Viernes 24 de septiembre, 2021

CULTURA | 12-07-2021 20:16

¿Quién fue Alberto Greco, el artista más provocador de los '60?

Fue uno de los artistas más originales de su época. Una retrospectiva en el Museo Moderno recorre sus obras y performances.

Breve e intensa, la vida del irreverente Alberto Greco (Buenos Aires, 1931-Barcelona, 1965) está definitivamente ligada a su arte. Así, con muchas de sus obras tempranamente atravesadas por gestos radicales -haciendo suyas algunas de las premisas del Pop Art y del arte conceptual-, el artista sacudió el escenario de Buenos Aires a comienzos de los años ’60. Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Cultura de la Ciudad) lo celebra en “Alberto Greco: ¡Qué grande sos!”, su primera retrospectiva producida en la Argentina. Greco fue un “catalizador del arte contemporáneo en la Argentina, (…) que generó una gran apertura del horizonte artístico para todas las décadas que le sucedieron”, dice Victoria Noorthoorn, directora del Moderno.

Alberto Greco

La exhibición, distribuida en dos salas, se basa en la investigación sobre Greco realizada por Marcelo E. Pacheco y María Amalia García, inicialmente plasmada en un libro junto a textos de otros autores, publicado por el Museo en 2016, y ahora reeditado. Precisamente, Pacheco y García (entretanto, designada directora artística de Malba), junto a Javier Villa, son los curadores de la muestra, cuyo nombre remite a carteles publicitarios que rezaban “Alberto Greco ¡Qué grande sos!” y “Alberto Greco. El pintor informalista más importante de América”. En noviembre de 1961, Greco hizo imprimir los afiches y contrató a alguien para pegarlos en Corrientes y Libertad. Las fotos de Sameer Makarius, que registró la acción, se conocieron recién en 2006 y solo existen dos juegos originales de gelatina de plata: uno pertenece a Del Infinito (ver recuadro).

El excelente y ágil montaje, diseñado por Daniela Thomas, Felipe Tassara e Iván Rösler invita a caminar entre las obras y al encuentro inesperado con aristas del trabajo de este gran provocador. Se inicia con una puesta que repite una versión colorida del afiche publicitario que, como advertirán los memoriosos, se apropia de un verso de la Marcha Peronista: “¡Qué grande sos!”. Entonces, Greco osa remitir con sus carteles al entonces prohibido General Perón. No adhería a sus ideas; pura mordacidad. Greco también estaba interesado en la comunicación, después de todo, tras sus inicios tachistas e informalistas, pretendía que su trabajo se acercara a lo popular, fuera comprensible y acortara la brecha entre la vida y el arte.

Alberto Greco

El Moderno presenta más de 100 piezas originales, reconstrucciones de sus acciones y lo que denomina “episodios ciegos” -desarrollos performáticos importantes en su trayectoria artística, que solo permanecen en la memoria de testigos-, recreados aquí por artistas contemporáneos convocados por el Museo. La muestra en planta baja está organizada en tres núcleos: “Viva el arte vivo” (Greco como creador de universos a través del trazo, dibujo, escritura, el “vivo dito”, que señala y firma en celebración de lo real); “La pintura è finita” (la pintura terminó) que irónicamente reúne sus pinturas negras; “La orden de Greco”, subrayando acciones comunitarias y su inconformismo con convenciones culturales.

En una sala en penumbra del primer piso se exhiben escenográficamente fotos, registradas por Monserrat San María, de sus acciones en Piedralaves, donde pasó unos meses y escribió y dibujó el Manifiesto-Rollo del Arte-Dito. Impresas en gran tamaño, las imágenes dan cuenta de su delirio e imaginación.

Alberto Greco en El Moderno

Artista nómada, viajó por el país -con exhibiciones rodantes generadas por Rafael Squirru, fundador del Moderno- y se instaló inicialmente durante dos años en París a partir de 1954, luego visitó Arlés y Londres, Río de Janeiro y San Pablo, Edimburgo, vivió en París (nuevamente), Génova -aquí redactó el Manifiesto del Vivo-Dito-, Roma, Madrid, Nueva York, Ibiza, Barcelona. En todas esas ciudades presentó su obra, se vinculó con artistas locales, expandió la noción de obra de arte -como cuando en las calles de París en 1962 comenzó a señalar personas u objetos reales en la vía pública-, escandalizó y finalmente se suicidó a los 34 años, por los vaivenes de su amor con el poeta chileno Claudio Badal.

Greco en Italia

Galería del Infinito presenta “La Pittura e Finita. Poses e imposturas de Alberto Greco en Italia”, con curaduría y texto de Fernando Davis. Despliega 24 fotografías inéditas tomadas por el italiano Claudio Abate de performances de Alberto Greco en suelo romano, entre julio de 1962 y enero de 1963. Allí, realizó nuevos graffiti en los muros y señalamientos “vivo-dito”, volvió a vestirse de monja, como un año antes en Buenos Aires. Escribió y protagonizó como San Juan “Cristo 63”, obra teatral bizarra (en la que, presuntamente, orinó sobre el público) que renegaba de la historia oficial de la Iglesia Católica. Aquelarre y cierre intempestivo de la pieza. Greco huyó de Italia. Del Infinito también difunde el imprescindible libro “La aventura de lo real. Escritos de Alberto Greco” (Ediciones Julián Mizrahi), con apoyo de Mecenazgo e investigación y producción de Paula Pellejero y Eduardo Pellejero. 

 

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Victoria Verlichak

Victoria Verlichak

Crítica de arte.

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