Tuesday 16 de July, 2024

CULTURA | 23-06-2024 08:23

Entrevista con Jon Fosse: “Cuando escucho hablar al Papa siento que es de izquierda”

Recibió el Premio Nobel de Literatura de 2023. Tiene 64 años, nació en Noruega, es dramaturgo y novelista y cree que la literatura salva vidas.

Al escritor noruego Jon Fosse, 64 años, Premio Nobel de Literatura en 2023, no le gustan las aglomeraciones. Fue esa aversión a las multitudes la que lo hizo cambiar el lugar de la entrevista que nos concedió, en Oslo. Unos pocos días antes del encuentro, envió un mensaje pidiendo que el agitado centro cultural cercano al Parque del Palacio fuera reemplazado por un restaurante tranquilo, a pocos metros de distancia. “Como me volví alguien conocido, iba a ser muy complicado”, explicó Fosse cuando se sentó en la mesa. “Aquí va a ser más tranquilo”.

Fosse escribe en “nynorsk”, una de las variantes del noruego, derivada del noruego tradicional (la otra variante, más utilizada, es el bokmål, emparentado con el danés). Primero tuvo éxito en el teatro y más recientemente en la narrativa. La mayoría de sus novelas ya se publicaron en español.

La charla con él fue en inglés y aquí están lo principales momentos.

Jon Fosse

Periodista: En su discurso de aceptación del Nobel usted describe su infancia como quieta e introspectiva. ¿Cómo se transformó ese silencio en literatura?

Jon Fosse: Cuando era adolescente tocaba la guitarra en una banda. Después, dejé de hacer música y hasta de oirla. Entonces empecé a escribir. De alguna forma intenté recrear en la escritura lo que experimentaba en la música. Para mí, la escritura es un tipo de música. Pero la música y el silencio son, en cierta forma, opuestos. Es lo que yo llamo “lenguaje silencioso”. Al escribir, el verdadero significado no siempre es lo que está escrito en la página. Hay algo más, un lenguaje oculto entretejido en las palabras. Es como crear una conversación silenciosa.

Periodista: Entonces, usted estuvo de acuerdo con el Nobel que se le concedió a Bob Dylan en 2016.

Fosse: También estoy de acuerdo con Bob Dylan. Aunque él nunca lo declaró explícitamente, sus acciones en relación al Nobel fueron muy expresivas. Ignorar las llamadas del comité, mandar su discurso a último momento y aceptar el premio en una ceremonia privada después de un show, todo eso sugiere un rechazo silencioso. Rechazar es un verbo fuerte, pero Dylan consiguió ese efecto sin decir una palabra. Tomó el dinero y volvió a su negocio: hacer shows y vender productos en su sitio web, junto con colecciones de poesía. Recuerde que hasta adoptó el nombre artístico del poeta Dylan Thomas. Tal vez pensase que el premio debería haber sido para un verdadero poeta y no para un compositor como él.

Jon Fosse

Periodista: ¿El Nobel le dio más impulso a su carrera?

Fosse: Lo que vino después del Nobel ha sido enorme. Hubo tantas traducciones que perdí la cuenta. Y los libros empezaron a venderse muy bien. Eso fue inesperado para mí.

Periodista: ¿Valió la pena obtenerlo?

Fosse: Durante por lo menos 10 años hubo muchas especulaciones sobre mi candidatura, en diarios y hasta en portales del apuestas. Eso alimentó en mí la idea de que tal vez lo ganara. Pero me corroía el miedo. Banquetes, grandes fiestas, los detesto. Pero el deseo era innegable. Todo escritor desea el Nobel, la cúspide del reconocimiento literario. Existen premios regionales (el Büchner en Alemania, el Booker en Inglaterra) pero el Nobel trasciende a todos porque es mundial, el sueño de cualquier escritor. Por lo menos, tiene ese prestigio.

Periodista: ¿Llegará el día en que el trabajo del escritor pueda ser reemplazado por la Inteligencia Artificial?

Fosse: Lo que me impresionan son las traducciones. Las inteligencias artificiales traducen hasta en mi lengua, el nynorsk, de una forma impresionante. El resultado es gramaticalmente correcto y se obtiene rápido. Pero cuando le pedí a la IA que escribiera un texto con mi estilo, fue horrible. Eso dice algo sobre las limitaciones y posibilidades de la IA. Puede hacer cosas más mecánicas, como traducir. Para eso es geniales. Pero hay otra dimensión en el arte y la literatura, que es la creatividad. No tiene que ver con la cantidad sino con la calidad. Existe un tipo de literatura, el policial, que podría ser hecha por mecanismos como la IA. Pero no es capaz de escribir literatura seria. Eso es imposible, porque para eso no hay reglas.

Jon Fosse

Periodista: ¿Por qué escribe en “nynorsk”, que es una lengua minoritaria en Noruega?

Fosse: Aprendí “nynorsk” en la escuela. Es mi idioma y lo uso, aunque lo hable solo una minoría. La ventaja es justamente esa. No se usa tanto. No se usa en comerciales, por ejemplo. Si una cosa es usada y usada y usada, se transforma en una especie de cliché. Por eso, tiene una frescura y una claridad que hace más fácil escribir buena literatura con ella que con una lengua mayoritaria.

Periodista: ¿Influye en usted el contexto político de hoy, con la vuelta de la extrema derecha a los países de Europa y la sombra de Trump en los Estados Unidos?

Fosse: Me convertí en un joven consciente en los años '70, en Noruega. En esa época teníamos un grupo marxista-leninista. Había también maoístas, eran muy fuertes en el campo cultural. No tenían poder en la sociedad, pero sí en el campo literario. Y eran dogmáticos. Querían que el escritor hiciera una literatura social y realista, como en las sociedades marxistas o comunistas. Si no lo hacías, eras excluido. Esto me volvió resistente a la literatura política explícita. La literatura que intenta convencer a las personas de alguna cosa o que intenta ser política de una forma muy directa no es buena literatura.

Jon Fosse.

Periodista: ¿Y cómo describiría la literatura que usted hace?

Fosse: Casi siempre escribo sobre desconocidos, sobre personas extrañas. Esa es mi gente. Los extranjeros. Y sobre el lugar al que pertenecen en este escenario político. Pero pienso que en un mundo feo, una literatura pura, que simplemente es literatura, no puede ser algo malo.

Periodista: ¿Por qué se convirtió al catolicismo?

Fosse: Yo no tenía ninguna creencia. Pero me consideraba marxista y era ateo, a la manera tradicional de los intelectuales. Lo que me convenció, lo que me sacó de esa posición fueron las experiencias con mi propia escritura. Me siento, escribo y escucho alguna cosa. Simplemente pasa. Nunca hablo sobre mi propia vida ni hago investigaciones. Escucho algo y comienzo a preguntarme de dónde vino, qué está sucediendo, cómo hago para escribirlo, qué es. Pero no puedo explicarlo. A partir de ahí tuve que aceptar la existencia de una zona espiritual de la vida. Cosas invisibles, como dice la tradición católica. Freud tal vez lo llamaría inconsciente. Pero no es inconsciente. No está dentro de mí. Está afuera. Esa es mi verdadera experiencia. Uno no puede negar lo que experimenta realmente, estaría mintiéndose y mintiendo a los otros. Desde ahí, dejé a Marx atrás y comencé a leer en ese otro sentido.

Periodista: ¿Cómo es su experiencia como católico hoy?

Fosse: Dios está cerca y lejos. Muy, muy lejos y muy, muy cerca. Lo extraño fue cuando comencé a ingresar en la comunidad católica. La práctica de la Eucaristía me hizo creer en Cristo, no la historia en sí o la Biblia. Decidí pensar en mí mismo como católico. Trato de ir a misa una vez por semana, no necesariamente los domingos.

Jon Fosse

Periodista: ¿Entonces, ya no se considera más de izquierda?

Fosse: Todavía soy de izquierda pero no soy materialista. Pero todavía se puede aprender mucho del marxismo. Cuando escucho hablar al Papa, por ejemplo, siento que es de izquierda. Las ciencias que tienen una base materialista, un fundamento, nos dieron mucho conocimiento y continúan dándolo. No niego eso. Pero hay otra dimensión de la vida. No se puede explicar la música de Bach desde el materialismo. Tengo la certeza de que es imposible. Pero hay cuestiones en las que no estoy de acuerdo con la izquierda.

Periodista: ¿Escribir puede salvar vidas, como afirmó en su discurso de aceptación del Nobel?

Fosse: Comencé a escribir a los 12 años. Encontré un lugar dentro de mí, un lugar secreto al que está ligada mi escritura, sobre el que nada sé ni quiero saber. Escribí pequeños poemas y pequeñas historias a esa edad. Eso sucedió hace 50 años. Creo que ese lugar que me abrigaba y me escondía. En cierta forma, me dio una especie de paz necesaria para sobrevivir. Si no hubiera bebido mucho. La mitad del día escribía y el resto, tomaba. Si no escribía, podía estar tomando todo el día. Dejé de beber por completo en la misma época en que me convertí. Entonces, hasta cierto punto, la misa tomó el lugar del bar y el alcohol en mi vida.

 

Alessandro Giannini (Desde Oslo).

 

Fuente: Revista VEJA.

 

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por Alessandro Giannini

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