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Política / 18 de mayo de 2019

Cómo sería un gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Si llegaran al poder en 2020, qué harían con la economía, el dólar, la deuda, la Justicia, los presos K, los medios y la política exterior.

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Alberto Fernández fue el primero jefe de Gabinete de Cristina Kirchner.

Habían pasado dos meses de su derrota en las elecciones a senador contra Esteban Bullrich. Corría diciembre de 2017 y las calles de Congreso ardían contra la reforma jubilatoria. Entonces Cristina Kirchner llamó a Alberto Fernández, aquel que había sido su jefe de Gabinete medio año de su primer gobierno y que militaba en el Frente Renovador desde 2013. “Volvamos a empezar”, le propuso ella a quien había dirigido el gabinete durante la administración de Néstor Kirchner y que se había alejado del matrimonio tras la pelea con el campo y Clarín.

A partir de entonces comenzaron a tejer juntos una estrategia para volver al poder en diciembre de 2019. El estallido de la crisis los ayudó, pero afrontan el enorme desafío de convencer al electorado independiente de que un gobierno encabezado por él y secundado por ella será mejor que el último del kirchnerismo, el que derivó en el triunfo de Mauricio Macri en 2015. La obra “Sinceramente”, que la ex presidenta presentó este 9 de mayo en la Feria del Libro, demuestra más reivindicación que autocrítica (a las cadenas nacionales, el pacto con Irán o su pelea con Hugo Moyano).

El anuncio de CFK:

Es un libro que vendió 230.000 ejemplares en dos semanas, pero atrae más a fanáticos y detractores que al votante de centro, ese al que la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fenández de Kirchner debe conquistar, según ha definido con claridad el dirigente social neokirchnerista Juan Grabois, pese a que su verba a veces le juegue en contra. En la feria se mostró moderada y resaltó a Alberto Fernández, que hoy fue ungido por ella como candidato presidencial.

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De ganar las elecciones Fernández, ¿qué le pasaría a la Argentina en 2020? En la campaña deberá responder esta pregunta y sus actuales asesores más estrechos buscan descartar posiciones radicales como la del intelectual Mempo Giardinelli, que pidió eliminar el Poder Judicial y convertirlo en un sistema de administración de Justicia. La ex jefa de Estado insiste en “Sinceramente” con la necesidad de una reforma judicial, aunque discutida con más participación y mejor pensada y escrita que la que la Corte Suprema le rechazó en 2013. En cambio, Fernández considera que la llamada “democratización de la justicia” que intentó la ex presidente fue un fracaso y que en materia judicial no debe emprenderse una reforma sino una revisión de la actuación de los jueces de Comodoro Py, así como Néstor Kirchner puso en cuestión a los integrantes de la Corte Suprema al asumir la presidencia en 2003.

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La campaña estará plagada por tensiones entre los kirchneristas duros, entre los que muchas veces se ubica la misma Cristina Kirchner, y los moderados, entre los que quiere posicionarse la senadora, donde está Alberto Fernández, el PJ y sus gobernadores. Entre los primeros hay matices, entre los que reivindican el segundo gobierno de CFK, como La Cámpora o Agustín Rossi, y los que plantean profundizarlo y desconfían de Alberto Fernández, como Luis D’Elía, que quiere expropiar Clarín, o Gabriel Mariotto, que pretende nacionalizar la banca y servicios públicos. Grabois ansía una reforma agraria, a la vez que reniega de los “chorros” del kirchnerismo. En el medio avanzan los juicios por los que ella está diez veces procesada, con cinco pedidos de prisión preventiva, sólo impedida por sus fueros.

Economía. Ya lo dijo Máximo Kirchner, primero la deuda interna y después la externa, incluido el FMI. “Lo que se pregunta la gente es si va a bajar la inflación y si va a tener empleo, no si vamos a pagar la deuda y poner el cepo”, retrucan en el kirchnerismo light cuando se los interroga por las preguntas que por estos días lanzan los numerosos ejecutivos de bancos y fondos de inversión internacionales que se reúnen con Alberto Fernández, Axel Kicillofprincipal consejero económico de la ex presidenta pero que iría a la gobernación bonaerense– y Emmanuel Álvarez Agis, que fue su número dos en el Ministerio de Economía entre 2013 y 2015 y que es calificado como “axelismo de derecha” por detractores internos.

Otro referente económico en las sombras es Guillermo Nielsen, secretario de Finanzas del gobierno de Kirchner, embajador de CFK en Alemania y hasta hace poco compinche de José Luis Espert. Podría convertirse en el ministro de Economía de un gobierno de Fernández.

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¿Cómo bajar una inflación y un desempleo mayores a los heredados por Macri? No lo detallan demasiado, consideran que se trata de instalar un modelo de “desarrollo económico basado en producción y trabajo”, y que todas las demás variables se acomodarán después. Vaca Muerta, el litio, el silicio, su industrialización, la exportación de manufacturas y una alianza con grandes empresarios nacionales ilusionan a la ex presidenta para revertir la falta de divisas.

En el ala más dura proponen adoptar medidas urgentes el 10 de diciembre para frenar los precios de los alimentos, los remedios y los servicios públicos. Para abaratar la comida quieren volver a los antiguos Precios Cuidados, con más productos y más económicos que los actuales; fortalecer la agricultura familiar y ampliar la competencia en las góndolas de los supermercados. Quieren ofrecer medicamentos accesibles y para eso ya dialogan con las farmacias y los laboratorios nacionales, tan enfrentados al gobierno de Macri. Reniegan de Guillermo Moreno y recuerdan que el ex secretario de Comercio Interior dijo en marzo que el mejor candidato es Roberto Lavagna.

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En cuanto a las tarifas, en el kirchnerismo duro reconocen que falta margen fiscal para congelarlas mediante la aplicación de más subsidios. Por eso abogan por acotar el aumento de rentabilidad del que han gozado las distribuidoras y transportistas de energía, no sólo para beneficio de los hogares sino también de las empresas consumidoras, de modo de darles más competitividad. En cambio, a título personal, Álvarez Agis aboga por seguir bajando los subsidios a los servicios públicos (se redujeron del 4% al 2% del PBI con Macri) hasta el 1,5%, como el promedio latinoamericano, pero que a la vez se eleve la producción de energía.

¿Y la deuda? Advierten que, a diferencia del default de 2001, ahora el pasivo con el FMI pesa más y equivale a un tercio del total. “Con el Fondo no podés defaultear ni hacerle quita, podés renegociar plazos e intereses”, reconocen. Claro que, a cambio, el organismo dominado por Estados Unidos y otros países occidentales pedirá no sólo ajuste fiscal y monetario, como hasta ahora, sino reformas estructurales, como laboral, previsional y otras. En el kirchnerismo recuerdan que Kirchner no rompió el acuerdo firmado por Eduardo Duhalde en 2003 sino que lo mantuvo hasta 2005, cuando canceló la deuda. “El tema es cómo discutís con el FMI”, señalan.

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Álvarez Agis recuerda que a países como Ucrania, Irak o Jamaica el Fondo no les pidió esas reformas: “El problema es que Macri está a la derecha del FMI y quiere incluirlas”. También advierte que incluso el actual Presidente debería renegociar, pues va camino de incumplir la meta de déficit cero en 2019. “Hay que hacer como España: prometió déficit cero en dos años, pero si la economía va mal puede apartarse de la meta y si va bien debe sobrecumplirla”, propone el ex viceministro.

¿Terminará Alberto Fernández como Alexis Tsipras, el líder de la izquierda griega que llegó al poder en 2015 y no tuvo más opción que continuar con la receta del Fondo y apenas pudo matirzarla? A Tsipras le costó la pérdida de sus aliados más radicales, como el economista Yanis Varoufakis.

Aun en el kirchnerismo moderado plantean que la deuda con el sector privado deberá renegociarse, gane quien gane. Pero Álvarez Agis no comparte esa opinión: “Si llegás a 2020 con un tipo de cambio real (ajustado por inflación) estable, el default sólo sería una decisión de un mononeuronal. Lo que hay que cambiar es el perfil de vencimientos de los bonos, obtener más plazo con más tasa, pero con operaciones de mercado”.

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Cepo. El cepo es rechazado por los K light, pero entre los hard aclaran: “Nuestra aspiración es que no haya restricciones como el cepo, pero sí controles de capitales como los que aplica Turquía. Pero si Macri sigue rifando reservas, va a ser difícil comprar dólares porque no va a haber”. También para evitar la salida de divisas, apoyan medidas proteccionistas, no como las del pasado, que vetó la Organización Mundial de Comercio, pero como las de Donald Trump. En cambio, Álvarez Agis recuerda que Kicillof comenzó a desarmar el cepo instaurado en 2011 y que sólo deberían imponerse controles a grandes capitales, como los que rigieron de 2003 a 2010 y que impedían comprar más de US$ 2 millones mensuales.

Inversores también preguntan a los K por el futuro de las estadísticas públicas y las relaciones exteriores. “Hay mucho por mejorar en el Indec actual, pero medir mal la pobreza nos perjudicó”, reconocen los duros. Álvarez Agis sostiene: “Si las estadísticas públicas actuales son tomadas en cuenta por el público, entonces andan bien. Si antes no eran tomadas en cuenta, andaban mal”.

En cuanto a las relaciones exteriores, el kirchnerismo se encomienda a Jorge Taiana, que fue canciller entre 2005 y 2010, es decir, antes del pacto con Irán y del empeoramiento de la siempre distante relación K con Estados Unidos. Un gobierno de Fernández buscaría la integración regional comercial y política, si es posible, con prioridad en Brasil, más allá de que Jair Bolsonaro hable pestes de ella; se uniría a la posición de México y Uruguay de pedir diálogo en Venezuela; dado el endeudamiento con el FMI, cultivaría los vínculos con los países que lo controlan; y mantendría las buenas relaciones con China y Rusia que ni Macri modificó.

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Diplomáticos de los países occidentales hacen cola para juntarse con referentes económicos y políticos de los K, como Agustín Rossi, que seguiría como jefe del bloque de Diputados. El de senadores sería presidido por Jorge Capitanich, que dejaría la intendencia de Resistencia y su ambición de volver a gobernar Chaco por pedido de CFK.

Venganza. En el kirchnerismo moderado niegan que quieran volver con sed de venganza: “No se puede gobernar con la grieta. Cristina fue víctima de la grieta. Que Macri se vaya a su casa, no a la cárcel”. Hay jueces que los llaman para contarles las causas que tienen contra el actual Presidente. Pero ellos prefieren enfocarse en los problemas que heredarán, que califican de mayores a los dejados por su jefa.

Alberto Fernández y otros hombres clave en la trastienda electoral abogan por abandonar la pelea con Clarín y la ley de medios, olvidarse de programas como “678”, pero sí promover la “pluralidad de voces”. “Quemarnos con sopa de nuevo no nos sirve”, cuenta alguien que acaba de juntarse con el empresario de medios Daniel Vila, que le confesó, vaya a saber si acomodaticio o sincero: “Entre Macri y Cristina, prefiero a ella”. En cambio, al kirchnerismo más extremo le cae mal el ex jefe de Gabinete, arremete contra Clarín y le da bronca que CFK llame “Héctor” a Magnetto en su último libro.

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En la campaña presidencial de Brasil de 2018, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, prometió que no indultaría a Luiz Inácio Lula da Silva. Los K light sostienen lo mismo respecto de los ex funcionarios presos, aunque señalan: “Salvo los condenados, como (Amado) Boudou y D’Elía, hay mucha gente mal detenida”. Claro que también están los que reclaman por los “presos políticos”, como Andrés “Cuervo” Larroque, Horacio Pietragalla y Jorge Ferraresi. Quizá se ilusionaban con que CFK los liberara como Héctor Cámpora en 1973. Ahora van a tener la difícil tarea de convencer a Alberto Fernández.