Jueves 3 de diciembre, 2020

SOCIEDAD | 20-11-2020 00:30

Abuso infantil y adolescente: ¿hay suficientes campañas de concientización?

Desde diversas asociaciones que reúnen a víctimas y militantes por la protección de los derechos de las niñeces, se opina que todavía son escasas. Los casos de las poblaciones originarias y las personas con discapacidades.

En el marco del día mundial para la prevención de la violencia y abuso infantil, 19 de noviembre, una frase recorrió distintas actividades, expresiones, colectivos, y organizaciones :“Yo sí te creo”.  Como un acto de fe, la palabra de miles de sobrevivientes toma corporeidad y se levanta en nombre de todas las infancias, presentes y pasadas, en un intento de reparación y justicia.

Desde el Estado y junto a UNICEF las estrategias comunicacionales intentan atraer la atención sobre el abuso y la violencia en la infancia y adolescencia. Sin embargo, muchas de estas herramientas aún son desconocidas. ¿Cuánto de efectividad tienen las campañas de prevención? ¿Son abarcativas? ¿Accesibles? ¿Contemplan diferentes realidades?  

De acuerdo con los datos registrados por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, los llamados a la línea 137 por violencias intra familiares y/o sexuales aumentaron un 20% durante la cuarentena, respecto al mismo período de 2019. La cantidad total de niñas y niños que sufrieron estos tipos de violencias se incrementó un 23%, mientras que hubo un aumento del 28% en violencia familiar y del 13% en violencia sexual. En tanto, la cantidad de chicos y chicas que fueron violentados/as en el entorno digital (lo que incluye principalmente al grooming y la utilización de imágenes en pornografía) creció un 267%. 

El programa Las Víctimas Contra Las Violencias fue creado en el año 2006 por la psicoanalista y docente Eva Giberti, que con sus 91 años es su actual coordinadora general. El Programa depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Trabaja con una línea telefónica gratuita de alcance nacional que ofrece una respuesta institucional frente a las situaciones de violencia sexual y familiar, especialmente en lo que atañe a niñas, niños y adolescentes, y familiares: la Línea 137 y un whatssap, el 011-3133-1000.

Consultada por NOTICIAS, la asesora general del programa, Carina Rago, informó que, entre enero y septiembre de 2020, la línea Nacional 137 recibió 10.541 llamadas sobre violencia familiar y sexual. 

¿Se mide la efectividad de las campañas? “Entre el 2 y el 16 de septiembre, período en el que se realizó la campaña #InfanciaSinViolencias, el total de llamadas sobre violencia familiar y violencia sexual aumentó un 44%. Las llamadas que correspondían a víctimas niñas, niños y adolescentes (NNyA), se incrementaron un 67,6%. Para medir la efectividad de la campaña tenemos que tener en cuenta cuál es el objetivo de la misma. Esta última estuvo destinada a concientizar sobre la problemática, e interpelar a las personas adultas a involucrarse en la detección y comunicación de los casos de violencia contra NNyA, especialmente en el contexto de aislamiento. Durante la campaña, las llamadas realizadas por algún vecino aumentaron un 278% respecto del mes anterior, pasando a ser el segundo grupo que más se contactó con el Programa. Los incrementos antes mencionados, y estos, permiten concluir que la campaña fue efectiva”. 

Con respecto a lo abarcativo y accesible de las campañas, la funcionaria asegura que “en este caso se llevó adelante una difusión tanto por redes sociales como por radio y televisión (abierta y cable). Tuvimos en cuenta presentar en los spots niñas y niños que representaran distintas realidades y situaciones: de distintas provincias, rasgos, situaciones económicas y capacidades”

Grito global contra el abuso infantil #YoSiTeCreo

El colectivo “Yo sí te creo” reúne sobrevivientes de abuso, y se consolidí a partir del año 2018 como un espacio político heterogéneo y potente de encuentro. Las personas que lo integran son de diferentes organizaciones y confluyen en una misma causa. 

Melani Rea es integrante del Movimiento No Matarás y a su vez, una de las referentes del colectivo en Buenos Aires. “Nosotras veníamos militando la causa cuando el nombre era “Red Nacional del abuso sexual contra niñxs”, éramos varias organizaciones, asociaciones civiles, transfeministas, sobrevivientes, Madres protectoras y adultxs independientes. Nos unimos en un mismo símbolo de lucha, un pañuelo rojo, en el cual nos reconocemos en una misma voz, Yo Sí Te Creo”, relata.

Paula Acevedo también forma parte del Colectivo #YoSíTecreo. Vive en Junín de los Andes, Neuquén, y llegó al espacio por su hermana Victoria, ambas sobrevivientes de abuso intrafamiliar. “Fui abusada por la pareja de mi mamá a los 6 años y pude hablar y decírselo a ella”, cuenta. A partir de allí Paula tuvo que recorrer un camino muy complejo, pero el tiempo ayudó y la comunicación con su hermana la ayudó a sacar a la luz el secreto de la familia  y denunciar al abusador. 

“Nos enteramos que mi mamá y mi abuela habían sido víctimas de abuso y que era una historia que se repetía y decidimos cortar esas cadenas”, describe. Fue muy difícil, pero la terapia le permitió a Paula comprender que aunque de esto no se hablaba, eran muchas las personas que habían sufrido lo mismo que ella, que lo sucedido no era una marca de su subjetividad. “Te digo esto, y por la puerta de mi casa está pasando un auto con un pañuelo rojo y es una adolescente a la que le regalé mi pañuelo, cuando denunció un abuso acá en Junín”, se emociona.

Las hermanas Acevedo tenían 3 y 6 años cuando fueron abusadas por el novio de su madre. Después de 25 años radicaron la denuncia ante el juzgado nacional en lo criminal y correccional número 30. Se  declaró la prescripción por el paso del tiempo, pero el caso no se archivó. La causa de Paula y Victoria Acevedo fue presentada como un delito que atentaba contra los derechos de las niñeces y apelaron hasta llegar a la Cámara de Casación.

En 2018 se llevó a cabo un juicio histórico, llamado “Por la verdad” que está actualmente en la Corte Suprema de Justicia. Es la primera causa que alcanza este proceso. “Fue un hallazgo, se comprobó nuestra verdad y tuvo que ver con la acción de todos los movimientos de los y las sobrevivientes, porque la justicia real la hacemos en las calles y rompiendo el silencio”, dice Paula. 

En cuanto a las campañas gubernamentales de prevención, tanto Melani como Acevedo consideran que son escasas. No las encuentran abarcativas ni accesibles. “Este año se designó después de 14 años a la defensora de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Esto ya dice mucho”, dice Melani. Piden más compromiso del Estado y la aplicación efectiva de la ley de educación sexual integral. 

¿Porque la consigna #YosíteCreo? Melani explica que porque la mayoría de los casos de abuso ocurren en el vínculo intrafamiliar y a las víctimas no se les suele creer. “El Yo sí te creo nos une e intentamos dar un mensaje alentador a las víctimas que se encuentran solas, olvidadas por parte del Estado y de sus propias familias -enfatiza Paula Acevedo-. Es afirmar que les/nos creemos. Algo que nos negaron”.

Campaña contra la prescripción
Sol Otero es sobreviviente, activista, abogada, integrante del colectivo y de la campaña contra la prescripción. Explica que hasta el 2011 los delitos de violencia sexual prescribían en un plazo máximo de 12 años cuando se trataba de los delitos que la ley consideraba más graves, prescribiendo antes los que tenían una pena menor. 

En el año 2011 se sancionó la ley 26.705, conocida como la “Ley Piazza”,  que estableció la suspensión de los plazos de prescripción en los delitos contra la integridad sexual cuando la víctima fuera menor de edad, los cuales siguen manteniendo el máximo 12 años, pero comienzan a computarse desde el día en que la víctima cumple 18 años. 

En 2015 se sanciona la ley 27.206, que establece que, en el caso de delitos contra la integridad sexual y trata de personas, si la víctima es menor de edad el plazo de prescripción se suspende hasta que, habiendo cumplido la mayoría de edad, formule por sí misma la denuncia o ratifique la realizada por sus representantes legales durante la minoridad. Son leyes que no se aplican a hechos anteriores a su entrada vigencia, por lo cual muchos sobrevivientes no se encuentran alcanzados por estas, viendo así impedido su acceso a la justicia. 

“Las campañas de concientización deben ser una política de Estado, y la sociedad debe asumir un rol activo opina Otero. La experiencia nos demuestra que cuando están dadas las condiciones, y hay predisposición para escuchar y actuar en defensa de las víctimas, estas se atreven a romper el silencio. En consonancia con esto, necesitamos una justicia que no se base en prejuicios, estereotipos o mitos sobre la violación, sino que se desprenda de ese esquema patriarcal y machista que ha motivado la mayoría de sus decisiones. Estamos convencides de que con un rol activo por parte del aparato estatal y de los demás actores sociales, es posible construir un mundo libre de violencia”. 

Pueblos Originarios

En noviembre de 2015 tomó estado público la violación de una niña wichi de 12 años en Alto La Sierra, Salta. La violaron ocho “hombres blancos" y la dejaron tirada en una canchita de fútbol de la comunidad. Una amiga de la misma edad la socorrió. 

La violación de esta niña, llamada “Juana” como nombre de fantasía en la causa judicial, fue la comprobación de una práctica invisibilizada y realizada, en la mayoría de los casos, en  montes de Salta, Formosa, Jujuy y Chaco. El Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir lanzó la campaña #BastadeChineo. 

Juana Antieco es mapuche tehuelche, vive en Chubut y es parte de la Campaña de Visibilización del Chineo. “El chineo es una práctica colonial racista y violenta ejercida por criollos sobre los cuerpos de las niñas y adolescentes que está vigente en las comunidades del norte del país”, explica a NOTICIAS. 

“Estos criollos a veces son amigos de jueces, policías y de curas. Tienen cierto poder económico que hace que las autoridades locales no tomen cartas en el asunto”, enfatiza Antieco. Y aclara que es erróneo considerar al chineo como algo cultural. “Esta práctica no es un emergente de la cultura de los pueblos indígenas, sino que es una imposición de violencia racista y patriarcal que muchas veces termina con la muerte de las niñas que van a los montes a buscar agua o a pescar”, señala. Y agrega que para combatir estas acciones es clave darles visibilidad y generar acciones colectivas para erradicarlas y lograr penas en la justicia que sean ejemplificadoras.

La activista cree que las campañas de Unicef o del propio gobierno no alcanzan. “Si decimos que es una práctica que resistió y sigue estando en plena democracia con gobiernos que formaron acuerdos internacionales en relación a la protección de los derechos de niñas y niños, consideramos que las campañas para evitarla son inefectivas. Es un crimen de odio que todavía irrumpe en nuestras comunidades”, puntualiza. 

El Movimiento de Mujeres indígenas por el Buen Vivir está integrado por personas que fueron víctimas de estas violaciones pero se mantienen en el anonimato como forma de protegerse. 


Abuso y discapacidad

“Si los abusos en la infancia en general son silenciados, los de la infancia con discapacidad mucho más”, indica Carolina Buceta, integrante de la Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (REDI) a NOTICIAS. “Se refuerza esta desigualdad y la verticalidad de las relaciones, sobre todo porque muchas veces esos abusos son cometidos por la persona que cuida o asiste al niño o a la niña con discapacidad”. 

Buceta explica que quienes integran estas infancias no cuentan lo que sucede en ese ámbito privado. Considera que una de las herramientas más importantes con la que se cuenta hoy es con la Educación Sexual Integral (ESI) para que los chicos y chicas detecten el abuso, encuentren la forma de contarlo y se llegue a un procedimiento esperable.

“A las personas con discapacidad muchas veces no se les cree que están sufriendo un abuso, o no se sabe cómo hacerles las preguntas , como fue y quien lo hizo, o las preguntas que se hacen no contemplan las medidas de accesibilidad, y un lenguaje sencillo describe Buceta. La falta de intérpretes también hace que las personas sordas, en especial, no puedan comunicar esas situaciones de abuso. Todo es un circuito muy complejo, por la falta de formación de la familia, y de las operadoras judiciales que no pueden acompañar estos procesos con las adecuaciones que hacen falta para las infancias con discapacidad”.

Con respecto a las diferentes campañas de prevención de abuso infantil, Buceta afirma que en casi ninguna se contempla la realidad de las personas con discapacidad y mucho menos de las infancias. No se tienen en cuenta las medidas de accesibilidad, no poseen lengua de señas, y no están digitalizadas en formatos accesibles para que puedan ser leídos con lectores de pantalla, son imágenes, y eso resulta imposible de procesar para las personas ciegas. 

“A esas campañas no se las distribuye en escuelas especiales, en centros de rehabilitación ni en lugares donde circulan las infancias con discapacidad, y como los abusos de las infancias con discapacidad están tan invisibilizados, tampoco la persona adulta responsable llega a proponer o propiciar un ámbito cuidado para que eso se pueda revelar con las medidas de accesibilidad pertinentes”, explica la integrante de RADI. 

Buceta cree que hay muchos estereotipos que impiden, desde lo conceptual, una campaña efectiva para las infancias con discapacidad. “Si se piensa en un abuso, inmediatamente la idea que surge es: ¿cómo se le va a hacer esto a una niña con discapacidad? Esto no puede ser posible. Este concepto circula constantemente y ayuda a invisibilizar mas los abusos”, concluye.

Opinan los y las sobrevivientes del Próvolo

Daiana Lizarraga tiene 29 años y fue la primera denunciante del infierno vivido en el colegio Pròvolo de Mendoza. Es una sobreviviente de abuso eclesiástico, y su denuncia dio inicio a un juicio ejemplificador que terminó, hace un año atrás, con la condena de 42 y 45 años para los curas Nicola Bruno Corradi y Horacio Hugo Corbacho, acusados de violación de niños y niñas sordas de entre 7 y 17 años. 

Daiana, con su papá Ariel como intérprete, le contó a NOTICIAS que en estas fechas que buscan concientizar sobre el abuso infantil la hacen sentir triste, porque considera que nunca hubo prevención sobre el abuso infantil con respecto a los curas que hace décadas abusan de menores inocentes. Cree que siempre la Iglesia ocultó lo que pasaba. “Ya basta”, dice.  

Ariel, desde el lugar de padre de una sobreviviente, piensa que lo mejor que se puede hacer como prevención es inculcarle a los hijos que no tengan temor de hablar. Darle información y no estar temerosos de contar lo que ocurra en cualquier ámbito. Y algo más, que no cedan ante los intentos de intimidación por parte de los abusadores. “A mi hija la amenzaban con que nos iban a matar a nosotros”, cuenta. 

Ariel, junto a los familiares y los sobrevivientes de abuso esperan el juicio clave donde nueve mujeres del Próvolo están acusadas. Entre ellas se encuentra la monja Kumiko Kosaka, señalada como entregadora de niños a los abusadores y ocultar con pañales las heridas de las víctimas. 
Daniel Sgardelis tiene 44 años, y es uno de los sobrevivientes del Instituto Próvolo de La Plata. “Yo a los 4 años estaba en un colegio mixto en Salta, pero mi mamá queriendo mejorar la calidad educativa e ilusionándose que  podría aprender a hablar, le llegaron buenas recomendaciones del instituto Próvolo de La Plata. 

“A pesar de la distancia se conformó con el cambio dado que se trataba de un colegio con modalidad pupilo, comedor incluido, y que tenía incorporado el lenguaje de señas, creyendo que yo iba a estar mejor ahí dentro”, relata Sgardelis.

Y recuerda que sus padres nunca aprendieron el lenguaje de señas argentino (LSA) para poder comunicarse con él, lo que considera la principal barrera en la comunicación dentro del grupo familiar. Cuando era niño no había prevención de abuso infantil, ni se hablaba de ESI, ni de sexo, algo que se consideraba como un tabú. 

“Entre la falla en la comunicación con nuestras familias y la ausencia de prevención del abuso infantil, las víctimas de los abusos en el instituto Próvolo callábamos la violencia y los abusos, hacíamos caso a los curas, creyendo que ellos eran los adultos que nos cuidaban y educaban”, dice. 
Ahora, afirma Sgardelis, se considera un activista en contra del abuso infantil, por lo cual cree muy importantes a las campañas de prevención, que los niños conozcan del tema, puedan defenderse y puedan hablar o denunciar cualquier acto al instante y sin miedo. 

“De esta forma decir entre todos BASTA a los abusos infantiles”, enfatiza y agrega que aún hoy los niños sordos muchas veces tienen doble barrera al comunicarse, si sus familias no dominan el LSA tienen mucha menor accesibilidad a la información crucial. “La justicia debe hacer algo al respecto, especialmente en los derechos de los infantes sordos y personas sordas, para garantizar la accesibilidad a la justicia argentina en LSA”. 

A principio de noviembre los curas Nicola Corradi, Eliseo Pirmati y el empleado Jorge Brítez del Instituto Próvolo de La Plata acusados por abusos y torturas a varios niños, entre ellos, Daniel, no pudieron ser juzgados por la prescripción de la causa.  

Libros y cine para concientizar

Alejandra Perdomo es una directora, productora y guionista argentina. Entre sus películas figuran “Rompiendo Muros,” de 2001, inspirada en la radio La Colifata, que funciona en el Hospital Neuropsiquiátrico José T. Borda; “Nacidos vivos”, de 2013 sobre el derecho a la identidad de los niños secuestrados durante la dictadura militar argentina. En el año 2016 presentó el documental “Cada 30 horas”, centrado en la denuncia de la violencia de género. En breve estrenará su última producción: “La reparación”, sobre los abusos en la infancia. 

“Vengo trabajando hace años sobre temáticas de violencia, y el último fue sobre los femicidios y violencia machista y pude ver que muchas mujeres sufrieron abusos en su infancia eso me llevó a indagar con mayor profundidad en el abuso sexual en la infancia y adolescencia”, cuenta a NOTICIAS. Cree que hay una gran resistencia social para abordar el tema “La gente no quiere escuchar hablar de eso, como si al taparlo dejara de existir”, analiza. 

Con respecto a las campañas de prevención actuales, Perdomo siente que nada es suficiente, “Las violencias siguen en aumento. Es fundamental la implementación de la ESI, brindada por docentes comprometidos y bien formados. Yo quiero que el documental La reparación llegue al poder judicial, así como con “Cada 30 Horas” llegamos al Ministerio Público Fiscal y a muchos jueces y juezas". 

Cyn L. García es escritora, sobreviviente y activista contra el abuso sexual en las infancias. Su libro “En bolsillos chiquitos no entran secretos grandes”, es de las pocas obras en literatura que abordan el tema de prevención de abuso destinados a niños y niñas de 3 años en adelante. “Lo trabaje desde la literatura introduciendo conceptos conocidos por mí adquiridos con los años de activismo y formación, por llamarlo así, también el libro fue leído por una psicóloga antes de ser publicado y en colaboración con una  docente del ciclo inicial que trabaja ESI y dio su mirada”, dice.

Cuenta que escribió siempre y en épocas muy tristes la escritura fue su testigo y terapia. Sobre las campañas de prevención gubernamentales opina que “falta mucho, pero hemos logrado un paso gigante en poder nombrar esto por su nombre. Darle entidad. Visibilizar a lxs niñxs que esta sociedad adultocentrista insiste en invisibilizar, creo que sería importantísimo contar con profesionales que estén capacitados”.

Y concluye: “No hay una carrera que nos enseñe a prevenir, muchas instituciones que trabajan con niñeces no están a la altura, como las escuelas y profesionales de la salud, física y mental y esto es fundamental si entendemos que el abuso es más frecuente en el ámbito familiar”. 

 

 

*Integrante del Equipo de Investigación de Perfil Educación.

 

por Adriana Vanoli*

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