Monday 27 de May, 2024

OPINIóN | 12-05-2024 09:21

Los "invertidos" vuelven a escena de la mano de Nicolás Márquez

Una obra de teatro con ese título planteaba, en 1914, que la homosexualidad era una perversión. El biógrafo de Milei vuelve a poner el término en discusión, después de más de un siglo.

En septiembre de 1914, cuando la homosexualidad era perseguida como una conducta antinatural y corrupta, se estrenó en Argentina la obra de teatro “Los Invertidos”, del autor anarquista José González Castillo. La obra es una rareza maldita de la dramaturgia criolla, una mezcla de tragedia, drama naturalista de tesis social y momentos de humor asainetado que fue la primera en la historia del teatro argentino en hablar explicitamente de la homosexualidad. Es la historia de Clara, una mujer de la alta burguesía, casada con Florez, una suerte de abogado vinculado a la criminología y la psiquiatría de la época. El doctor, en una de las primeras escenas, le explica a su esposa que está investigando el caso de un “desgraciado hermafrodita” (dados los conocimientos y desconocimientos de la época se los usaba como términos equivalentes o cercanos). “Hay una ley secreta... extraña, fatal, que siempre hace justicia en esos seres, eliminándolos trágicamente, cuando la vida les pesa como una carga... Irredentos convencidos... el suicidio es ‘su última, su buena evolución’”, dice Florez, encarnando el viejo tópico de que los homosexuales terminan mal y que no podrán ser felices. Una maldición.

Clara es seducida por Pérez, un personaje embriagador, un amigo de la infancia de Florez. Los amantes furtivos pactan encontrarse una noche en el departamento de Pérez, pero allí, en una escena de un humor grotesco que dan ganas de reír de los nervios, Clara se entera de la verdad: Pérez es en realidad el amante secreto de Flórez. Su esposo, el respetable doctor, es un invertido más. 

Finalmente, una noche en que Pérez acude al estudio de Flórez para encontrarse con él, Clara, traumatizada al borde de la locura, los sorprende, toma un arma y asesina a Pérez. Luego, le da el arma a su marido, y le dice: “esta es tu última, tu buena evolución”: el círculo trágico se cierra. Florez se suicida, cumpliendo con la maldición de los invertidos y el horrible final que la vida les depara. 

La obra causó un escándalo cuando se estrenó. No solamente había homosexuales besándose en escena. Había también travestis, como La Princesa de Borbón, una de las primeras, si no la primera, travesti documentada de la historia argentina. Aunque fue prohibida por el intendente de la ciudad, un miembro de la familia Anchorena, con el paso de los años varios directores la volvieron a montar, y hace bastante tiempo, cuando yo dirigía teatro, monté una versión en el Teatro Buenos Aires. En ese momento me pareció, y me sigue pareciendo, una obra increíble de la cual no comprendo que no haya versión cinematográfica, pero consideraba que era imposible que las cosas horrendas que se decían en esa obra sobre las personas homosexuales se volvieran a decir a viva voz. Sin embargo, en los últimos días, el escritor Nicolás Márquez, biógrafo y amigo del presidente Javier Milei, volvió a poner el término “invertido” en circulación, en la entrevista que le hicieron los periodistas Ernesto Tenembaun y Gustavo Grabia

Nicolás Márquez

La homofobia de Márquez - aunque él diga que la homofobia es un invento idiomático para “patologizar” a quienes creen que los gays somos unos enfermos - viene de larga data. El autor de “El libro negro de la nueva izquierda”, un rancio manifiesto ultraderechista que tiene entre sus citas nada menos que El Mundo Today, un medio humorístico, dice que los homosexuales tenemos una “sexualidad trastornada”, compara la homosexualidad con el alcoholismo y dice que el SIDA es a ella lo que el colesterol para quienes toman demasiado. “Un castigo más severo”, dice en sus libros. Una idea que circulaba mucho en los 80’s, cuando apareció el virus. La peste rosa. Una maldición como la que Florez le comenta a su esposa. De hecho, Márquez le dijo también a Maria Julia Oliván, por estos días, que los homosexuales, (“no todos”, pero “hay una tendencia prevaleciente”), “tienen una vida complicada, angustiosa” y que por eso “hay que ayudarlos”. 

También le había dicho a Tenembaun que el Estado no debía incentivar “conductas autodestructivas”, “como lo ha hecho hasta la aparición de Javier Milei en escena”, aunque aseguró que estas cosas que piensa no puede atribuírselas al presidente de la Nación (basta ver lo que opina el diputado Alberto Benegas Lynch sobre la educación sexual, o la proximidad del presidente a fuerzas como Vox o el trumpismo, o las posiciones del gobierno en materia de cuestiones de género, para darse cuenta de que Márquez nos toma por idiotas). 

No es menor que el personaje Flórez sea alguien cercano a la ciencia médica y psiquiátrica de su época. En el texto “La patologización de la homosexualidad en los manuales diagnósticos y clasificaciones psiquiátricas”, el doctor en psicología de la Universidad de Buenos Aires, Santiago Peidro, explica como a principios del siglo XIX la psiquiatría “convirtió” a la homosexualidad, que hasta entonces era un pecado o un vicio, en una “enfermedad” (las comillas son mías). Esto es un cambio sustancial en cómo entender el odio hacia los homosexuales. Si la homosexualidad es una enfermedad, es una cuestión de salud pública. Entonces tenemos que curarla. Si la estamos curando, estamos ayudando. 

¿Cómo será que quiere curarnos el “doctor” Márquez? ¿Con una terapia de reconversión sexual, esa forma de tortura sin evidencia cientifica que recomienda junto a su socio y amigo, Agustín Laje? ¿Electrochoques? ¿Testosterona? Dice que le preocupan que se promuevan las conductas autodestructivas. ¿Se enojará con fumadores y alcoholicos igual que como se enoja con nosotros? ¿Los llamará “lumpenaje triste”, como llama a las travestis en su libro? ¿Le diría a un alcohólico, como dijo de la escritora Naty Menstrual, “sodomita periférico que funge de literato y se dio el lujo de publicar un bizarro libro de ‘porno-poesía’, oportunamente difundido por el diario psicobolche Página 12 en su ‘sección cultural”? Tal vez no comprendo la infinita compasión que Márquez nos profesa a nosotros, los invertidos. Pero no parece el discurso de alguien que quiera ayudar a nadie, sino el de una de esas personas que al escucharla siempre me hace preguntarme, “¿qué se sentirá que te odien como a un hétero?” 

Hoy día ningún profesional serio caratularía a la homosexualidad como una enfermedad, algo que Márquez le atribuye al “lobby gay”. Sin embargo, como un argumento para deslegitimar esta variante natural de la sexualidad humana, Márquez declara, sin citar su fuente, que los invertidos “tienen 14 veces mayor propensión al suicidio”. En la loca, boba y fofa manía discursiva de la nueva ultraderecha, los “datos duros” - como si un dato por si solo pudiera explicar una realidad - son inapelables. El estudio de 2021 ‘‘Suicidio en población LGTBI: factores de riesgo y de protección. Una revisión sistemática’’, de la Universidad de Valencia - aunque no es el único estudio - señala que el factor que más incide en el suicidio de la población LGBT es la falta de aceptación y la discriminación, que lleva a mayores niveles de stress emocional y de ideación suicida. No me explico por qué le parece tan raro a Márquez que un invertido elija darse muerte antes que vivir en un mundo lleno de gente como él, que le hace sentir que la muerte es  “su única, su buena evolución”. 

 

PD: Busqué “invertido” en el Diccionario de la Real Academia Española. Dice 'Contrario o de sentido opuesto' y '(razón o relación) en la que el aumento de una magnitud supone la disminución de la otra'. Es interesante como definición, porque implica que algo que está invertido está a la inversa “de otra cosa”. En el caso de los gays, a la inversa de la heterosexualidad. A la inversa de Márquez. Lo que define la inversión es la heteronorma. 

PDD: Miren en YouTube la versión de “Los invertidos” dirigida por Alberto Ure en los 90’s. Si se bancan el teatro filmado, no tiene desperdicio. 

PDDD: El director teatral Mariano Dossena también dirigió una versión muy exitosa en el teatro independiente. Fue mi profesor en la carrera de Puesta en Escena, recuerdo sus devoluciones con cariño. Cuando estaba dirigiendo “Los Invertidos” él me dijo que lo que pasaba en la obra no estaba demasiado lejos de la realidad, aunque pudiera parecer que eran prejuicios superados. En ese momento creí que tal vez era una exageración, que esos tiempos ya habían pasado. Tenías razón Mariano. “No la vi”. 





















 

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Tomás Rodríguez

Tomás Rodríguez

Redactor.

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