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Sociedad / 17 de abril de 2019

Niños vegetarianos: el nuevo veggie baby boom

Por

china suarez
Debate. La actriz, que es vegetariana hace 6 años, contó que optó por lo mismo para su hija de un año y generó controversia.

En más de una ocasión, Eugenia “China” Suárez estuvo en el ojo de la tormenta por sus conflictos amorosos. Ahora, otra vez quedó envuelta en una polémica pero por su hija más pequeña, Magnolia. En el programa de Mirtha Legrand, contó que su beba de un año lleva una alimentación vegetariana y las críticas no tardaron en llegar. Sin embargo, no es la única ni la primera que toma esta decisión. Los hijos de Agustina Cherri, de 7 y 10 años, son vegetarianos por convicción de sus papás. Y Marcela Kloosterboer intentó lo mismo con su hija, pero sólo lo logró hasta los 18 meses.

“Veo mucha ‘moda’ impulsada por referentes del espectáculo, muchas mamás famosas muestran cómo eligen para ellos su propia forma de alimentación. Si fuera vegetariana no le excluiría a mi hijo de un año el 100% de los productos de origen animal, hasta que él pueda elegir”, analiza Noel Argüello, licenciada en nutrición. Pero aclara que con información y un buen seguimiento profesional, es un patrón alimenticio que tiene beneficios a nivel salud.

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El plan alimentario. En cuanto a nutrientes, el plato ideal para niños vegetarianos es el mismo que para omnívoros: necesitan carbohidratos, grasas y proteínas. Estas últimas, en vez de consumirse de una fuente animal –como pollo, carne o pescado–, se obtienen de legumbres: porotos, lentejas, garbanzos, semillas. La principal diferencia está en los tipos de alimentos que consumen y en el tiempo de preparación que implican. Las opciones para ellos son más naturales pero a la vez obligan a pensar en la cocina.

Sin claudicaciones. Sus hijos son vegetarianos desde que nacieron. Incluso, hasta los
3 años llevaron una estricta

“Conlleva toda una elaboración. Con un bebé o un chico vegetariano va a haber que trabajar más con las comidas para adecuarlas en cantidad y en consistencia para que sean más fácilmente asimilables. Por ejemplo, un menor de 5 años no puede comer una nuez. Tampoco se le puede dar milanesa de soja todos los días y en menores de 2 años no es recomendable que usen alimentos integrales porque absorben menos los nutrientes”, explica Patricia Jáuregui Leyes, médica pediatra de la Sociedad Argentina de Pediatría. En ese sentido, todas las legumbres y frutos secos deben estar procesados en forma de pasta o hummus.

También hay que acompañarlas con cereales como papa, quinoa y polenta; y con grasas saludables, esenciales para el desarrollo del cerebro de los más chicos, como palta y aceite de canola –que contiene omega 3, 6 y 9–.

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La gran falencia de esta alimentación es la vitamina B12, que los especialistas denominan “el nutriente crítico”. Al estar sólo en el reino animal, los niños vegetarianos carecen de ella. Por eso debe ser suministrado con una dosis semanal como suplemento. “En un niño omnívoro también hay que estar pendiente, pero con que coma muy poquita cantidad de carne, por ejemplo, ya sé que le estoy cubriendo un montón de nutrientes. Acá se obliga a preparar la comida en casa, a remojar mucho tiempo las legumbres, a variarlas, a combinarlas con otros alimentos y a consumir frutos secos todos los días para cubrir la necesidad calórica. Además, hay que seguir dándoles de mamar hasta los 2 años”, detalla Jáuregui Leyes.

Vegefobia. La Academia Americana de Nutrición afirmó que “las dietas vegetarianas correctamente planificadas, incluidas las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables y nutricionalmente adecuadas y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades”. Además, aseguraron que son apropiadas para todas las etapas, incluidos el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia. Sin embargo, todavía hay reticencia a aceptar este tipo de alimentación, tanto a nivel social –materializado en la polémica que generó la decisión de Suárez– como profesional.

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”Hay mucha discriminación desde los profesionales, algunos les dicen a los padres que son irresponsables por permitir el vegetarianismo y creo que en parte tiene que ver con una cuestión cultural: Argentina es el país de las carnes. A la vez tiene que ver con una formación donde se manejan conceptos que ya son viejos”, señala Marcela Manuzza, nutricionista y directora del Posgrado de Nutrición Vegetariana y Vegana de la Facultad de Medicina de la UBA.

Intento fallido. Desde la panza quiso que su hija fuera vegetariana y lo logró hasta sus 18 meses, cuando probó carne.

¿Necesidad biológica o adicción cultural? Cuando Marcela Kloosterboer quedó embarazada prometió inculcarle a su hija un estilo de vida vegetariano: “No le voy a dar carne. Le voy a llenar muchísimo la cabeza para que no la coma. La voy a llevar al campo para que vea a las vaquitas”, sentenció en una entrevista durante esa época. Sin embargo, las cosas tomaron otro rumbo y a los 18 meses Juana, su pequeña, probó carne: “Le encantó y ahora la pide”, comentó. La misma suerte corrió Nicole Neumann. Aunque intentó que sus hijas fueran vegetarianas, las niñas son fanáticas del asado. Manuzza explica que no hay ninguna necesidad biológica hacia alimentos; sino que es hacia los nutrientes.

“Los chicos que son vegetarianos no van a comer carne fuera de casa porque está muy arraigado dentro de la familia, y no se ven tentados a hacerlo. Si hablamos de ultraprocesados, seguro los van a comer en un cumpleaños. Mientras quede en un consumo ocasional no es mayor problema. A nosotros nos define lo que comemos todos los días: ahí hay que buscar alimentos reales y enteros, que es lo que realmente nos va a nutrir”, concluye Manuzza.