La cita suele ser atribuida falsamente al dramaturgo alemán Bertolt Brecht, pero pertenece a un compatriota suyo, el pastor luterano Martin Niemöller, un temprano seguidor de Adolf Hitler que con el tiempo se convirtió en crítico implacable. No es un poema, como sostiene el lugar común, sino un discurso público que solía repetir. Habla de la silenciosa complicidad de la sociedad alemana en el ascenso del dictador y dice así: “Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre”.
El mensaje es transparente y alude a una conducta que se repite a lo largo de la historia y las distintas geografías, desde la Alemania nazi hasta la Argentina procesista del “no te metás” y del “por algo habrá sido”. Cuando una fuerza superior y descontrolada se mete con el más débil, o con una minoría o, como ahora, con una nación aislada en la geopolítica continental como lo es Venezuela, el resto suele callar y mirar para otro lado. Total, no son ellos los chavistas. Incluso algunos, como Javier Milei y sus funcionarios, aplauden con entusiasmo.
Pero, ¿cómo sigue la historia? ¿A quién le tocará a continuación?
Luego del golpe contra Nicolás Maduro, el nuevo y autoproclamado sheriff del mundo, Donald Trump, ya advirtió que otros países podrían correr la misma suerte si no se comportan de acuerdo a lo esperado. México y Colombia son solo dos ejemplos.
No sin razón, los detractores de lo ocurrido en Caracas, dirigentes que van del centro a la izquierda del espectro ideológico, hablan de una flagrante violación de la sobernanía nacional de Venezuela y del derecho de autodeterminación de los pueblos. Hasta alguien tan poco “progre” como Horacio Rodríguez Larreta acaba de tuitear: “Hay, sin embargo, un principio que no se puede violar unilateralmente: el respeto a la soberanía de los Estados. Es un antecedente peligroso. Aun frente a gobiernos injustos, autoritarios y violentos. La salida para Venezuela no puede ser la imposición externa. Tiene que ser democrática. Tiene que ser venezolana. Que decidan en libertad. Elecciones libres ya”.
A lo cual su ex contrincante en la interna presidencial de Cambiemos, la hoy libertaria Patricia Bullrich, respondió: “Dios, qué tibio. ¿Cómo se siente coincidir con el kirchnerismo, Horacio?”.
La contestación del ex alcalde porteño fue una imagen de Bullrich en su época de montonera, nacional y popular, con este agregado: “Quizás vos me lo podés explicar mejor, Pato”.
Chapeau.
Que la intervención desembozada de Estados Unidos en la poilítica interna de otro país merezca un mayoritario silencio, e incluso varios aplausos, no deja de ser un signo de la época que tan bien encarnan Trump, Milei y otras caras de la nueva derecha, y que no tienen reparo alguno en proclamar la ley de la selva, la del más fuerte, el león. La ley de los hechos consumados y la diplomacia cero.
Si el pastor Niemöller viviera, acaso sentiría un escalofriante déjà vu.


















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