Política / 23 de octubre de 2018

El ultimátum de Carrió al Gobierno: el origen de su odio a Garavano

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Foto: Néstor Grassi

Uno de los diputados de la Coalición Cívica entra a su despacho en el edifico anexo del Congreso. Es uno de los diez que firmaron el pedido de juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano. Han sido días de furia para su partido, que por primera vez se enfrentó con tenacidad al presidente Mauricio Macri y a Cambiemos tras la embestida de su líder, Elisa Carrió.

Se sienta en su oficina, toma agua e ignora el celular. Le llegan llamados de números que no tiene registrados. Periodistas de todo el país quieren hablar con ellos para que les cuenten el detrás de escena de la obra que puso en jaque a la coalición gobernante. Ya no quiere seguir hablando, está cansado.

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Pero hay un llamado que lo saca de su letargo. En su Iphone se lee “Lela”. “Llama la reina madre”, dice con una sonrisa. Es la mamá de Carrió.

Preocupada por la salud de su hija, por el estrés galopante y por sus últimas declaraciones en las que habló hasta de la muerte, “doña Lela” decidió comunicarse con los colaboradores de extrema confianza de su hija para que le cuenten la verdad. “¿Cómo está ‘Lilita’?”, interroga.

Carrió es siempre una bomba a punto de estallar. Pero en esta oportunidad recortó la mecha y la sensación que dejó es la de haberse acercado peligrosamente al final. Caminó por la cornisa y en Cambiemos temieron lo peor.

El desencadenante del estallido sucedió el miércoles 3 de octubre, cuando Garavano declaró en la radio del periodista Roberto Navarro que “nunca es bueno para un país que un ex presidente esté detenido o se pida su detención”. Al enterarse de la frase del ministro, la diputada le pidió a una de sus colaboradoras que escribiera un mensaje de Twitter: “Estos dichos de Garavano son una vergüenza para la República y la división de poderes”, dijo. Y agregó: “Puede estar emparentado también con la impunidad de Menem en la Cámara de Casación. Si esto es así es pasible de juicio político”.

Faltaba un día para que se conociera el fallo que absolvería al ex presidente Carlos Menem de la causa por el tráfico de armas a Ecuador y Croacia. Desde ese momento, no habría vuelta atrás.
La bronca de Carrió con Garavano no es nueva. La diputada la arrastra desde hace dos años. Sólo faltaba un desencadenante como los dichos del ministro para hacerla manifiesta. “Yo no quise instalar el tema, ni lo tenía en agenda. Ahora que se la aguanten”, sentenció la diputada puertas para adentro.

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En el pedido de juicio político a Garavano mezcla lo que ella considera irregularidades en sus funciones y pasividad para dejar que Daniel Angelici, señalado por “Lilita” como un operador macrista en la Justicia, pueda seguir acumulando poder.

Carrió tensó la cuerda como nunca lo había hecho. No habla con Macri desde hace dos semanas, cuando tiró una bomba directo al corazón de la Casa Rosada. “Perdí la confianza en el Presidente”, aseguró. Macri la llamó tres veces y ella decidió no atenderlo. Hasta le puso plazo: “Tienen seis meses. Pido los cambios ahora, porque si lo hago en seis meses tenemos que romper”, les explicó a los interlocutores de Cambiemos que intentaban hacerla entrar en razones. ¿Qué pasará si en medio año, al borde de las PASO, todo sigue igual? Sólo ella sabe la respuesta.

Capitulación. Cuando el diputado Mario Negri supo que no había más alternativas, llamó a Carrió. La explosiva dirigente, cofundadora de Cambiemos, le había pegado un tiro en los pies a su coalición y no estaba dispuesta a aflojar. “Voy a presentar el juicio político contra el ministro Garavano, es uno de mis derechos como legisladora”, avisó.

Negri intentó negociar: “‘Lilita’, presentalo, pero sola. No nos pidas que te acompañemos”, le dijo el presidente del interbloque Cambiemos en la Cámara baja, uno de los preferidos de Carrió.

Con esa jugada, el dirigente radical consiguió un armisticio: no logró que la diputada dé marcha atrás, pero sí la convenció de que no iba a ser acompañada por ninguna firma de la UCR ni del PRO.

En el programa de Mirtha Legrand lanzó acusaciones contr Macri.

Finalmente el martes 16 a las 17.25 se presentó el proyecto final de juicio político en la mesa de entradas de la Cámara de Diputados. Está destinado al descanso eterno en una comisión que maneja Cambiemos y donde yacen plácidamente otros tantos pedidos.

Para Cambiemos, fue el punto final de un problema que no esperaban. “Siento tranquilidad de conciencia”, dijo “Lilita” tras ser informada de que el juicio político había ingresado. Y agregó: “Ahora la pelota está del lado de Macri, si se cansa me puede echar. Pero yo voy a esperar los cambios”. En el Gobierno confían en que sólo haya sido un berrinche y que el tiempo cure las heridas: dicen estar concentrados en la ley de Presupuesto y en el G20, que está a la vuelta de la esquina.

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Pero quienes conocen a Carrió creen que no va a aflojar. “No actuó en caliente. Está tranquila. Hace mucho tiempo que dejó de confiar en el ministro de Justicia”, aseguraron en el entorno. De hecho Carrió lo confesó públicamente: “Yo no le hablo a Garavano hace dos años”, dijo en una entrevista en La Nación Más.

El motivo tiene nombre y apellido: la abogada Mariana Stilman.
Todo comenzó en una cena en la que participaron el ex senador y ex titular de la Unidad Fiscal AMIA Mario Cimadevilla y Carrió, en la casa de Mariana Zuvic. “Me quedé sin abogado querellante en en el juicio por encubrimiento. ¿Tenés a alguien para recomendarme?”, pidió el dirigente radical. Y la diputada le ofreció a su abogada de confianza.

Pero la cosa no salió como esperaban. Stilman asegura que nunca pudo trabajar con libertad: que recibió innumerables presiones de parte del ministro Garavano para que no acusara a los ex fiscales que estaban imputados por el encubrimiento. Carrió cree que esa defensa se debía a la amistad manifiesta entre Garavano y los ex funcionarios judiciales.

Infografía: Fernando San Martín.

Marzo del 2017 fue el acabose. Según relata Cimadevilla, lo citaron a la ESMA para reunirse con el ministro. El ex titular de la Unidad Fiscal AMIA fue acompañado por Stilman, sin que Garavano supiera. Y cuando estaban esperando para verlo, el secretario privado del funcionario salió y le dijo: “¿Y? ¿Ya echaste a los abogados de la querella?”. La asesora jurídica de Carrió supo que no podía seguir en ese lugar. Y el nuevo letrado, José Console, terminó por pedir la absolución de los ex fiscales.

El destino llevó a Stilman de nuevo al despacho de Carrió, como su jefa de asesores. Y le dio una vuelta más a la intrincada historia: fue la encargada de redactar el pedido de juicio político a Garavano, el hombre que, según su denuncia, la empujó a renunciar.

Sería el primero y el más importante de los motivos que llevaría a Carrió a la enemistad con Garavano. Los otros argumentos del juicio político versan sobre las sospechas de manipulación en los concursos de jueces con la anuencia de Angelici y la contratación de la ex procuradora general María del Carmen Falbo.

Su estado. Carrió arrastra un sinnúmero de inconvenientes de salud que no paran de agravarse. Tiene diabetes, problemas coronarios y estrés, pero sigue comiendo, fumando y no descansando lo suficiente, como si estuviese bien.

“Yo últimamente no podía dormir, porque no le podía decir la verdad a la sociedad. Fue el año más difícil de mi vida personal, política y de salud”, confesó el martes 16 en su última entrevista televisiva.
La enfermedad de su hijastro Diego Benítez, que murió el 22 de agosto, a los 39 años la recargó de cansancio. Se ocupó de cuidarlo en sus últimas semanas y ahora la consume el luto. Diego era hijo de su segundo marido, pero ella lo consideraba propio.

Apenas dejó el centro del ring por unos días, pero rápidamente empezó de nuevo la batalla. “No puedo llorar todavía porque no tengo tiempo de hacer duelos personales. Quisiera una pastilla para llorar”, confesó en televisión.

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Carrió tiene muchos momentos de distensión, pero siempre con la gente del entorno político. En Corrientes, por ejemplo, se tiró en su habitación de hotel a mirar una película de investigación policial en TNT. Su picante frase contra el Presidente, sobre la pérdida de confianza, estallaba en los medios de comunicación, pero ella estaba en otra cosa.

-“Lilita”, hay un lío en Buenos Aires… -llegó a decirle Mariana Zuvic, pero ella la corrió.
-No ves que estoy mirando la televisión y comiendo chipá. ¡Son adictivos! -retrucó.

“No sabe cortar”, dicen en su entorno. Pero ellos también son grandes responsables de que nunca se desconecte. Y tampoco encuentra con quién: ella misma confesó que prefirió divorciarse de su marido por los riesgos que corrían con las constantes amenazas que recibían.

Días atrás, saliendo del Banco Nación de Resistencia, un policía la paró y le dijo: “Saludos a su hijo ‘Nacho’”. Ignacio, el menor, acababa de recibirse de abogado: “¿Y vos cómo lo conocés?”, preguntó extrañada Carrió. “Yo fui custodio de él cuando tenía tres años”, respondió el efectivo policial.

La sorpresa impactó a la diputada. “Toda una vida con custodios”, le dijo a un legislador de su entorno. “’Nachito’ estaba fascinado con ellos. Comía con los policías en el quincho y decía que quería ser oficial de grande”. Pero poner en riesgo a los suyos hizo que “Lilita” se alejara: “Por hacer esta lucha me quedé sola. El precio es la soledad”, aseguró.

Por eso, su refugio máximo es la fe en Dios. Esa que encontró en la década del ’90, tras la muerte de su padre y de su hermano. Dejó el agnosticismo y se volcó de lleno a la religión. Incluso, llegó a afirmar los últimos días que si no fuese por la eucaristía diaria, esa que un cura amigo le da todos los días en su casa de Exaltación de la Cruz, se hubiese suicidado . La frase no sorprendió a su entorno. “Es que la escuchamos muchas veces”, admiten.

Puertas adentro. Las grietas internas desconciertan, tanto a Cambiemos como a la oposición. En ambos bandos hay quienes están convencidos de que estos hechos les convienen y otros que no.

Fueron muchos los oficialistas que volvieron a protestar por una nueva rebelión de Carrió. Incluso hicieron llegar a oídos de sus “lilitos” las críticas: “Mirá el momento social y económico en el que se le ocurre sumar otro problema”, protestó un dirigente ante un diputado de la Coalición Cívica. “¿Y qué preferías? ¿Que lo haga en campaña?”, respondió el otro.

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Sin embargo, hay otra postura que tiende a suavizar el problema: “Es mejor ocupar el centro de la escena. Aunque nos peleemos entre nosotros, pero los sacamos de plano a los peronistas”, analizan otros dirigentes.

La misma división se encuentra en la oposición: están los que se divierten con los tiros en los pies de Cambiemos y confían su ruptura. Pero otros se quejan: “Con estas peleas tapan los problemas reales: informaron que hubo 6,5% de inflación en septiembre y todos estamos hablando de Carrió. ¡Una locura!”, protesta un peronista.

En la Casa Rosada niegan de plano que lo de “Lilita” haya sido una estrategia. De hecho la comunicación con la diputada no tiene la misma fluidez que en otros tiempos: se fue del Gobierno Mario Quintana, quien era el encargado de darle contención, y ahora se comunica con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Pero sin la intensidad de otros tiempos. Carrió se ocupó de dejar en claro que no le había gustado el cambio: “Se fue el mejor”, dijo públicamente.

Hasta uno de los cerebros jurídicos de Cambiemos, el abogado Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, tuvo conflictos con ella. Porque la diputada, que hablaba con frecuencia con el letrado, lo puso contra las cuerdas: “Garavano no existe. La Justicia la maneja Angelici o ‘los pepines’”, dijo en el medio de su verborragia. Desde ese momento, el abogado dejó de atenderle el teléfono a la diputada, que llama para congraciarse.

En el Gobierno, además, se quejan de lo difícil que es comunicarse con Carrió. En su casa del country Chacras de la Cruz apenas tiene señal. “Si vas a un cuarto hay wifi, pero en el otro no. Es un lío”, comenta alguien que la visita con asiduidad. Para solucionar el problema intentaron de todo: pusieron un router que llama la atención de cualquier visitante porque está en el baño, al lado del inodoro. Pero ni siquiera eso solucionó el inconveniente.

Carrió está en su peor momento. Así lo confiesa ella. Incluso atentando contra sus propios valores fundamentales, por los que dice desvivirse. En el entorno de uno de los jueces que firmaron la sentencia que absolvió al ex presidente Carlos Menem denuncian ante NOTICIAS: “Ella, que habla de transparencia e independencia en la Justicia, en la semana anterior al fallo del caso Menem llamó a un colega para presionarlo”.

“Lilita” quedó aislada con sus últimos movimientos. Más que nunca. “Yo lo quiero mucho al Presidente, pero mucho. Y estoy herida en el alma porque creo que él no tiene derecho a hacerme esto”, derrapó en su último intento de bajar las tensiones.

Según confesó, nunca estuvo tan mal en su vida, en su salud y en la política. Y eso puede hacer implosionar a Cambiemos.