EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 14-12-2022 08:09

¿Qué significa “comer saludable”? Un consejo para estas fiestas

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Entre tantos consejos para “no salir rodando” en las fiestas y “festejar sin descuidar lo que comemos” (principalmente orientados a mujeres y con un tono bastante violento y gordofóbico), me surge la pregunta: ¿qué significa “comer saludable”? ¿se trata solamente de elegir aquellos alimentos más “naturales”, “sanos”, “bajos en calorías”? ¿qué tan saludable es pretender tener el control permanente sobre las calorías y/o grasas que ingerimos? ¿sigue siendo saludable descontextualizar y reducir el comer sano a las elecciones alimentarias en época de fiestas?

En estas fechas (y si agregamos el contexto mundialista, aún más), son innumerables los consejos sobre alimentación y ejercicio. Generalmente apuntan a evitar un supuesto descontrol en el periodo de celebraciones, impartidos desde la culpabilización y una concepción gordofóbica de la salud, poniendo en el centro a la comida y promoviendo los pensamientos obsesivos sobre ésta.

Tal vez como profesionales de la salud deberíamos replantearnos nuevamente qué es salud. Pero resulta un debate complejo e inabarcable en el contexto de esta nota.

Podemos comenzar por repensar qué significa comer saludable. Y esto también es realmente difícil: no existe una alimentación saludable, ya que lo que es saludable para algunas personas puede no serlo para otras. Cada individuo tiene sus características particulares (edad, composición corporal, nivel de actividad física, comorbilidades, situación socioeconómica, etc), y estas determinan sus propios requerimientos nutricionales y objetivos.

 

En líneas generales, una alimentación saludable debería:

 

  • Proveer todos los nutrientes y la energía necesaria para trabajar, realizar actividad física, vivir momentos de ocio, ocuparse de las tareas cotidianas, pasar tiempo con seres queridos y ayudar a un buen descanso nocturno, entre otros.
  • Permitir compartir momentos de placer y alegría.
  • No generar estados de hambre auto-inducidos (ej. dietas restrictivas).
  • No causar malestares e intolerancias.
  • No generar pensamientos obsesivos acerca del peso y la comida.
  • No promover el exceso de control sobre lo que se ingiere.
  • Ser adecuada para el momento biológico o la enfermedad que se esté atravesando.
  • Ser cultural y éticamente aceptable.

 

Si la alimentación se torna rígida, obsesiva, extremista y/o restrictiva, es evidente que está alejada de la concepción de salud. La salud no es solamente física: también involucra las dimensiones psicológicas, sociales y espirituales.

Para finalizar, mi consejo de alimentación para estas fiestas es disfrutar de la comida y la compañía de los seres queridos. O disfrutarlas como quieras. El alimento es un regalo, y darle al cuerpo lo que necesita es una forma de honrarlo.

 

Lic. Tatiana L. Gusenko

Nutricionista – UBA (MN. 8528)

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