Monday 15 de July, 2024

SALUD | 01-09-2023 12:35

Cuáles son los 10 mitos nutricionales

Diversos especialistas en nutrición desmitificaron algunas creencias globales sobre la alimentación.

Los alimentos sin grasa son más saludables que los ricos en grasas o que las dietas vegetarianas son bajas en proteína son solo algunos de los mitos que se ha difundido en tiempos donde la alimentación saludable es importante. The New York Times indagó, junto con un grupo de especialistas en nutrición y académicos, en las falsas creencias que persisten en la sociedad global. Son creencias generalizadas que se encuentran en pleno auge, porque el interés por la nutrición cada vez es mayor en todo el mundo.

 Las frutas y verduras frescas son siempre más saludables que congeladas o en conserva

verduras

Probablemente, se trata de una de las creencias más extendidas. Aquello de que lo fresco siempre es mejor ha sido desmentido por una investigación que ha revelado que las frutas y verduras congeladas, enlatadas y secas pueden ser tan nutritivas como las frescas.

“También pueden ser un ahorro de dinero y una manera fácil de asegurarse de tener siempre frutas y verduras disponibles en casa”, afirmó Sara Bleich, directora de seguridad nutricional y equidad en la salud del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, además de profesora de políticas de salud pública en Harvard TH.

“Sin embargo, algunas variedades enlatadas, congeladas y secas contienen ingredientes poco interesantes como azúcares añadidos, grasas saturadas y sodio”, agregó Bleich, por lo que debemos asegurarnos de leer las etiquetas de información nutricional y optar por productos que reduzcan al mínimo esos ingredientes.

Todas las grasas son malas

Cuando los estudios publicados en la década de los cuarenta encontraron correlaciones entre las dietas ricas en grasas y los niveles altos de colesterol, los expertos razonaron que si se reducía la cantidad de grasas totales en la dieta, disminuiría el riesgo de enfermedad cardíaca. En los ochenta, los médicos, la industria alimentaria y los medios de comunicación informaron que una dieta baja en grasas podría beneficiar a todo el mundo, aunque no existían pruebas sólidas de que hacerlo pudiera prevenir problemas como enfermedades cardíacas u obesidad.

Vijaya Surampudi, profesor asistente de medicina en la Universidad de California, Los Ángeles, declaró que el estigma hacia las grasas llevó a muchas personas a reemplazar las calorías de este macronutriente con las de los carbohidratos refinados. “En lugar de ayudar al país a mantenerse delgado, las tasas de sobrepeso y obesidad aumentaron significativamente”, explicó.

Algunos tipos de grasas, como las saturadas y trans, pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas o derrames cerebrales. Sin embargo, las grasas saludables, como las monoinsaturadas (que se encuentran en los aceites de oliva y otras plantas, los aguacates y ciertas nueces y semillas) y las poliinsaturadas (presentes en los aceites de girasol y otras plantas, nueces, pescado y semillas de lino), en realidad ayudan a reducir ese riesgo.

Las personas con diabetes tipo 2 no deben comer fruta

fruta

Este mito proviene de los jugos de fruta, que pueden elevar los niveles de azúcar en sangre debido a su alto contenido en este ingrediente y a la baja presencia de fibra. Sin embargo, los estudios han descubierto que esto no es aplicable a las piezas de fruta enteras. Se ha observado que aquellos que las consumen una vez día, particularmente arándanos, uvas y manzanas, tienen un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Otras investigaciones sugieren que, si ya se tiene diabetes tipo 2, comer frutas enteras puede ayudar a controlar el nivel de azúcar en sangre. “Es hora de acabar con este mito”, expresa la doctora Linda Shiue, directora de medicina culinaria y medicina del estilo de vida en el Kaiser Permanente San Francisco, y añade: “Todos, incluidos los que tienen diabetes tipo 2, pueden beneficiarse de los nutrientes que aportan las frutas, como fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes”.

 Quemar las calorías que consumo es la clave para evitar el aumento de peso

Es cierto que si se consume más calorías de las que quemas, probablemente la persona subirá de peso. Y si se quema más calorías de las que consumes, probablemente se perderá peso, al menos a corto plazo. Sin embargo, las investigaciones no concluyen que comer más provoque un aumento de peso sostenido que termine en obesidad.

“Son los tipos de alimentos que comemos, los que pueden ser los impulsores a largo plazo” de esas condiciones, detalló el doctor Dariush Mozaffarian, profesor de nutrición y medicina en la Escuela Friedman de Ciencias y Políticas de Nutrición de la Universidad de Tufts. 

Los alimentos ultraprocesados pueden ser particularmente dañinos para el aumento de peso, ya que se digieren rápidamente e inundan el torrente sanguíneo con glucosa, fructosa y aminoácidos, que son convertidos en grasa por el hígado. En cambio, lo que se necesita para mantener un peso saludable es pasar de contar calorías a priorizar una alimentación sana en general: calidad sobre cantidad.

La leche vegetal es más saludable que la leche de vaca

Leche vegetal

“Existe la creencia de que la leche de origen vegetal, como la de avena, almendras o arroz, es más nutritiva que la de vaca. No es cierto”, expresó Kathleen Merrigan, profesora de sistemas alimentarios sostenibles en la Universidad Estatal de Arizona.

“Por lo general, la leche de vaca tiene alrededor de ocho gramos de proteína por taza, mientras que la leche de almendras generalmente tiene alrededor de uno o dos gramos por taza, y la leche de avena generalmente tiene alrededor de dos o tres gramos. Si bien la composición de las bebidas plant-based puede variar”, confirmó Merrigan.

 Las papas blancas son dañinas para la salud

“Las papas han sido denigradas en la comunidad nutricional debido a su alto índice glucémico, lo que significa que contienen carbohidratos de rápida digestión que pueden aumentar el nivel de azúcar en sangre. Pero estos tubérculos pueden ser beneficiosos para la salud”, aseguró Daphene Altema-Johnson, oficial de programas de comunidades alimentarias y salud pública en el Centro Johns Hopkins para un Futuro Habitable.

Las mismas son ricas en vitamina C, potasio, fibra y otros nutrientes, especialmente cuando se consumen con la piel. Además, son económicas y se encuentran durante todo el año disponibles en los mercados, lo que las hace más accesibles. Los métodos de preparación más saludables incluyen asarlas, hornearlas y hervirlas.

 No alimentes a tus hijos con productos que contengan maní en sus primeros años

Durante años, los expertos recomendaron a madres y padres evitar alimentos alergénicos comunes, sobre todo en los primeros años de vida. Sin embargo, actualmente los alergólogos dicen que es mejor darles estos productos a los hijos desde el principio.“Comienza con dos cucharaditas de mantequilla de maní suave mezclada con agua, leche materna o fórmula, dos o tres veces por semana”, detalló Ruchi Gupta, profesor de pediatría y director del Centro de Investigación de Alergias Alimentarias y Asma en la Escuela de Medicina Northwestern Feinberg.

“Si tu bebé tiene un eccema, primero pregúntale a su pediatra sobre el hecho de comenzar a comer estos productos en los primeros cuatro meses. También es importante alimentar al niño con una dieta diversa en su primer año de vida para prevenir alergias alimentarias”, recomendó Gupta.

La proteína de los vegetales no es suficiente

vegetales

"'¿De dónde obtienes tu proteína?', es la pregunta número uno que les hacen a los vegetarianos”, explica Christopher Gardner, científico de nutrición y profesor de medicina en la Universidad de Stanford. “El mito consiste en que a los vegetales les faltan algunos aminoácidos”, también conocidos como los componentes básicos de las proteínas. Pero en realidad, todos los alimentos de origen vegetal contienen los 20 aminoácidos, incluidos los nueve aminoácidos esenciales”, afirmó Gardner.

La diferencia es que la proporción de estos aminoácidos no es tan ideal como la de los alimentos de origen animal. Entonces, para obtener una combinación adecuada, se necesita comer vegetales variados durante todo el día, como legumbre, granos y nueces, y comer suficiente proteína.  “Afortunadamente, la mayoría de los estadounidenses obtienen suficiente proteína cada día. Es más fácil de lo que la mayoría de la gente piensa”, detalló Gardner.

Comer alimentos a base de soja puede aumentar el riesgo de cáncer de mama

En algunos estudios con animales se ha descubierto que las altas dosis de estrógenos vegetales en la soja, llamados isoflavonas, estimulan el crecimiento de células tumorales de mama. “Sin embargo, esta relación no ha sido comprobada en trabajos con humanos”, asevera el doctor. Frank B. Hu, profesor y presidente del departamento de nutrición de la Escuela Chan de Salud Pública en Harvard TH.

Hasta el momento, la ciencia no ha demostrado el vínculo entre el consumo de soja y el riesgo de cáncer de mama en humanos. En cambio, consumir alimentos y bebidas a base de soja, como tofu, tempeh, edamame, miso y leche, puede incluso tener un efecto protector contra el riesgo de cáncer de mama y la supervivencia.“Los alimentos con soja también son una fuente inagotable de nutrientes beneficiosos relacionados con la reducción del riesgo de enfermedades cardíacas, como proteínas, fibra, vitaminas y minerales de alta calidad”, aseguró Hu.

Los consejos sobre nutrición siguen cambiando, y mucho

Nutricion

"Eso no es así", declaró la doctora Marion Nestle, profesora emérita de nutrición, estudios alimentarios y salud pública en la Universidad de Nueva York, y añadió: “En la década de los cincuenta, las primeras recomendaciones dietéticas para la prevención de la obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas y similares, aconsejaban equilibrar las calorías y minimizar los alimentos con alto contenido de grasas saturadas, sal y azúcar. Las pautas dietéticas actuales de Estados Unidos instan a lo mismo”.

Concluyó la especialista destacando: “Es cierto que la ciencia evoluciona, pero la guía dietética básica se mantiene constante. Como el autor Michael Pollan destiló en siete simples palabras: Consume alimentos, no demasiado, sobre todo vegetales. Ese consejo funcionó hace 70 años y todavía funciona hoy”.

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