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Noticias Uruguay / 30 de noviembre de 2018

Este es Juan Sartori

Se fue a los 12 años del país acompañando a su madre. Hoy, convertido en un empresario exitoso y millonario, el hombre de 37 piensa en ser candidato del Partido Nacional.

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Apasionado del fútbol, Sartori se dio el gusto de comprar el Sunderland de Inglaterra.

Juan José iba todos los días caminando al secundario, el Collége Calvin de Ginebra, y en su recorrido pasaba frente al Banco Cramer. Un rato antes de entrar a clases, solía entrar a una librería de libros antiguos y usados, de esos que tienen ejemplares con páginas amarillentas y ajadas. A veces compraba alguno, a veces lo pedía prestado y después lo devolvía. Un día, repasando lomos de libros antiguos, vio uno escrito por un tal Cramer, el mismo apellido del Banque Cramer. Le dijo al librero que no llevaba plata en ese momento -tenía 14 años, y a veces andaba con algún peso que le daba su madre para la merienda, poco más-, pero que si se lo prestaba, al otro día se lo pagaría. Y se fue con el libro al Banco. En la recepción pidió con el dueño o gerente general que se apellidara Cramer. “Acá hay un adolescente que quiere verlo”, dijo la recepcionista por teléfono y al rato, Juan fue recibido por un tal Cramer. Le mostró el libro, escrito a fines del siglo XIX, y le dijo que, quizás, podía ser algún antepasado suyo. “Es increíble, este fue tatarabuelo mío”, dijo Cramer, y se lo compró. Le pagó casi tres veces el valor del libro, y al otro día, Juan le pagó al librero el precio original.

Ese fue, en rigor, el primer negocio de Juan Sartori.

Pero, como se pregunta su campaña de expectativa en redes sociales y televisión, ¿Quién es Juan Sartori? Lo que se sabe es que es un empresario uruguayo, millonario, que tiene casas en Londres, Ginebra, Nueva York y Montevideo, que vive viajando y haciendo negocios muy rentables, y que hace menos de un mes irrumpió en la escena política uruguaya cuando llegó al Aeropuerto de Carrasco y dejó entrever que le gustaría presentarse como precandidato del Partido Nacional, porque “la política no tiene dueño”.

En filas nacionalistas no lo han recibido muy bien. Ajeno al escepticismo reinante, el hombre, de 37 años, ya ha salido a recorrer el interior del país buscando adhesiones que le permitan, a mediados de diciembre, oficializar su candidatura con el lema Uruguay por el Cambio que tenía registrado Alem García, un hombre que hasta este momento parecía bastante alejado de la política.

Acostumbrado a afrontar grandes desafíos, Juan Sartori se acerca a la política.

Niño prodigio. Juan José Sartori Piñeyro es hijo de Gustavo Sartori, un comerciante y pequeño empresario que trabajó en una plantación de olivos y en una tienda de ropa, y Rosina Piñeyro, una socióloga que supo ser secretaria en la OEA. La pareja se separó cuando Juan tenía 3 años. Madre e hijos vivieron los primeros años en la Ciudad Vieja, atrás del consultorio de dentista que tenía su abuelo, profesión que luego heredó un tío segundo, Santiago Sartori, que ahora mudó su consultorio a Carrasco.

Juan José vivía con su madre y su hermana un año menor. Tuvieron que mudarse un par de veces, siempre en la capital, hasta que a la mamá le salió una beca en París para estudiar un doctorado en Ciencias Políticas, y allá fueron los tres. El niño terminó la primaria en el colegio Federico García Lorca de la capital francesa (a donde iban los hijos de españoles y latinos), y cuando su madre terminó el posgrado consiguió empleo en la sede de la ONU en Ginebra, y allá fueron. Terminó la secundaria en el mencionado colegio Calvin, y se fue a estudiar una licenciatura en Economía y Negocios en la Universidad de Lausana, Suiza, con un último año en Harvard.

Durante su periplo francés no sólo terminó la escuela: también se dedicó a trabajar haciendo de todo un poco en un hotel. Limpiaba y planchaba sábanas, hacía mandados, atendía la conserjería e hizo, a mano, planillas para reservar dormitorios con buen pulso. Cuadernos enteros de planillas manuscritas.

El episodio del libro que le vendió a Cramer cuando tenía 14 años fue el germen de una escalada de negocios que le fueron mostrando el camino. Primero se tomó en serio lo de vender libros. Lo hacía por Internet: ofrecía libros antiguos, difíciles de conseguir, y los enviaba a largas distancias después de recibir el pago por transferencia. Después, junto a un amigo italiano abrió el sitio Guanet, una plataforma de Internet por la cual se podían organizar partidos de fútbol, tenis, básquetbol o el deporte que fuese, y donde los usuarios -deportistas por diversión- creaban un perfil, dejaban registrada su disponibilidad horaria y especificaban en qué zona estaban y si salía un partido, eran notificados por sms para que confirmaran su presencia. Todavía no existía Facebook. Tuvieron buenas ganancias con ese invento, y terminaron vendiéndole la idea a algunos clubes de tenis. Durante años siguió cobrando las regalías.

Desde su juventud ya sabía que le gustaban la economía y la Bolsa de valores. Por eso, en los dos últimos años de facultad convenció a sus amigos para que le confiaran sus ahorros y comprar acciones en la bolsa. En 2002 y 2003 -mientras Uruguay se desplomaba con la crisis económicofinanciera que dejó el tendal- nació Union Capital Group, con Sartori al frente, en Suiza.

Tenía 12.000 dólares que le habían dado sus amigos y 4.000 propios.

Con lo que pensó que era un dineral se fue a visitar un banco suizo. Mostró un PowerPoint y los convenció de que le dieran 100.000 dólares para invertir. Con esos 116.000 lanzó un fondo de inversión y siguió visitando grandes capitalistas, hasta que uno le dijo que no volviera a llamarlo hasta que no tuviera 10 millones de dólares.

Sartori era bueno, pero el momento, con los “commodi-Agroties” altos y una buena rentabilidad, fue el viento de cola que precisó para largarse. “Empezó a invertir cada vez más gente con él y cuando cumplís un año con el fondo de inversión o llegás a determinados volúmenes, ya la plata empieza a venir sola. Ya no era él con su PC haciendo buena rentabilidad: el mercado quería ver gerencia de riesgo, organización, entonces él agarró a 10 amigos que querían hacer inversiones como él, pusieron todo en una sola empresa y pasaron a tener 10 fondos distintos. Tomó decisiones rápidas con gente que sabía lo que estaba haciendo y se armó una empresa que después se volvió muy grande“, dijo alguien muy cercano a Juan Sartori.

“Ya que tengo credibilidad, y lo financiero cambió a otra cosa, ¿qué puedo hacer en Uruguay?”, pensó Sartori a fines de 2005, contó alguien de su entorno. Ahí puso en Google: “Uruguay agricultura”. El primer link era de Agrogestión y le salía la foto de Oscar Costa, entonces presidente de la Asociación Forestal. Y le escribió. El resto de la historia la cuenta Costa, inseparable de Sartori desde 2006 y su mano derecha en la eventual candidatura.

Sartori le dijo que quería reunirse con él, pero estaba en Suiza. Costa le contestó que lo esperaba antes de fin de año, porque después se iría de vacaciones. Sartori no apareció en fecha, pero volvió a llamarlo el 4 de enero de 2006, y Costa le dijo que estaba en la playa, con la cabeza en otra cosa. “Voy hasta su sombrilla, si es necesario”, le insistió Sartori, entonces Costa le dijo que lo esperaba a las 14 horas en su casa para tomar un café y conversar.

Cuando apareció, él tenía 24 años y llegó de bermudas y remerita. Yo esperaba a un hombre grande, por lo menos de mi edad. Entonces le dije que mi hija no estaba, que se fuera por favor, que estaba esperando a Sartori, un señor importante. ‘Yo soy Juan Sartori’, me contestó. Hablamos durante tres horas y me di cuenta de que era un muchacho distinto al común. Tenía una visión del mundo y una madurez que a esa edad no es normal. Y era un visionario con los negocios“, dice Costa, coronel retirado e ingeniero en informática.

Costa le dijo que podía darle 12.000 dólares para invertir -tenía dos lugares en sociedades, donde el 1% equivalía a 6.000-, pero no estaba muy seguro, le parecía muy riesgoso: “Lo veía como a un hijo mío, y temía darle 12.000 dólares”. Se los dio, y meses después Sartori le pidió hacer una sociedad completa con 600.000 dólares.

Antes de aceptar, Costa viajó a Ginebra y conoció Union Capital Group, ahí vio que el propio Sartori era el mandamás del holding de inversiones de grandes capitales. No pasó mucho para que Sartori duplicara la apuesta: le pidió hacer una sociedad de 1.200.000 dólares… y todo había comenzado con 12.000.

“Él podía hacer negocios en cualquier parte del mundo -y los hizo- pero siempre tuvo claro que quería hacer cosas en Uruguay. Se las ingenió para que Uruguay fuera el destino de sus esfuerzos. Ahora, cuando la gente se pregunta por qué meterse en política: ese es el inicio, él nunca se desarraigó de su país“, dice Costa, haciendo política.

Arranca UAG. La sociedad con Costa en 2006, en principio con Agroties gestión, fue el germen de lo que dos años después sería Union Agricultural Group (UAG). Por consejo de Costa, Sartori invirtió en los arándanos, hasta que dejó de ser buen negocio. “No caminaba, dejó de ser rentable, y le dije: ‘Juan, tenemos dos opciones. O vamos a pérdida y cerramos esto o le pedimos más plata a los inversores’. Y él hizo una cosa distinta.

Me dijo: ‘Vamos a hacer algo mucho más grande, donde los arándanos formen parte y no sean un problema”, contó Costa.

Así, desde una frustración, nació UAG. “Salimos a buscar capital al mundo. Pensé que salíamos a buscar 10 o 15 millones de dólares, y en la primera ronda vinimos con 80. Decidimos poner un proyecto agrícolaganadero que incluía los arándanos, la soja, la apicultura. Preparamos un proyecto de inversión y salimos a través de bancos de inversión que nos apoyaron, salimos a ofrecérsela a fondos de inversión y de pensión en todo el mundo, que nos apoyaron”, continúa. En esas rondas de capitalización, consiguieron al National Bank of Canada o China Investment Corporation, además de ganarse la confianza de la bolsa de Nueva York.

Juan Martín Jorge, primer abogado y socio fundador de UAG, dijo que a caballo de la soja, la empresa fue creciendo hasta manejar 150 mil hectáreas entre propias y arrendadas. Hoy -cuando Sartori ya no es el director, aunque conserva un 20% de las acciones- UAG tiene unas 80 mil, dado que fue golpeada como el resto del agro.

Jorge dijo a NOTICIAS que Sartori es “un genio loco” como lo fue Jorge Batlle. “Yo se lo quise presentar, pero no llegó a conocerlo. Tanto Juan como antes Batlle son tipos que ven todo mucho antes, son visionarios y ambos con una capacidad intelectual superior. Esa genialidad implica un costado complicado”, apunta el abogado. Para él, Juan Sartori sacrificó 10 años de su vida arriba de un avión por sus negocios -llegó a tener 30 empresas en todo el mundo- y perdió tiempo con su familia o amigos. “No tiene muchos amigos, me refiero a amigos de verdad, no los que se le acercan por interés”.

Para el Dr. Jorge su amigo Juan Sartori es “calentón, muy estricto cuando trabaja, un cabrón”. Pero esa personalidad fuerte le ha llevado al éxito empresarial. “Ese carácter, puteando a todo el equipo, nos permitió a todos llegar más lejos, conseguir más cosas y atraer muchas más inversiones de las que imaginábamos”.

Cannabis y fútbol. Sartori es simpatizante de Nacional, y fanático de la selección uruguaya. Junto a Costa fueron a seguir a Uruguay al Mundial de Brasil 2014, y este año también al de Rusia. Dice Costa -su ladero y quien lo apuntala- que de joven tenía grandes condiciones para ser futbolista profesional, y ahora despunta el vicio en picados de fútbol 5 que organiza en cada país donde esté. “El otro día, en plena gira por el interior, jugó un partido en Tacuarembó. Hizo un gol de antología: se la jopeó a uno, la bajó, se la pasó a un compañero, recibió la pared e hizo el gol”, lo relata el ex militar, quien en 2013 también coqueteó con la idea de ser candidato a la Presidencia por el Partido Nacional.

Juan Sartori llevó su pasión por el fútbol a Inglaterra y se convirtió en uno de los dueños del Sunderland.

Juan Martín Jorge también confirma que es habilidoso, le gusta jugar arriba y hacer goles. Para despuntar su pasión por el fútbol, a mediados de junio de este año junto a dos socios compró el club Sunderland, de la divisional C de Inglaterra, un histórico club británico ahora caído en desgracia. “Ahí tuvo suerte porque un tiempo antes casi compra el Oxford, y no salió. Fue mejor, porque con sus mismos socios ingleses hizo un negocio mucho mejor en una institución más importante”. Sartori es un tipo saludable (juega al fútbol tres veces por semana), delgado y agraciado que no fuma y no bebe alcohol. Y sólo una vez probó la marihuana estatal, por curiosidad, en compañía de Costa. Juan le dio dos pitadas y no le hizo nada, Costa fumó un poco más y se fue a dormir con su esposa. Esa vez probaron el cannabis comprado en la farmacia, el de su propia empresa. Porque ni bien el Gobierno de Mujica oficializó la legalización de la marihuana y una producción amparada por el Estado, Sartori vio la oportunidad. Se presentaron decenas de empresas y la de Sartori (ICC, International Cannabis Corp) fue una de las ganadoras. “No tenía ningún “know-how” de marihuana, como antes no lo tuvo de agricultura. Él identifica tendencias globales y se la juega. Tiene visión comercial. Se junta con los que saben, arma un proyecto y lo dirige financieramente. En 2012 ésta del cannabis fue una de 100 apuestas que hizo, y por suerte salió bien”, contó un allegado. Luego, copió el modelo en Colombia, y finalmente vendió ICC a la empresa Aurora, de capitales canadienses.

En los últimos años, especialmente en éste, Sartori se fue alejando de algunas empresas, para dedicarle más tiempo a sus hijos Isabella de 4 años, Alexander de 2 y Julia de apenas dos meses. “Empezó a dejar algunas empresas porque ya no tenía tiempo de ocuparse. Ya había cotizado en bolsa. Empezó a salir de la locura del armado de las empresas para estar más con sus hijos y su mujer”, dijo un amigo íntimo. “Es un adicto al trabajo, llegó a trabajar a la vez en los cinco continentes. Seguir con esa locura de vivir arriba de un avión iba a ser muy complicado”, dijo Costa, quien espera que ahora su compañero se quede a residir un buen tiempo en Uruguay.

Al cierre de esta edición de NOTICIAS, Juan Sartori esperaba el resultado de una encuesta, tras la campaña de expectativa en los medios y redes. Sartori ha desarrollado una estrategia de comunicación –con comunicadora corporativa, fotógrafo y tres piezas publicitarias para presentarlo en sociedad-, además trabaja con la consultora internacional Gallup y es propietario del portal Ecos. Hace dos semanas, además, se reunió con algunos periodistas y líderes de opinión para conocerlos y conversar de manera informal.

“Si todo le da bien, se tira, si no, no se va a largar porque si no está seguro, no lo hace. Sería una pena que no se tirara”, dijo un político que lo acompaña. Costa le tiene una fe ciega y dice que el sistema político hoy no tiene ningún candidato mejor que Juan Sartori. “Tiene una gran capacidad de gestión, sentido común y una inteligencia superior. Si hiciéramos un test de capacidad intelectual, sería el primero lejos. Y además tiene “networking”, contactos, en el mundo entero, para traer inversiones millonarias al Uruguay, como ya ha venido haciendo”, dijo su socio, para quien Sartori -en caso de sortear las internas- puede ganar las elecciones nacionales en primera vuelta. Para Costa, Uruguay no puede darse el lujo de despreciar al “único que puede transformar este país para que vuelva a ser la Suiza de América”.

NADA BIENVENIDO

En el Partido Nacional varios dirigentes exhibieron su malestar con la noticia de una posible candidatura del empresario Juan Sartori. La precandidata Verónica Alonso escribió en Twitter el 11 de octubre: “NO lo conozco, NUNCA lo vi, y NO SÉ qué piensa. Bienvenidos todos los que ayuden a sumar en el Partido pero alguien que vive hace más de 20 años fuera del país no parece el más comprometido con los problemas de Uruguay”.

El diputado Pablo Abdala tuiteó: “¿Sartori? ¿Quién es? Para ser candidato del Partido Nacional, por lo menos, hay que tener legitimidad, trayectoria militante y reconocimiento partidario. No hay lugar para paracaidistas con plata. Payasada”. Y su tocayo Pablo Ithurralde sostuvo que había escuchado su nombre cuando leyó la noticia de que en 2015 se había casado con una millonaria rusa. “A un partido de 182 años no le interesan señores oportunistas que vengan a instalarse. Este señor no es parte de la historia nuestra”, agregó.

El más duro fue el diputado Jorge Gandini, quien, además, debió firmar para que Sartori integre una agrupación reconocida a nivel nacional y así poder competir en las internas. “Nunca vi esto, es muy extraño ver que viene a mi partido alguien a quien no conocemos, que no ha votado, no ha militado, que no ha perdido una noche por el partido, que no lo conoce nadie como blanco. Ha sido un empresario vinculado al gobierno de Mujica, que ha gestionado una empresa que en un Gobierno de izquierda tuvo 150 mil hectáreas”, enumeró Gandini en diálogo con NOTICIAS.

El diputado nacionalista también se refirió a la deuda que UAG -la empresa que dirigió Sartori, quien conserva un 20% de las acciones- mantiene con los bancos uruguayos, que al 2018 asciende a 63 millones de dólares, de los cuales 43 millones son deudas con el Brou.

“Consiguió préstamos importantes del Banco República que no los puede pagar porque los compró cuando hizo una inversión más del tipo inmobiliario que productivo. Hoy la tierra vale bastante menos de lo que valía de garantía cuando consiguió el préstamo y los bancos no pueden ejecutar porque no tienen garantías suficientes”, dijo Gandini.

El 29 de junio UAG le comunicó al Banco Central el alejamiento de Oscar Costa y Juan Sartori como directores. Según datos de la central de riesgos del BCU publicados por Búsqueda, el Banco República calificó a Sartori como “deudor irrecuperable”, mientras que otros bancos lo tildaron de “deudor con capacidad de pago muy comprometida”. De inmediato, UAG emitió un comunicado en el que indicó que no tiene deudas “irrecuperables”, dado que “todos los préstamos bancarios están respaldados por hipotecas de las tierras que superan en más de cuatro veces el valor del pasivo”. José Pedro Sánchez, actual director de UAG, dijo en el comunicado que el patrimonio total de la compañía supera los 250 millones de dólares y que la deuda bancaria se redujo a la mitad en los últimos dos años y medio.

Gandini fue uno de los que aprobó el ingreso a la competencia de Sartori, sin saberlo. “Yo firmé el ingreso de una agrupación histórica, la de Alem García, que cumplía los requisitos. Y una semana antes había llamado (Oscar) Costa al partido para afiliarse y afiliar a ‘un amigo que vive en el exterior’. Sartori entró por la ventana, y para entrar debió romper algunos vidrios”.

Gandini dijo que no sabe cómo piensa Sartori y cuán blanco es. “No debe saber la letra de la marcha Tres Árboles”, ejemplificó. Según un político que lo está acompañando, Juan Sartori sí conoce al dedillo la letra de la marcha, y también la sabe recitar en francés. “Le sugerí que se la aprendiera en inglés”, bromeó el político que lo acompaña.

MATRIMONIO MULTIMILLONARIO

Juan Sartori fue noticia en Uruguay cuando en 2015 se casó con la multimillonaria rusa Ekaterina Rybolovleva en la isla griega de Skorpios, que su padre le arrendó a la familia del fallecido magnate Aristóteles Onassis. Ekaterina-Katia, como la llama Sartori- pasó a ser la arrendataria de la isla donde 50 años antes Onassis contrajo enlace con la viuda de JFK.

La esposa de Sartori, de 29 años, es psicóloga, ha trabajado en un Fondo de Inversión -como su marido- y entrena cuatro horas al día en salto ecuestre. Sartori la conoció en un cumpleaños que se realizó en la isla. Él fue como invitado, pero no conocía a la cumpleañera. Cuando se la presentaron, vio que tenían en común el Fondo de Inversiones y una infancia en Suiza, donde ella vivió desde los 9 años.

Se estima que la fortuna del padre de Katia, Dmitiri Rybolovlev, ronda los 10.000 millones de dólares, poco más del 20% del PIB de todo Uruguay. Es, además, presidente del club AS Mónaco. A principios de noviembre, el suegro de Sartori fue arrestado en el marco de una investigación por corrupción, tráfico de influencias activo y pasivo y complicidad en esos delitos.

Fuentes allegadas a Juan Sartori explicaron que la detención -que duró 24 horas para un extenso interrogatorio- era esperable, pues formaba parte de una contrademanda. Inicialmente fue Rybolovlev quien demandó a su marchante de confianza por la que se conoce como “la estafa más grande en la historia del arte”. El magnate acusa al marchante francés Yves Bouvier de haberlo estafado al inflar el precio de 38 obras de arte (entre ellas un Da Vinci, un Modigliani, un Rothko y un Klimt) por lo que la estafa ascendería a mil millones de dólares.

“Esa detención estaba prevista hacía seis meses, se sabía que lo iban a llamar a declarar. A Juan (Sartori) eso no le preocupa, es su suegro y nada más. Son dos empresarios, les fue bien y nunca tuvieron negocios juntos“, sostuvo alguien del entorno íntimo de Sartori.

El divorcio con su ex esposa Elena, con quien estuvo casado seis años, le puede costar a Dmitri Rybolovlev, que sea el más caro de todos los tiempos, dado que ella le reclama 4.500 millones de dólares. La ex acusó al millonario de haber enviado parte de su riqueza al exterior para que no pudiera ser contabilizada en la demanda por divorcio.

Rybolovlev, persona de confianza del presidente ruso Vladimir Putin, es incluso investigado por su relación con el presidente estadounidense Donald Trump. Según publica Vanity Fair, en 2008 Rybolovlev le compró a Trump una mansión en Palm Beach, Florida, por 95 millones de dólares. La transacción es investigada en el marco de la supuesta relación de Trump con Putin. “Irónicamente, en la operación, Trump obtuvo un beneficio de 54 millones de dólares. La mansión junto a la playa duplicó su valor en apenas cuatro años. Rybolovlev, el milmillonario de los sobreprecios”, concluye la publicación.

MODELO: NO UNA, 20 UPM

Juan José Sartori temía que llegara el momento en que alguien lo cuestionara: “todo muy lindo, pero, ¿qué hiciste por tu país?” y él no supiera qué contestar. Por eso, y porque sintió que ya había cumplido muchas de las metas que cualquier ser humano consigue a los 70 u 80 (si las consigue), decidió comprometerse en los asuntos de su país y meterse en política, explica un allegado íntimo.

“Él es blanco, es el partido con el que siente más sintonía y cree que el proyecto del Partido Nacional es el necesario en este momento histórico, pero él quiere darle un enfoque distinto“, confió.

“Él vio que hay dos modelos. Uno es el del FA, que sigue haciendo lo que hace desde 2005, pero ya no tiene plata para seguir haciéndolo. Está muy de acuerdo con los planes sociales de los gobiernos de izquierda y cree que hay que mantenerlos, pero ahora ya el país no tiene plata. Otro modelo que él ve son los radicales que dicen que hay que cortar todo: sacar un gran número de empleados públicos y recortar el gasto drásticamente. Él no, tiene otra visión: cree que Uruguay puede ser un país distinto sin recortar nada“, explicó de forma didáctica alguien de su entorno más íntimo. Sartori -fiel a su accionar como empresario- piensa en un país abierto al mundo, cuyo costo del Estado siga siendo alto pero no por ello pierda eficiencia, apelando a atraer inversiones que apuesten al país.

“Él nos contaba que acá en Uruguay vas a cualquier mutualista y te atienden mejor que en Estados Unidos, si no tenés plata. Sabe que tenemos un nivel de servicios al ciudadano alto, como Suiza en Europa o Singapur en Asia. Pero él pretende más: cree que en Uruguay se pueden pagar salarios más altos, se puede tener una mejor educación, las empresas pueden generar más dinero y trabajar mejor en el exterior”, sostuvo.

Sartori quiere un país fuertemente integrado al mundo, con una calidad de vida superior a la del resto de sus vecinos en la región, agregó.

Su número 2, el exmilitar Oscar Costa, apunta que Sartori quiere que Uruguay vuelva a ser “la Suiza de América” de los años cincuenta. “Si analizamos los problemas del país la mayoría dice ‘primero, la seguridad’. Y no es así, la seguridad es el más urgente, pero no el más grave. El problema más grave es el trabajo. Este país está muerto, no tiene desarrollo, no tiene trabajo. Es el país más caro del mundo, los costos de mantener una pequeña empresa con la carga impositiva ya no se toleran. Hay que cambiar este país por el lado de trabajo. Y el único que puede traer grandes inversiones es Juan. No una UPM, 20 UPM”, sostuvo, en referencia a inversiones de ese porte.