Tenía 13 años cuando su padre llegó una noche a casa con un libro. Se llamaba "Dove" y era la historia de un adolescente californiano que en 1965 había dado la vuelta al mundo solo en un pequeño velero. "Esto te puede gustar", le dijo su papá. La intuición fue cierta: pasó el fin de semana tirado en el piso de su cuarto, rodeado de mapas, siguiendo con el dedo el recorrido del autor por las islas del Pacífico. Para cuando llegó el lunes, en el colegio se sentía raro, como de otro planeta.
Ese chico es hoy Sebastián Letemendia: empresario, escalador, escritor, y la persona que acaba de terminar una travesía de año y medio a bordo del velero Vis a Vis, cruzando el Pacífico Sur y rodeando el Cabo de Hornos. Lo cuenta en "Pacífico", su libro más reciente, que tiene prólogo del propio Robin Lee Graham, el mismo autor del que fue groupie a los 13. "Lo más complicado de las ideas no es tenerlas, sino ver cómo acomodás la vida para poder hacerlas", sostiene. Él tardó casi 50 años en hacerlo, pero la hazaña que relata sin duda valió la espera.
Noticias: Eligió la versión más difícil para dar la vuelta al mundo, por el Pacífico. ¿Por qué?
Sebastián Letemendia: Cuando lo hablé con Fabricio, mi socio en una primera instancia, y luego con Maggie, mi compañera, a los tres nos llamaba más la atención el giro por el Pacífico. Tiene mucha historia, islas muy lindas, a los grandes navegantes, mística. Es donde te detenés más tiempo. Además, me gustaba mucho la parte deportiva de regresar luego por el sur, una navegación más exigente. Me gustaba pensar en los barcos llenos de mástiles que hace 150 años iban de Australia para Inglaterra y pasaban por el Cabo de Hornos...
Noticias: ¿Qué descubrió de sí mismo en el proceso?
Letemendia: Que podía hacerlo. Me sentí muy a gusto, nunca sentí añoranza. Fue lindo saber que soy un ser social, que tengo buena capacidad de entenderme con otros. En este camino de autoconocimiento que transito, insisto mucho en la singularidad. Si te mirás al espejo y sos muy honesto en lo que te moviliza, te gusta, eso es tu singularidad, quien realmente sos. Después está tu ego, que te hace una imagen un poco más pública para desenvolverte. Durante mucho tiempo es importante, porque tenés que presentarte al mundo y tenés metas de desarrollo laboral, económico, de autoestima, de estatus. Entonces lo regás y cuidás, pero es un poco un personaje. Y si en cambio podés decir cuál es tu singularidad y vivir en sintonía con ella, es un orgasmo permanente. Eso es lo que viví en el barco. Sentí que estaba viviendo en total honestidad, en una consonancia altísima con aquello que me moviliza.
Noticias: ¿Cómo le gustaría que fuera leído el libro?
Letemendia: Creo que a cada uno le va a resonar distinto. A algunos la parte histórica o geográfica, a otros la personal, porque pueden estar en un momento bisagra de la vida y los identifica por ahí. Hay muchas transiciones importantes, y esta no es la única forma de tener un sacudón. Puede ser renunciar al trabajo, separarse, empezar un propio emprendimiento. Hay algo de eso en este libro.
Noticias: ¿Qué fue lo que más lo impactó del viaje?
Letemendia: Me encantó el sur de Chile, me fascinó esa naturaleza tan salvaje. Me gustó mucho cuando estuvimos en las Marquesas y Tuamotu, lugares bastante poco conocidos que tuvimos que descubrir nosotros, porque no estaba tan claro el recorrido. Me gustó el cruce largo que hicimos y esa sensación de llegada. No porque llegar fuera el objetivo, pero es el fin de todo el proceso. Cuando el agente de la capitanía de puerto de Chiloé nos pregunta de dónde venimos... todavía hoy lo recuerdo y me emociono.
Noticias: También estuvieron en Malvinas, todo un hito para una tripulación argentina.
Letemendia: Fue un poco un anticlimax. Los argentinos tenemos un sentimiento muy fuerte con las Malvinas, pero sin embargo cuando llegás allá es como arribar a un pueblo inglés de 1950. Con casas bajas, gente muy sencilla que toma el té y come a las 5 de la tarde. La imagen de las Malvinas en las Malvinas es muy distinta a la que se tiene en Argentina. Por ejemplo, estuvimos el 2 de abril, y allá no pasa nada.
Noticias: ¿Llegaron con expectativa?
Letemendia: Teníamos cierta idea con el proceso de Aduana y Migraciones, pero fue todo tranquilo. Sí es cierto que te recomiendan que no pongas la bandera argentina y, por ejemplo, no andes regalando camisetas de Messi. Pero repartimos Vauquitas por todos lados... Hay un contraste muy fuerte entre la imagen que tenemos nosotros de esa gesta y la vida allá.
Noticias: ¿Le parece un viaje que los argentinos deberíamos hacer?
Letemendia: Creo que sí. Para poder ver las cosas con tus propios ojos y hacer tu propio relato. Además, es un lugar lindo, como puede serlo la estepa patagónica. Es un lindo austero, ventoso, agreste.
Noticias: ¿Nunca tuvo miedo durante el viaje?
Letemendia: La verdad es que no. Quizás porque nuestro umbral de tolerancia fue subiendo en el tiempo. Hubo momentos más "picantes", pero siempre sentimos que estaba dentro de nuestra caja de herramientas. Que con lo que teníamos podíamos abordar esa situación en la que estábamos.
Noticias: ¿Y cómo les sentó la inmensidad? Pasaron muy cerca del punto Nemo, el lugar más alejado de la civilización en la Tierra.
Letemendia: No es ahí el momento más complejo, sino cuando salís de Nueva Zelanda y tenés por delante todo el cruce del océano. Una vez que te alejaste cuatro días, el lugar más cerca no es cuatro días para atrás, es cuarenta para adelante. Porque cuando estás en el punto Nemo estás a mitad de camino, ya hiciste veinte días y te quedan otros veinte. Lo que hacés es visualizarlo mucho antes. Y al haberlo pensado tanto, lo que de otro modo daría mucho vértigo está más naturalizado.
Noticias: ¿Siente que armaron un buen equipo?
Letemendia: Sí, espectacular. E incluyo en esto a los invitados en las distintas piernas. Había un corazón del equipo, Maggie, Fabricio y yo, pero también fueron todos los que vinieron. Sin ir más lejos, esa travesía larga por el sur sin amigos no se hacía. Cuando cruzamos de los Galápagos a las Marquesas vino Alex, un amigo de Bariloche, que resultó otra mano fundamental. Además, a nuestro trío había que cuidarlo, y la presencia de otras personas siempre aliviana.
Noticias: En su "anterior vida" fue un empresario reconocido, ¿qué queda de eso?
Letemendia: Llevar adelante un proyecto como este es una empresa. Distinta, porque el resultado final no es un balance, pero tenés que saber de dónde va a salir la plata para pagar todo. Hay planificación, hay gestión de personas. A mí me dio mucho orgullo saber que el equipo humano funcionó bien, porque en Conexia fue algo que me costó. Me gustó ocuparme de la logística, por momentos me sentía el gerente de una multinacional, porque estaba en un barco, pero podía estar en España y hablar con Antigua, con Panamá, con las Galápagos. Tuvimos que gestionar materiales y equipamiento en las más diversas partes del mundo.
Noticias: ¿Cómo hubiera sido hacer este viaje hace 50 años, como esos navegantes sobre los que leía?
Letemendia: Hubiera sido lento, distinto... Habría que haber sido mucho más guapos de lo que fuimos. Esto se va simplificando enormemente. Aunque elegimos no tener internet, teníamos conexión satelital para cada tanto enviar algunos mensajes y avisar que estábamos bien.
Noticias: ¿Se cruzaron con muchos como ustedes?
Letemendia: Hay un ecosistema de vagabundos en el mar. El Atlántico es un poco como la ruta 2, el Pacífico más bien como la ruta 40. En el Atlántico hay más gente, y en el Pacífico los que están son lo que se llama "salties", los navegantes de agua salada, los que llevan más tiempo. Después hay países con una tradición náutica increíble, como Nueva Zelanda.
Noticias: ¿Y cuál será la próxima aventura?
Letemendia: Queremos volver a las Malvinas y pasar un poco más de tiempo. Después queremos ir a la Antártida, que también tiene su épica. Y queremos volver navegando por los canales de Chile hasta Puerto Montt. Al otro año, volver a salir para el Pacífico, hacia la Polinesia, y en vez de entrar por el norte, entrar por el sur, por la Isla de Pascua. El Pacífico es inmenso, está repleto de islas, ver solo algunas es como decir "fui a la Patagonia y conocí Bariloche". En esta analogía, es como si hubiéramos conocido la Patagonia del norte y quedara toda la del sur.
Noticias: ¿Qué le recomienda a quien quiere vivir aventuras como la suya?
Letemendia: Lo difícil es ser honesto con vos de qué es lo que te gusta y tratar de ver cómo hacer para vivir lo más próximo a esa definición. Esa honestidad es importantísima, y no creo que muchos la tengan. Es difícil, porque hay influencias: el mundo que te rodea, tus padres, los mandatos con los que crecimos, condicionantes y miedos. Si podés identificar todo eso y pensar cómo sacártelo de encima, si tenés la valentía de hacer algo al respecto, después es más fácil. Y no hace falta irse a navegar el mundo, esto se te puede jugar en otras cosas.

















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