Mientras en la calle Buenos Aires se despide de diciembre en su versión más caótica -tránsito espeso, calor, agendas apuradas, teléfonos que no dejan de vibrar-, puertas adentro del local de Sylvie Geronimi el calendario parece cambiar. La charla transcurre con una calma reconfortante: Sylvie habla despacio, sonríe, escucha. Hay algo en su tono, en su forma de elegir las palabras, que desarma el ruido de fondo. A lo largo de la entrevista, sin énfasis ni consignas, vuelve una idea que atraviesa su manera de trabajar y de mirar el mundo: la importancia de lo hecho a mano, del tiempo, del saber que se transmite de generación en generación.
Francesa, hija de un diplomático de dicho origen y una madre argentina, criada en Asia y formada en París entre el teatro, la pintura, la actuación y la alta costura, Geronimi llegó a Buenos Aires casi por azar y se quedó por convicción. Tenía 25 años y trabajaba en Balenciaga cuando decidió tomarse unas vacaciones; primero Brasil, después Buenos Aires. “Era verano en Francia y pleno julio acá. Me invitaron a muestras, a galerías, conocí artistas”, recuerda. En esos días, alguien le habló de una marca francesa que admiraba desde siempre, Marithé + François Girbaud, pionera en llevar el jean a otro lugar y furor en Japón en los años 80. Habían vendido una licencia local y necesitaban zapatos para un desfile. “Dije que los podía diseñar, sin saber que también tenía que fabricarlos”, cuenta. Ese error feliz fue, en realidad, una revelación: descubrir que en Argentina el oficio seguía vivo, que el trabajo artesanal era posible y que el lujo podía construirse desde el atelier. “No quería hacer una multinacional. Quería estar en un taller”, cuenta. Dieciocho años después, esa elección sigue marcando cada paso de su camino.
Noticias: ¿Cómo es la mujer que usa Sylvie Geronimi?
Sylvie Geronimi: Si bien cada mujer es distinta, el punto en común es que están en la búsqueda de superarse, transformarse, ir para adelante, con pasiones. Desde la artista hasta la súper mega empresaria, pero en el medio hay cirujanas, actrices, cantantes.
Noticias: ¿Cuánto le importa la moda? Pareciera que lo que hace es atemporal.
Geronimi: Mi inspiración está más ligada al arte, la literatura. Lo que siempre me interesó e inspiró. Pero no dejo de estar atenta a la moda, porque incluso en ese universo hay personas que crean a partir del arte, y a las que muchas veces la industria termina prestándoles atención.
Noticias: ¿Cree que las argentinas somos elegantes?
Geronimi: Depende de qué quiere decir ser elegante. Creo que la elegancia francesa, por ejemplo, tiene que ver con que cada una tiene un estilo propio. A las francesas no les gusta seguir la moda. Las argentinas me parece que tienen esa cosa de la curiosidad, que hace que terminen incorporando estilos. Veo semejanza entre la cultura argentina y la francesa. Siempre digo que, si bien en Argentina hay más descendencia italiana o española, el humor de ustedes tiene mucho que ver con el humor francés.
Noticias: ¿Diría que sus creaciones son 100% estilo francés o ya se ha argentinizado?
Geronimi: En realidad, en Francia ven mi estilo latino y en Argentina me ven estilo francés. Mi padre era diplomático y viajé mucho de chica, creo que eso hizo que terminara teniendo una mezcla de estilos, algo muy mío. Es más una unidad de aquello que me fue nutriendo.
Noticias: ¿Cómo fue el momento en el que decidió quedarse en Argentina? ¿Cuál fue el factor que inclinó la balanza?
Geronimi: Cuando gustó el diseño que había presentado para el desfile de Marithé + François Girbaud, apenas hacía 15 días que estaba en el país. No estaba decidida a quedarme aún. Pero conocí a un argentino que se ofreció llevarme a talleres de zapatos, y me llevó a uno que fabricaba zapatos para la policía. No podía creer que ese oficio seguía existiendo... Me enamoré de eso. Pienso que en ese momento tuve una visión, porque armé mi propio taller, trabajé mucho con el oficio, me formé y formé gente. Y siento que estuve siempre atrás de decirles a los argentinos que le prestaran atención a lo que tenían, porque era oro en polvo. Eso es un eslabón de la cadena que en Europa se perdió y hoy están tratando de recuperar, porque entendieron que para hablar de lujo real hay que hablar de oficio. A la vez, cuando empecé a trabajar gané dos premios. La educación francesa es muy de la autoexigencia, es algo que está en la formación. Y yo tenía un poco esa duda de que, aunque me iba bien, me preguntaba cómo me iría si estuviera en Francia. Ganar esos premios me liberó y fue lo que me hizo decidir quedarme.
Noticias: Empezó diseñando para otros, ¿cuándo se independizó?
Geronimi: Primero diseñé para Ona Sáez, María Vázquez, Martín Churba, Fabián Zitta, Lonté, también para marcas que ya no existen más, como Anonimato o Rosita Lazo. Y en 2008 pensé: "Si me quiero quedar en serio, tengo que hacer algo propio". Y una amiga francesa me dijo: "Yo te ayudo con algo, pensá en qué necesitás para avanzar". Le dije que quería poner un local en Recoleta, que era donde tenías que estar en ese momento. Eso permitió juntar mi clientela, entre quienes me conocían y turistas.
Noticias: ¿Cuándo incorporó el atelier?
Geronimi: Fue algo que había pensado siempre, porque al tener un producto de oficio real, las clientas quieren ver cómo es la cocina. En este nuevo local de Palermo logramos eso, aunque en un principio esta casa era solo taller. La primera clienta que entró, muy emblemática nuestra, vio la reforma, con el vitraux, los cueros al fondo, y dijo "esto es Sylvie". Acá siento que puedo transmitir todo el oficio.
Noticias: Se dice que después de la pandemia las mujeres dejamos de usar tacos, ¿es tan así?
Geronimi: Antes la zapatilla era para caminar, para ir a correr, para hacer deporte. Hoy está la zapatilla para la diaria o el zapato más cómodo. Antes estaba mal visto. Mi clientela tiene su modelo de zapatilla para salir y caminar mucho, pero me dicen que la usan para cuidarse el pie para los tacos. No van a cenar o al teatro en zapatillas. La que se quiere vestir bien necesita el taco para lucir, para los eventos, para las fiestas. Y aunque he hecho zapatillas de diseño, nuestro zapato es cómodo, trabajamos en la estructura para lograr eso. Buscamos trucos para que te puedas dar el lujo de usar el stiletto sin que te duela.
Noticias: ¿Cuántos modelos produce por año?
Geronimi: Tenemos como 90 modelos de fiesta, porque quizás uno lo tenemos en tres alturas de taco. Incluso hacemos medio punto. Hay mucha producción, trabajamos bastante a pedido y también tenemos modelos únicos.
Noticias: ¿Cuáles diría que son los sellos de su estilo?
Geronimi: El modelo Arletty, por una actriz francesa de los años 20, que después saqué con versión con boca de pez. También la ballerina con taco, en versión baja y más alta. Tiene muchas versiones de colores, de telas, de charol, de cuero. Es un clásico nuestro. Y el otro modelo icónico se llama Sandrine, tiene acrílico y muchos vienen con telas que compro en Francia. Las compro en lugares de autores en tela y son creaciones únicas, no hay un par igual a otro, ¡ni siquiera un pie igual a otro!
Noticias: ¿Qué le sucedió con la apertura de importaciones? ¿La ayudó porque consigue más insumos o la complicó la competencia?
Geronimi: Directamente no es algo que me afecte. Mi clientela es una mujer que viaja un montón, se compra lo que quiere afuera, pero suelen decirme que se compran todo menos los zapatos. La que se enamora de nuestro estilo y comodidad se queda. Pero somos un nicho, no puedo ponerme a escala. De hecho, siento que cuantas más posibilidades tiene una persona de conocer el afuera, más valora lo nuestro. Porque hay oficio, porque es un zapato hecho a mano, porque cuidamos la autenticidad, es un diseño propio. Obviamente, es un mercado reducido, porque es un producto de lujo, pero no desde la etiqueta, sino desde revalorizar lo que no está hecho en serie.
Noticias: Lanzó el ciclo "Mujeres en sus zapatos", una serie que reúne a protagonistas con miradas singulares sobre el arte, la identidad y el calzado como herramienta de expresión y empoderamiento, ¿cómo nació?
Geronimi: Hace muchos años, vi en la calle a una mujer con una presencia increíble. Miré sus zapatos, me encantaron… y tardé unos segundos en darme cuenta de que eran “míos”. Ella los había incorporado tan naturalmente a su estilo, a su manera de caminar, a su identidad, que los había vuelto completamente suyos. Ese día entendí algo que nunca olvidé: el diseño termina en la mujer que lo interpreta. Volver a este proyecto en 2025 fue casi una necesidad. Lo sentí como una forma de recordar por qué hago lo que hago y para quién lo hago. Cada mujer que participa me muestra un mundo distinto, y en cada una de ellas también veo a nuestras clientas, que hace tantos años me permiten ser parte de sus historias. Hay algo en la relación entre quien diseña y quien calza que vuelve único ese encuentro. Este proyecto es eso: un puente entre mi oficio y la vida de cada mujer que interpreta un diseño a su manera.
Noticias: ¿Qué le pide al 2026?
Geronimi: Le pido que podamos seguir con la revalorización del oficio, que podamos abrir ventanas al afuera para que se pueda ver la diferencia con lo que generamos, para darnos cuenta de que en Argentina tenemos un montón para hacer y tenemos cosas únicas. Sigo eligiendo este país y quiero valorar todo lo bueno que tiene y mostrarlo al mundo.




















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