta ser que la forma en la que el sistema económico está organizado requiere de circulación para que haya actividad económica, por lo cual tenemos que cambiar las condiciones para que haya producción, trabajo y abastecimiento”.

De perfil más bajo, Eduardo “Wado” De Pedro y Sabina Frederic recorren hasta las entradas más remotas al país para aumentar el control. “El cansancio es físico y mental, pero tenemos que abocarnos 24 horas a este tema y reprogramar otros que no son urgentes”, cuentan desde una de las carteras. 

En Cancillería, la situación es tanto o más estresante que en la Casa Rosada. A un ritmo de 10 mil llamados por día y 15 mil chats de WhatsApp, un call center ad hoc intenta repatriar a 23 mil argentinos varados en distintas partes del mundo. Las situaciones más complejas que con las que reniega Felipe Solá se dan en España y Estados Unidos, donde Aerolíneas Argentinas comenzó sus vuelos de “repatriación” el miércoles 18, al cierre de esta edición, cuando lo infectados eran 79, sin nuevas muertes.

Otro foco de reclamos llegó desde Perú. “Quedate tranquilo que los vamos a ir a buscar”, le prometió el Presidente a uno de los 300 varados en Cuzco, después de recibir un mensaje de auxilio en su teléfono personal. En el Palacio San Martín piden paciencia: “Va a llevar tiempo, son muchos trámites, hay que hablar con las aerolíneas, con embajadores”, describen. 

Pero el “Capitán Beto” les pide a todos un poco más y nadie quiere ser enviado cuarentena. 

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Daniela Gian

Daniela Gian

Periodista de política.

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