Noticias Uruguay / 2 de noviembre de 2018

Evangélicos a la conquista de votos

En Uruguay reconocen que ingresar a la política fue una decisión de sus iglesias para contrarrestar la influencia de la “ideología de género”.

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Bolsonaro llegó al poder con el apoyo de los evangélicos. ¿Puede pasar lo mismo en Uruguay? //Fotos: Santiago Mazzarovich y Pablo Vignali-ADHOC

El 11 de mayo de 2016, mientras el Senado brasileño comenzaba la sesión que acabaría al día siguiente con la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, el eventualmente ahora electo presidente Jair Bolsonaro se sumergía ataviado de túnica blanca en las aguas del río Jordán para ser bautizado como evangélico por el pastor Everaldo Dias Pereira, líder del Partido Social Cristiano al que pertenecía entonces.

El abrumador apoyo a Bolsonaro por parte de los sectores evangélicos, que se aseguraron para esta legislatura 84 escaños en la Cámara de Diputados, lleva a mirar el fenómeno de los políticos que representan esa fe en Uruguay y que reivindican el acceso al Parlamento como una forma de frenar lo que consideran una ofensiva moral por la llamada ideología de género.

Me parece un disparate decir que Bolsonaro puede ser un nuevo Hitler o un nuevo Mussolini. No lo creo y ojalá no me equivoque. En materia de seguridad va a ser más firme, y eso puede sonar en apariencia autoritario pero es porque se quiere dar ese mensaje de mano dura”, dijo a NOTICIAS el diputado Gerardo Amarilla (Partido Nacional), abogado y evangélico bautista.

El legislador aclaró que considera “condenables” las declaraciones de Bolsonaro en favor de la dictadura, pero matizó: “Muchas veces se habla de Bolsonaro como un dictador, un autoritario. Hay que ver si del discurso a los hechos… si él reprime como (el presidente nicaragüense) Daniel Ortega, mete gente presa por ideas como hace (el mandatario venezolano Nicolás) Maduro, evidentemente ahí habrá que hacer las denuncias del caso”.

En opinión de Amarilla, el discurso de Bolsonaro “en defensa de la vida humana desde su concepción y en defensa de la familia, de alguna manera se acerca mucho a lo que cree un gran porcentaje de la población brasileña”.

Su ascenso se debe al hartazgo de la población con la corrupción y también “puede haber cansancio de un discurso demasiado ideológico y estructurado del PT (Partido de los Trabajadores)”.

Acerca de las declaraciones misóginas y el discurso de odio de Bolsonaro, Amarilla valoró que “en campaña hay cosas que se exageran un poco y hay cosas que se caricaturizan por los opositores. Les sacan algunas aseveraciones de hace 20 años. Hay que ver con respeto al pueblo brasileño que toma una decisión y después, lo que Uruguay debe hacer es tener las mejores relaciones posibles con el futuro gobierno”.

Amarilla aclaró que no cree que en Uruguay pueda surgir un Bolsonaro. Pero advirtió: “si la izquierda tira de la piola, avasalla las instituciones, naturaliza la corrupción, obviamente que es pendular el avance de la historia, el pueblo se cansa de determinadas situaciones y busca algo que compense”.

Jair Bolsonaro llegó al poder con fuerte apoyo de los evangélicos. //AFP

Evangelismo en ascenso. El Pew Research Center atribuye a las religiones protestantes 22% de la población brasileña, según su último estudio de 2010. El investigador uruguayo Nicolás Iglesias sostiene que, en ese país, “los evangélicos (la inmensa mayoría de los protestantes) están en torno del 25% de la población, y que, a su vez, la inmensa mayoría son pentecostales y neopentecostales. Las iglesias protestantes históricas no llegan a uno o dos por ciento”.

De allí salió un importante caudal de sufragios para Bolsonaro. Una semana antes de la segunda vuelta, las encuestas le atribuían hasta 70% de la intención de voto entre los consultados evangélicos.

Uruguay también experimenta la ola evangélica, aunque a un nivel más modesto, si bien las pocas mediciones no pueden compararse porque obedecen a categorías distintas, advierte Iglesias, licenciado en trabajo social y con estudios en teología y religión.

El mismo Pew Research indica en su estudio de 2010 que, en Uruguay, entre todos los cristianos (57,9%) los católicos son 46,8%, los protestantes 6,3%, y otros cristianos, 3,7%. Mientras, los no identificados con ninguna religión suman 40,7%.

El informe del Latinobarómetro de 2017 arroja para Uruguay 38% de católicos, 7% de evangélicos, 41% de ateos y agnósticos y 14% de otras religiones.

La Encuesta Continua de Hogares preguntó sobre religión por única vez en 2006 y obtuvo: 45% de católicos, 25% de creyentes en Dios sin confesión, 15% de ateos, 11% de cristianos no católicos. Esto último incluye a los evangélicos “más todos los otros, los testigos de Jehová, mormones y personas de formación católica”, aclaró.

Los tres indicadores, de todas formas, no son comparables porque hicieron preguntas diferentes. Pero se puede afirmar que, en una estimación gruesa, el evangelismo tendría un piso de 9% y un techo de 15% en Uruguay.

Los departamentos con más evangélicos están en la frontera con Brasil, principalmente Rivera y Artigas, donde llegan casi al 30% de la población superando en algunos casos al catolicismo, por ejemplo en Rivera.

En Montevideo hay un 20% de cristianos no católicos, y los grupos que más crecen son los pentecostales en zonas periféricas de la capital y de Canelones.

Pero, ¿qué son los evangélicos? La palabra obvia a la que remiten es el Evangelio y su origen debe rastrearse en la Reforma protestante de Martín Lutero, en 1517.

“Desde ese momento empezó un movimiento de protesta, división y subdivisión. Hay miles de grupos protestantes, evangélicos y pentecostales en el mundo”, explicó Iglesias.

A Uruguay, los primeros evangélicos llegaron con las olas migratorias de Europa: los anglicanos, valdenses, luteranos, reformados y metodistas que comenzaron a llegar a fines del siglo XIX, a los que se conoce como “iglesias protestantes históricas”.

Los integrantes de estas iglesias tenían perfiles liberales y ejercieron influencia junto a los masones en la creación del Estado laico, “porque son anticatólicos y anticlericales”, dijo Iglesias.

Muchos integrantes de estos grupos participaron en política en Uruguay, pero Iglesias subraya que lo hacían “como los católicos o los judíos, no desde su confesionalidad, sino como un ciudadano más comprometido con la realidad política de su lugar”.

A la política. Los misioneros evangélicos comenzaron a arribar después de la segunda guerra mundial, primero de Estados Unidos y luego de Brasil, con discurso conservador y anticomunista y un objetivo: combatir la influencia de la Teología de la Liberación.

“Estos misioneros son los que empiezan a decir que no hay que meterse en política, que era vista como algo demoníaco”, dijo Iglesias.

El diputado Amarilla apuntó que “en el siglo XX nos excluimos de la política y de la Universidad, hubo grandes debates en la década de los 60 sobre si debíamos o no ir a la Universidad… No era aconsejable que los evangélicos fueran a la Universidad, primero para que sus mentes no fueran transformadas y luego porque esperábamos la segunda venida de Cristo, y si viene pronto, ¿para qué íbamos a estudiar?”, comentó.

Éste, indicó Iglesias, fue el discurso que prevaleció en el ambiente evangélico conservador hasta finales de los años 90.

Pero, “vimos que tenemos que influenciar, que impactar, se vio que era importante ir a la Universidad e ir a la política. Bajar el reino de Dios a la tierra también es importante. Y por eso se decidió actuar”, explicó Amarilla.

Justamente en los 90 América Latina atestiguó un crecimiento exponencial de los pentecostales, surgidos en 1905 en Estados Unidos y cuyo nombre proviene de Pentecostés, una celebración cristiana que se refiere al avivamiento espiritual. Las primeras incursiones en política fueron el apoyo de pastores a la candidatura de Alberto Fujimori en Perú.

“Cuando ingresan al poder político quieren aplicar los valores bíblicos a legislaciones y consideran que Dios está por encima de todo, que es el lema de Bolsonaro”, dijo. Amarilla consideró lógico representar los valores de su religión. “A mí se me quiso imponer que yo no me puedo inspirar en lo que creo a la hora de votar una ley. Es como decirle a un marxista que no se puede inspirar en Marx o a un liberal que no puede basarse en Adam Smith”, criticó.

Del debate político al moral. El diputado negó que los evangélicos busquen construir un Estado religioso. “Nada más lejos de eso”, sostuvo.

Pero, advirtió, “cuando la ideología de género pretende adoctrinar, como pasó en Uruguay con los manuales de educación sexual, y eso va promocionado por el Fondo de Población de Naciones Unidas (…) lo pendular lleva a que se vaya para otro lado”.

Se busca “llenar de otros sentidos ciertos conceptos. Hace 40 años defender la vida significaba defender el derecho a la vivienda o a la salud, ahora es defender la vida del no nacido. Antes se apelaba a la desobediencia civil para defender los derechos de las personas negras, ahora para desobedecer leyes que garantizan derechos”, ejemplificó.

Así, se intenta “definir el Estado laico como aquel que no esté influido por la ideología de género”, sostuvo.

El investigador observó que en el accionar político evangélico “se desplazan los discursos políticos de los temas del trabajo, la salud, el ambiente, la economía, a una discusión de temas morales, un fenómeno que está atravesando todas las agendas políticas de la región”.

PRESIDENTE. El diputado Gerardo Amarilla, abogado y evangélico bautista, llegó a a presidir la Cámara en 2016. //@GerardoAmarilla

Mirando a 2019. Además de Amarilla, la actual legislatura incluye a los diputados Álvaro Dastugue, perteneciente a la Iglesia Misión Vida del pastor Jorge Márquez, que es su suegro; Benjamín Irazábal (pentecostal) y al diputado suplente Carlos Iafigliola (católico carismático).

Iglesias cree que en las próximas elecciones podría consagrar la elección de otro diputado evangélico, “especialmente el sector de la senadora Verónica Alonso y Dastugue, que tiene mayor capacidad de movilización y militancia”.

Pero el analista observó que la afiliación religiosa es sólo uno de los elementos que guía el voto, y en Uruguay, un país todavía más laico que el resto de la región, ese factor pesa menos.

“Hay una cantidad importante de ediles que son de esta confesión en Rivera, Montevideo, Canelones y San José, que se supone que van a crecer y aspirar a ser diputados, por un tema de desarrollo personal y crecimiento”, aunque observó que estos procesos no son lineales.

Campaña: Biblia y aclaración

El 23 de octubre estalló en Cerro Largo la polémica por la inauguración de un monumento a la Biblia en la ruta 8, resuelta por el intendente Sergio Botana (PN) y financiada por esa comuna en honor a la Iglesia evangélica.

La iniciativa se considera violatoria del artículo 5 de la Constitución, según el cual “el Estado no sostiene ninguna religión” y la Ley Orgánica de Municipios, que exige una aprobación por dos tercios de la Junta Departamental para erigir estatuas y monumentos, según la oposición frenteamplista.

El 13 de octubre, el intendente de Salto, Andrés Lima, recibió en su despacho al “Ministerio Evangelístico Tiempo de Victoria (…) en ocasión de la visita a nuestra ciudad de su pastor Valdir de Souza”, según escribió días después el propio funcionario en su página de Facebook.

La aclaración obedeció a unas fotografías que De Souza publicó en sus redes sociales donde se ve a Lima en lo que parece una ceremonia religiosa junto al pastor brasileño.

Lima aclaró que habitualmente recibe a representantes de todo tipo de organizaciones e iglesias y que “en algún caso, solicitan realizar una oración de bendición, en agradecimiento de haber sido recibidos y escuchados. En ocasión de haber recibido a integrantes del Ministerio Evangelístico Tiempo de Victoria, eso fue lo que ocurrió”.

Pastores: Creced y multiplicaos

No se necesitan estudios universitarios ni teológicos para ser pastor y encabezar una Iglesia evangélica. Basta con convertirse y leer la Biblia. La multiplicación de pastores obedece a menudo a diferencias internas o conflictos que terminan con el apartamiento de dos o tres miembros que fundan una nueva congregación incluso en el garaje de su casa.

Cuando esa dinámica se vuelca a la política, “en un momento en que los partidos pierden fuerza, pierden militancia, estos grupos tienen credibilidad entre sí y con el barrio y también desarrollan acción social, sobre todo en los barrios más humildes”, explicó.

El Consejo de Representatividad Evangélica del Uruguay nuclea a 700 congregaciones, y no incluye a muchos de los neopentecostales, que tienen más de 200 templos, y a ninguna de las iglesias protestantes históricas, que cuentan con unos 50 templos.

“Las cifras de todos ellos son creíbles, pero hay muchos grupos que no están en estas organizaciones así que es seguro que hay más de 1.000”, dijo.

El grupo neopentecostal más grande es la Iglesia Misión Vida. Iglesias estima que tiene 15.000 miembros. Su líder máximo es el pastor Márquez, luego vienen los yernos, los 16 pastores de otras tantas iglesias, después los líderes de unos 60 hogares Beraca, y más abajo los de unas 250 células, grupos de entre 10 y 15 personas que se reúnen en casas de familia.

Como todos los evangélicos pentecostales, cada miembro aporta el diezmo, una décima parte de sus ingresos o sueldos, lo que asegura una fuente constante de ingresos.

Los hogares Beraca, que ofrecen abordaje terapéutico para adicciones a jóvenes sin recursos, tienen unos 1.200 miembros y cada uno de ellos funciona como una empresa autosostenible que puede producir desde ladrillos hasta carrocerías de automóviles, pasando por trapos de piso, alfajores o viveros.

Dastugue era copropietario de la empresa Carrocerías ITAI, que funciona en el campamento de Beraca en Villa García, y traspasó su titularidad cuando asumió su banca.