Sunday 5 de April, 2026

POLíTICA | Hoy 08:25

Karina: el origen de todos los pecados

La hermanísima está detrás de cada escándalo de corrupción que sacude al Gobierno: Coimas, la criptoestafa de Libra y su protegido Adorni. Escenas de la dependencia emocional del Presidente, que erosionan su imagen y el relato oficial.

Daniela Mori, una cantante de cumbia, fue la primera pareja que tuvo Javier Milei en toda su vida. Para ese momento, en el 2018, el libertario se acercaba a los 48 años, pero hasta entonces jamás había experimentado un noviazgo.

La otrora fundadora de “Las Primas” guarda un buen recuerdo de su tiempo junto al economista, pero cuando le preguntan tiene varios comentarios para hacer al respecto y que llaman la atención. Primero los largos meses que tardó en conocer el departamento de su novio en el Abasto: Milei le decía que Conan no aceptaba invitados, obviando el pequeño detalle de que el perro había fallecido el año anterior. También le quedó patente la atmósfera de suciedad que reinaba en la casa, producto de los cinco pequeños cachorros, copias genéticas del pater familias, que vivían hacinados en ese lugar. La cantante pasaba tardes enteras fregando el piso y juntando el desecho de los animales.

Sin embargo, hay una anécdota que guarda en la retina. Es lo que sucedía los sábados a la noche. Era un momento al que Milei, que ya pateaba sets de televisión y estaba comenzando su meteórico camino a la fama y al poder, le gustaba pasarlo mirando películas. Su entonces pareja aceptaba gustosa el plan, pero una y otra vez se topaba con el mismo escollo: la tercera invitada. Karina Milei, desconfiada de ese primer vínculo de su hermano mayor, se sumaba religiosamente los sábados, y con una particularidad: veía las películas desde la misma cama que los tortolitos. Seis meses después, empuje de la hermanísima mediante, Milei le cortó a la cantante.

Desde entonces pasaron varias cosas, empezando por el hecho de que los hermanos llegaron al poder y hasta triunfaron en las elecciones de medio término. Pero el fondo sigue siendo el mismo: Karina Milei controla hasta lo que sucede en el lecho de su hermano, lo que le da un poder monopólico sobre el Presidente y sobre el Gobierno. Esa ausencia de límites, la incapacidad que tiene el mayor de la familia o cualquier otro de frenarla, su necesidad de ser siempre protagonista, y la avidez por lo material la llevan una y otra vez a estar en el centro de todos los escándalos del oficialismo. Si hay un pecado en este gobierno, Karina está atrás. Y cada vez queda más a la vista que hay más de una manzana podrida.

Problemas. Un importante miembro de La Libertad Avanza, de su línea fundadora, rechequea que lo que está a punto de decir quede en el estricto off the record. “Se están empezando a sentir las consecuencias de que todo lo maneje Karina”, dice en un susurro que expresa que, aunque la figura de la secretaria general esté golpeada, sigue generando pánico en el oficialismo.

Es que todos los grandes escándalos que atraviesa y atravesó el Gobierno se remontan a la secretaria general. El caso Andis, los audios de Spagnuolo y la larga mano de “Lule” Menem, la criptoestafa de Libra y los vuelos de Manuel Adorni. Todos los caminos conducen a Karina, y esto es sólo para mencionar los casos que trascendieron al círculo rojo y llegaron hasta el debate público. Hay varios más que esta revista viene relatando y que quizás en algún momento se conviertan en tema de interés nacional: la venta de candidaturas, los encuentros tarifados con el hermano, el retorno de un diezmo en las delegaciones locales de Anses y del Pami, y la falta de transparencia en las cuentas de la familia, por sólo nombrar algunos.

 

Los frentes se podrían dividir en dos. El más candente involucra lo que Diego Spagnuolo calificó como “voracidad genética”: la capacidad de Karina Milei de aparecer una y otra vez en el medio de un escándalo de corrupción. El acuerdo entre Mauricio Novelli y los Milei en caso Libra habla de un pago de US$ 5 millones. Los audios del trader explícitamente mencionan un pago mensual de US$ 2000, cuando el libertario era diputado, y US$ 4000 cuando llegó al poder. Las candidaturas, según lo que denunciaron libertarios corridos a lo largo y a lo ancho del país, oscilaban entre US$ 20 mil a US$ 50 mil dólares cada uno. Los encuentros tarifados de US$ 3 mil a US$ 10 mil, aunque algunos invitados al Tech Forum, el evento que organizó Novelli y que contó con la presencia del Presidente, declararon que el número era de “seis cifras”. Spagnuolo asegura en sus audios que Karina se llevaba de US$ 500 mil a US$ 800 mil mensuales, sólo por el supuesto sobreprecio en la compra de medicamentos. La lista podría seguir pero el final es siempre el mismo: lo que parecería ser algo parecido a un vicio de Karina por el dinero.

El otro frente, al que se remontan todos los males, es el político. O, mejor dicho, la selección de personal. Acá Karina presenta una radical diferencia con su hermano: mientras que este se desprendió de cada uno de sus funcionarios cercanos en momentos complejos -Francos, Posse, Spagnuolo y Marra, por sólo citar algunos-, la menor de la familia hace todo lo contrario. Apoyó a “Lule” Menem en el peor momento de Andis, a su armador Sebastián Pareja luego de la derrota bonaerense -a pesar de que el propio Presidente intentó echarlo hasta que chocó con la negativa de su hermana- y ahora a Adorni. Esta tenacidad -“no me van a doblar la mano”, fue la primera reacción de la secretaria general cuando le vinieron a pedir la cabeza del jefe de Gabinete- ya probó ser un problema: por un lado no habilita el recambio de figuras como fusibles, y por el otro parece más que una casualidad que todo lo que se mueve a su alrededor sean dirigentes opacos y con propensión a ser atrapados en actos indebidos. “Karina sólo se rodea con gente que le sea totalmente sumisa y que no tenga expectativa de vuelo propio”, dice un dirigente que dio batalla contra ella y perdió.

De cualquier manera, sería injusto no mencionar que la secretaria general no es la única que logra generarle daño al Gobierno. El propio Milei es partícipe necesario, además de lo que hacen funcionarios de otras órbitas. Además está el gran tema de fondo: la economía, que, entre una inflación que hace nueve meses que no baja, el aumento del desempleo y la caída de consumo, sigue en un estado dramático. El Índice de Confianza en el Gobierno, que hace la universidad Torcuato Di Tella y es seguido con sumo interés por todo el círculo rojo, registró en marzo el cuarto mes al hilo de caída, llegando a la que es la cifra más baja en lo que va de mandato.

De cualquier manera, Karina -que en el grueso de las encuestas cosecha una imagen negativa de 60 o 70%- logra hacerse destacar entre todos los frentes abiertos. Tiene alguna lógica: los líos de Karina y de los suyos, sea por los escándalos de corrupción o por los viajes en vuelos privados a Punta del Este, golpean al corazón del relato del Gobierno. “Milei plantea una discusión en términos morales: el bien contra el mal, los argentinos de bien contra la casta. Si la economía sigue así lo único que te queda para ofrecer, de cara a las elecciones del año que viene, es ese relato. Y estos hechos le pegan de lleno”, asegura un consultor que hoy trabaja para el oficialismo. El hombre suma un dato más: la imagen negativa del Presidente jamás estuvo tan alta. La encuestadora Delfos la situó en 62%, Haime en 67%, CB Consultora en 55,6%, y Tendencias en 55%, por sólo citar algunas.

Laberinto. Parece casi una ironía, pero en este gobierno que en varios sentidos se parió en un estudio de televisión mucho de lo que sucede se explica por las cámaras. Ese es un terreno, el de las transmisiones oficiales, que maneja el bando de la hermanísima. La ausencia, por segundo año consecutivo, de cualquier imagen de Santiago Caputo o de los suyos en la apertura de las sesiones en el Congreso fue un aviso brutal -los únicos que la hermana sabe dar- de que el poder interno en el oficialismo estaba torciéndose radicalmente en favor de Karina. Días después el ministerio de Justicia se sumaba a su órbita de control.

El miércoles 18 volvió a suceder algo similiar. Milei estaba dando un discurso en el Palacio Libertad cuando paró para felicitar, en clave mística, a su asesor estrella. “La obra del Señor ha cambiado. Antes nos mandaba el maná, ahora nos permite tener genios como Santi Caputo”. Inmediatamente la transmisión se fue a la primera fila, donde se vio a Karina, con mala cara, junto a Adorni, “Toto” Caputo y Mario Lugones, que empezaron a aplaudir. Apenas los funcionarios se percataron de la seriedad de la secretaria general guardaron rápidamente las palmas, casi como un grupo de chicos al que un maestro encuentra haciendo lío en el aula. Llamó la atención que hasta el ministro de Salud, padre de Rodrigo Lugones, el socio histórico de Santiago Caputo, le siguiera la corriente a Karina.

Hay otra paradoja encerrada atrás de la escena. Es que mientras que todos los escándalos se montan sobre la espalda de Karina, ella no para de acumular poder. Quizás no sea para nada una casualidad: la decisión de hacer ministro a un destacado miembro de la casta judicial como Juan Bautista Mahiques señala que la secretaria general, con las causas calentándole el oído, empieza a pensar en el día después del poder.

Las próximas áreas que tiene en la mira son la SIDE y el ARCA. A la Secretaría de Inteligencia, tal cual contó este medio, aún no la colonizó simplemente por falta de recursos humanos: le ofreció el puesto en dos ocasiones a Jorge Anzorreguy, el abogado que es sobrino de Hugo, antiguo mandamás de los espías menemistas, pero este rechazó un convite que puede resultar una bomba de tiempo en este gobierno. Andrés Vázquez, al frente de la agencia de recaudación, está poniendo en práctica esa vieja máxima de que en política sólo se acompaña hasta la puerta del cementerio: a pesar de que su escudería es la de Caputo, viene tendiendo puentes con el karinismo. Algunos en el Gobierno, con malicia, se preguntan si todavía sigue abierto el mercado de pases del verano. Sergio Neiffert, que dejó la SIDE a fines del año pasado, le podría aconsejar con su propia experiencia: sobre el final de su mandato intentó cambiar de bando pero no lo logró y debió dejar su cargo.

Karina ya dio pruebas de que no toma rehenes. Ya se sacó de encima a Nicolás Posse y Guillermo Francos, dos actores que tenían espalda propia, y ahora aspira a hacer lo mismo con Caputo, o de mínima reducirlo a la categoría de simple estratega. La hermana va en busca del control total del Gobierno.

El tiro del final. Por un lado hay una certeza: Javier Milei no podría haber sido Presidente sin el empuje y el apoyo de su hermana. Ella fue la única persona que lo contuvo y quiso -alguno podría decir que lo hizo a su particular manera- a través de toda su vida. Estuvo cuando nadie más, ocupándose hasta de detalles que cualquier adulto promedio suele resolver por sí mismo: ella le llevaba a planchar los trajes, le manejaba la agenda, el dinero, le daba comida y mucho más. Dando un paso más, se podría asegurar que no es que Milei no podría gobernar sin la hermana: no podría vivir ni un día sin ella.

Pero esa moneda tiene dos caras. Karina, la columna vertebral sobre la cual se montó el éxito del hermano, va camino a convertirse también en su peor pesadilla. Más de uno de sus enemigos asegura que, directamente, va a ser la responsable de su final. “Y no sólo político, también personal, le va a arruinar la vida”, dice un hombre que los trató mucho, en referencia a un posible desenlace judicial. Quizá Karina, como Eva en la Biblia, es la que terminará logrando que el futuro de su hermano se convierta en una pesadilla.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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