La sociedad tiene un patrimonio propio, distinto del de las personas que la integran. Por eso, que haya dinero en la cuenta bancaria no significa que los socios puedan transferírselo a sus cuentas personales y utilizarlo como propio.
Esto no significa que los socios no puedan retirar fondos. Significa que esos movimientos deben responder a una estrategia alineada con un encuadre jurídico, contable e impositivo.
Un socio que además trabaja en la empresa puede percibir una remuneración. En determinadas estructuras puede corresponder el pago de honorarios por funciones de administración o dirección. Y cuando existen utilidades distribuibles, los socios pueden recibir dividendos. Cada alternativa tiene características y costos fiscales diferentes.
Incluso los honorarios requieren planificación. Para la sociedad, la posibilidad de computarlos como deducción en el Impuesto a las Ganancias está sujeta a límites y condiciones establecidos por la normativa. Por lo tanto, no siempre el importe que la empresa paga será íntegramente deducible.
También puede ocurrir lo contrario: que el socio necesite disponer de fondos durante el ejercicio y se instrumenten anticipos o adelantos. En estos casos, la forma de documentar y contabilizar esos movimientos resulta fundamental para evitar que lo que inicialmente parecía un simple retiro termine generando un problema contable o fiscal.
Una sociedad debería pensarse no solamente desde el momento de su constitución, sino también desde su funcionamiento cotidiano: cuánto necesita reinvertir, cuánto necesita conservar como capital de trabajo, cuánto pueden retirar sus socios y cuál es la forma más eficiente de hacerlo.
La planificación financiera e impositiva permite justamente poner estas variables en una misma mesa. El objetivo es que la forma en que circulan los recursos entre la sociedad y sus socios sea eficiente, previsible y fiscalmente adecuada, sin perder de vista las necesidades financieras de la empresa y de quienes la integran.
La estrategia tampoco es necesariamente la misma para todas las sociedades. Depende de sus resultados, del nivel de liquidez, de las funciones que cumplen los socios, de sus necesidades personales y de la proyección de la empresa.
Por eso, una de las conversaciones más importantes entre los socios y su contador debería darse mucho antes de que aparezca el primer excedente de caja: ¿qué hacemos con el dinero que genera la sociedad?
Porque constituir una empresa es separar jurídicamente el negocio de las personas. Y aprender a administrar esa separación también forma parte de hacer empresa.
Marcela Di Giano – Contadora Pública
CPCECABA T350 F41
@contadora_marceladigiano
por CONTENTNOTICIAS















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