Wednesday 24 de April, 2024

EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 14-04-2023 09:54

¿Qué decís?

Hablamos para ser escuchados, pero ¿quién nos escucha?

Lo que nos hace diferentes a los animales es que podemos hablar, aunque a veces pienso que ellos, con sonidos, son mucho más efectivos que nosotros con palabras.

Cada día estoy más convencida de que esa parte nuestra que nos hace humanos es el desafío más grande al cual nos enfrentamos como especie. Al igual que pasa con muchas otras palabras, debe haber tantas definiciones de comunicación como habitantes en la tierra, y a la pobre comunicación, encima, le echamos la culpa de todos nuestros males.

Nos convocan a colaborar en las empresas por “problemas de comunicación”, las parejas se separan por “problemas de comunicación”, las amistades se terminan por “problemas de comunicación”, los hijos, hermanos, amantes… dejan de hablarse por …. Ya lo tienen claro porqué. ¿A que sí?

¿Por qué será que nos cuesta tanto decir lo que sentimos, expresar lo que pensamos, pedir lo que necesitamos, contarle al otro lo que nos hace sentir eso que hace, los que nos pasa en una situación, relación, lo que queremos de y en la vida?…

Es que en realidad: TODO COMUNICA. Nuestro cuerpo comunica, nuestra expresión comunica, nuestro silencio comunica, nuestra imagen comunica… también la ropa que usamos o el color de uñas que llevamos y ¿sabes? Muchas veces, con nuestras muchas palabras, comunicamos justo lo contrario que queremos decir… No sé si te pasó alguna vez.

Están estudiados y catalogados los diferentes tipos, soportes, estilos y formas de comunicación… Y entre todo eso, hoy elegimos profundizar en el lenguaje. Ese que genera realidad cuando al expresarnos por medio de una declaración, por ejemplo “SÍ QUIERO”, hacemos que el mundo cambie y se adecúe a la palabra, y la relación se transforme o sea se cree una nueva realidad. También ocurre con nuestros socios, clientes y colaboradores en el mundo empresarial, con nuestras familias, etc. Sin darnos cuenta muchas veces, nos la pasamos declarando y creando. Ahora, tengo una pregunta para ti. Esa realidad que estás creando ¿te hace realmente feliz?

Se me agolpan las ideas con este tema porque vengo teniendo experiencias más que interesantes… A ver por donde empiezo…

Lo primero que me viene es:

“Somos espejo y reflejo” o sea… eso que digo, me quejo, critico, admiro, elogio, aborrezco, es decir, juzgo del otro: ¡HABLA más MI que del otro!

Ojo con lo que decimos, porque nos desnudamos en cada palabra que sale por nuestra boca consciente o inconscientemente… y justamente nuestro inconsciente, cuando lo aprendemos a escuchar, nos devela tantas y tantas cosas… Aprender a hacerlo nos abre grandes posibilidades de autoconocimiento que, como siempre digo, es la base para mejorar nuestros resultados a todos los niveles.

Y eso de escuchar me lleva a lo segundo …

Humberto Maturana (biólogo, filósofo​ y escritor chileno, premio nacional de ciencias en 1994) decía “Uno dice lo que dice, el otro escucha lo que escucha” y agrego… lo que sus modelos mentales, miedos, expectativas, frustraciones, anhelos… le permiten, pueden o quieren. Y es ese el primer desafío al que nos enfrentamos con la comunicación. Porque si nuestros modelos mentales son distintos (y te aviso que siempre son diferentes incluso aunque tengamos una edad parecida o nos hayamos criado juntos) entonces cómo vamos a comprender lo que realmente significan las palabras que nos dice el otro.

Por otro lado, pocas veces tenemos idea del impacto de nuestras palabras en el otro… Aunque paradójicamente nos llenamos la cabeza teniendo diálogos imaginarios de lo que decimos y el otro responde… pocas veces coincide con la realidad. Porque como venimos explicando, el otro es, justamente, un otro. Con su manera de pensar, sus experiencias, su forma de sentir, etc. así que si vas a mantener una conversación delicada o difícil, tenlo en cuenta. Tus expectativas de cómo va a ser, raramente se van a cumplir.

Entre lo que yo digo y el otro escucha, SIEMPRE hay una brecha que necesita ser cerrada. Hay una forma de asegurarnos que el otro escuchó lo que dijimos… Es simplemente CHEQUEANDO y esto consiste en pedirle que nos cuente qué entendió, que es abismalmente diferente a preguntar “¿Entendiste?”.

Escuchar, como afirma Rafael Echeverria ilosofo chileno, es oír más interpretar.  La ciencia nos confirma que en realidad somos capaces de escuchar solo el 50% de lo que nos dicen… Con lo cual, la próxima vez que digas, pidas, ofrezcas o creas que entendiste… por las dudas, ¡CHEQUEA!

Lo que me tiene más asombrada es que pocas veces le decimos al verdadero depositario del mensaje, lo que sentimos, pensamos, creemos o queremos… Lo hablamos con “N” cantidad de personas, menos con el único que nos puede dar una respuesta, solución, o lo que creamos que estamos necesitando…  En la mayoría de las veces, evitamos esa conversación por miedo.

Miedo que surge de una herida sin trabajar, cuya máscara nos alienta a huir de los conflictos, escapar de las discusiones, o podemos sentirnos incapaces de argumentar, poner un límite o simplemente confrontar. Y en el fondo, todo eso lo hacemos para justificar que el gran temor que tenemos es que nos dejen de amar. Si llegaste a leer hasta aquí, quizá te parezca una exageración. Si es así, te invito a que revises alguna situación tuya en la que haya una conversación pendiente. Ah… que tú no tienes ninguna... ¡Enhorabuena! Perteneces al 0,5% de la población mundial.

Volvamos a los que tienen/tenemos (también yo me incluyo) algo pendiente.

Ni les cuento el placer que se siente cuando “vamos en línea recta”, o sea sentimos algo y se lo decimos al otro en la cara, mirando directamente a los ojos al dueño de despertarnos todo ese cúmulo de pensamientos, emociones y sensaciones… Diría que casi es una sensación orgásmica…

 

Les dejo algunas recomendaciones para aplicar la línea recta:

 

  • Tener bien claro desde dónde conversas o para qué lo haces… Pregúntate si vas hablar desde el construir, el reclamo, el compartir, la queja, el amor, el pelear, el cooperar, … De eso, mayormente, depende el éxito o fracaso de la conversación.

 

  •  Hacelo totalmente desapegado del resultado (acordate que el otro es otro).

 

  • Paradójicamente, cuando soltas la expectativa del cuento que te contas, y entras a la experiencia con ganas de escuchar, construir, cooperar, compartir; sucede la magia del entendimiento. Déjate sorprender por las respuestas del otro, escucha vos desapegado del juicio, de la historia, del deber ser. Abrite a recibir al otro, a escucharlo con cuerpo y alma, escuchar sin juzgar, a preguntar sin atacar, a indagar solo con el ánimo de comprender.

 

  • Aprende a hacer pedidos. Coordinar acciones, es un juego de promesas y pedidos, y ser rigurosos en ello y consecuentes con lo que decimos, evita muchos “malos entendidos”.

 

  • Nadie nace sabiendo, y en el proceso de construir relaciones sanas, es preciso tomarse el tiempo para compartir los significados particulares del mundo, para en algunos casos deconstruirnos, y generar un nuevo mundo de significados compartidos, aunque solo sea para estar de acuerdo en que estamos en desacuerdo.

 

Hablamos con los otros y nos hablamos a nosotros mismos todo el día. ¿Te diste cuenta? Ojalá te animes a revisar qué cosas te decís tanto de vos como de los demás, y como consecuencia, qué mundo creas con tus palabras. Porque cada palabra tiene una vibración.

Pero eso, lo dejamos para un próximo artículo.

 

Jackie Delger – Catadores de emociones @catadoresdeemociones

Fotos Mariana Montero @marianamonterofotografia

 

 

 

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